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 ZARZUELA
 
La Villana. 75 años de su estreno.
Por Enrique Suárez


Es la segunda vez que la pareja de libretistas Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw adaptan una obra clásica para construir un libreto musicado más tarde por Amadeo Vives. También se trata de una obra de Lope de Vega, la anterior fue "La discreta enamorada" ("Doña Francisquita"), y en este caso Peribáñez y el Comendador de Ocaña.

La Villana
  • Música: Amadeo Vives
  • Libro: Federico Romero, Guillermo Fernández Shaw
  • Estreno: 1 de octubre de 1927, Teatro de la Zarzuela, Madrid.
  • Intérpretes del estreno: Felisa Herrero, Pablo Gorjé, Mateo Guitar, Romualdo del Castillo
  • Obra en tres actos.

    La acción transcurre entre las localidades de Ocaña y Seseña. Se nos narra la historia de un poderoso, el Comendador, que pretende seducir, sin importarle los medios, a la virtuosa mujer, la Villana, de un honesto hacendado, Peribáñez.

    Acierto pleno en el dramatismo de la música
    La fuerza dramática de la historia se hace real gracias a la magnífica composición del maestro. En el transcurso de la obra nos encontramos con varios "recitativos" al estilo italiano.

    El libro clásico está también tratado como el de la Francisquita.

    La extensión de la partitura da ocasión para que los tres principales personajes se luzcan en varias romanzas de magníficos y variados estilos.

    Peribáñez (barítono) inicia la función con un extenso número musical en el que se suceden tres romanzas cortas: "Tengo un majuelo de tres verdores", "De aquestas vides corto el racimo", "El rojo vino que hay en este jarro".

    Casilda (soprano) protagoniza un bello dúo con su marido, Peribáñez, "Jamás soñé la dicha...", y su romanza "La capa de paño pardo..."

    David, el viejo judío, (bajo) destaca en su intervención: "Allá en la judería toledana...".

    El número musical más brillante de toda la obra es el momento en que Peribáñez es nombrado caballero por el rey después de que éste hubiera impartido justicia, concertante de elevada altura lírica.

    Un coro de labriegos de gran sabor popular da pie para el final de la representación, con la última y brillante interpretación de Peribáñez agradeciendo el perdón real.

    La crítica
    La crítica igualó a esta obra con "Doña Francisquita", alabando unánimemente la labor del músico y la de los libretistas, pero la obra no tuvo igual suerte con el público y desapareció de los carteles.

    Con motivo de este estreno, a la pregunta de un periodista, el maestro, acordándose de lo que el pintor Sorolla decía de su arte, "yo pinto cuadros y la crítica me los explica", contestó: "yo escribo sobre temas variados sin motivos musicales y no me es posible decir por qué fueron de esta manera y no de otra".

    En otra ocasión Amadeo Vives afirmó: "la zarzuela es la música tarareable. Si a los pocos días de un estreno la cocinera no canta alguna melodía de éste, se ha perdido el tiempo".