Quisiera saber la diferencia entre un clave italiano, un francés, un español y un flamenco.
Isabel
Es ésta una pregunta de gran complejidad en la que no es posible aclarar, de forma taxativa, las diferencias, puesto que existen especímenes de esta familia de instrumentos de teclado de infinitas mezclas y variedades, que provienen de los cuatro países citados.
En principio, la denominación en diversos idiomas, de clave, clavecín, clavicémbalo, incluso espineta o virginal, con que venimos llamando al instrumento aéreo o con soporte que conocemos, se refieren prácticamente al mismo, aunque las variantes sean enormes según la época o el constructor.
Simplificando, el clave italiano era generalmente, de un solo teclado y sus registros de tesitura básica provenían del órgano, siendo de ocho pies.
El flamenco, de dos teclados, comenzó teniendo uno de ellos, adaptado para la liturgia, afinado a la altura del sochantre de turno, distancia de un modo a otro (4 pies). Resultaba más variado para los cambios de registro y la obtención del color. Es paradigmática, en la construcción de este instrumento, la familia Ruckers, cuyas obras son consideradas hoy auténticas joyas.
Si ya los instrumentos italianos y flamencos sobresalieron en el siglo XVI y XVII, es en el XVIII cuando Taskin, el más importante artesano instrumentista francés, unificando aquellos dos claves precedentes opta por perfeccionarlos, sobre todo a través del alargamiento del teclado, con lo que las posibilidades técnicas se multiplican.
Si he dejado para el final el instrumento español es por tratarse del más complejo de describir, debido a la herencia flamenca de un lado y la proximidad con Italia del otro; no pudiéndose omitir tampoco la coincidencia en los Borbones de nuestra corona y la de Nápoles.
Las fusiones en nuestro instrumento se hacen cada vez más evidentes. Durante los reinados de Carlos V y Felipe II, la importación flamenca es un hecho. Citaremos como pieza especialmente importante el virginal de 1579 construido por Hans Bos, que se encuentra hoy en el Monasterio de Santa Clara de Tordesillas.
Más tarde se llega a enormes sofisticaciones, siendo la más digna de mención, aunque fuese muy particular, la del instrumento regalo de Farinelli a la Reina María Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, que termina fundiéndose incluso con el instrumento francés dada la enorme variedad de sus sonidos.
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