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¿Cómo puede explicarse la presencia de La Marsellesa en el primer movimiento del Concierto para piano nº 25 de Mozart si la canción revolucionaria francesa es de 1792 y el concierto de 1786? ¿Copió Rouget de Lisle al salzburgués?
Pilar Martínez del Portal. Madrid.


No hay la menor posibilidad: el Concierto KV.503 parece haber sido escrito para interpretarse en Praga (tal sugiere la ausencia de clarinetes en la obra, ya que ese instrumento aún no rea usual en las orquesta checas), aprovechando el viaje del compositor para el estreno de Don Giovanni, sin que se sepa de ninguna otra ejecución en la vida del autor. Joseph Rouget de Lisle, por su parte, escribió la letra y música del futuro himno nacional francés en una sola noche de abril de 1792, interpretándose por primera vez en casa del mayor Dietrich von Straussbourg y en público días más tarde a cargo de la Banda de la Guardia Nacional en esa misma ciudad, donde el músico residió toda la vida: su posterior adapción por el Batallón Marsellés universalizó su difusión y originó su popular remoquete. En cuanto al esquema rítmico, tres breves en anacrusa, una larga en parte fuerte, que caracteriza la célula melódica, es una fórmula que ya aparecía en no menos de una decena de sinfonías haydinianas (y cuyas posibilidades desarrollaría Beethoven en la Quinta Sinfonía de manera asombrosa). Y, a propósito: más llamativa aún resulta la aparición de los primeros compases de la Oda a la alegría (¡y el mismo tono de re!) en un ignoto ofertorio mozartiano llamado Misericordias Domini, KV. 222, interpretado una sola vez en Munich en 1775, cuando el músico de Bonn contaba menos de cinco años. Muchos de estos parentescos casuales nos sorprenden hoy, pero lo admirable es que no existen muchos más, habida cuenta de que la música del neoclásico está construida, en un ochenta por ciento, con arpegios y escalas diatónicas.