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Ópera
 

He escuchado el disco de Antonio Cortis y opino que era un tenor realmente excepcional, a quien ni yo ni mis amigos aficionados a la ópera conocíamos: ¿a qué puede deberse semejante anonimato?
Ernesto Cifuentes García. Alcobendas. (Madrid).


No es una pregunta fácil de contestar, porque no existe una razón única: la primera es que el grueso de su carrera se desarrolló fuera de España, donde solamente actuó en sus primeros y últimos años, con lo que, paradójicamente, fue (y todavía es) menos conocido en su tierra que fuera de ella. Por lo demás, de la generación de tenores posteriores a Caruso (Martinelli, Pertile, Lázaro, Schipa, Lauri-Volpi, Gigli, Fleta...), Antonio Monton Corts (que tal era su verdadero nombre), no fue inferior a ninguno de ellos, fue el único en no actuar en el Metropolitan, hegemonizado por Martinelli (662 representaciones entre 1913 y 1946 y por Gigli (375 entre 1920 y 1932) tras la desaparición del napolitano: su carrera americana estuvo constreñida a Chicago (1924-32), donde compartía el liderazgo con Schipa (que lo ocupaba desde 1919) y, brevemente, a san francisco (1924-´26). esta posición relativamente subsidiaria condicionó la brevedad de su discografía, de lo que se resintió la difusión de su arte: Caruso, dueño y señor de la RCA VICTOR desde los primeros años del siglo, no hizo nada por favorecerle a él ni, mucho menos, a Hipólito Lázaro, a quienes temía por haber compartido cartel en Buenos Aires y Sao Paulo (Pegliacci, Cavalleria) en varias ocasiones desde 1916. A mayor abundamiento, no llegó a contar con seguidores tan influyentes como los de Gigli, favorito de Vittorio Emmanuel, Alfonso XIII y Mussolini, o Pertile (su más directo competidor), «vedette» de Toscanini desde 1922. Para colmo de desdichas, la crisis financiera de 1931 le devolvió a Italia, retornando a España en 1935, huyendo del fascismo: persona de bien, cantó repetidamente en apoyo del gobierno legítimo tras la insurrección fascista, lo que no dejó de causare problemas posteriores. Ninguno de estos hechos es determinante, pero no cabe duda de que multiplicaron su efecto recíproco para que Cortis, aún hoy, sea el gran desconocido de la lírica española.