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Josep Vicent: Un músico de su tiempo
Por Bálder Carraté
Para este joven percusionista mediterráneo no existen barreras de estilo ni labor artística: con igual soltura dirige composiciones de Prokofiev a orquestas como la Nordhollands Philarmonic, interpreta obras de Xenakis junto a su grupo de percusión, o incluso compone él mismo músicas maravillosas en las que encontramos influencias africanas, orientales y clásicas. Reside en Amsterdam desde hace diez años, ha realizado giras por 13 países y dirige el Festival Nits de la Mediterrànea que se celebra todos los veranos en Altea desde 1995, donde se programan conciertos clásicos, música contemporánea, o incluso sesiones de música electrónica y DJ's. Josep Vicent, un percusionista que ha crecido y se siente plenamente identificado con la música de su tiempo.
¿Cuál ha sido tu trayectoria profesional desde tu marcha a Amsterdam?
Tras mi etapa de estudios, llega el periodo en que me dedico más de lleno a mi trabajo como músico de orquesta en diversas formaciones, donde me gustaría destacar los más de ocho años durante los que trabajo regularmente con la Koninklik Concertgebouw Orkest (1992-1999). Mi afición por la dirección nace motivada por el trabajo con la orquesta, donde conocí a los grandes directores de nuestro tiempo. Después, a raíz de la evolución en mi posición como intérprete dentro del Amsterdam Percussion Group, paso a ocupar el cargo de director artístico del mismo. Es entonces cuando comienzo a estudiar dirección, pues mi nivel en aquellos momentos no era el suficiente para dirigir de manera regular. Al introducirme más de lleno en ese mundo, me doy cuenta de que puedo aportar una nueva visión a ciertos repertorios que habitualmente se dejan de lado. Todo esto me absorbe de forma repentina, hasta que llega un momento en que dejo de trabajar como músico de orquesta, aparecen numerosos compromisos como director con distintos grupos y orquestas de cámara que se centran en la creación contemporánea, que son mi principal ocupación en la actualidad.
¿Cómo nace tu faceta de compositor?
Yo no tengo conciencia de ser compositor. Me veo más bien como un músico inquieto; en todo artista las emociones y la creatividad afloran de maneras diversas. El hecho de ser percusionista y no compositor, genera una serie de ventajas e inconvenientes a la hora de ponerme a escribir. Como intérprete que soy, conozco mi instrumento a fondo, y esto me permite pensar concienzudamente en cómo quiero que suene, cómo resulta más fácil o espectacular, o la orquestación que se adapta mejor a cada instrumento; pero a la vez, mirar desde dentro puede limitarte en ciertos aspectos. En cuanto a mi sistema de trabajo, habitualmente parto de ciertas ideas musicales que rondan mi mente. Éstas pueden haber sido resultado de un trabajo ya realizado, una inspiración del momento, o bien aparecen mientras estoy estudiando mi instrumento y encuentro "algo" que quiero tocar y no ha sido escrito por nadie previamente (de hecho, fue así como empecé a escribir música). Después trabajo sobre dicha idea y una vez tengo más o menos claro el resultado que busco, intento filtrar esas ideas con un proceso de elaboración que requiere cierta técnica. Mis colegas son de alguna manera el panel que me examina.
Cuando empecé mi carrera, no tenía en absoluto proyectado convertirme en lo que soy ahora: la vida me ha abierto caminos inesperados, y muy gratos. No dejo de ser un percusionista que ha crecido.
En el Festival de Música Contemporánea de Alicante estrenaste "Itaca", al frente del APG. ¿Cómo nace y se desarrolla el proyecto de esta obra?
"Itaca" ha sido una aventura que ocupó algo más de un año de trabajo y tiene gran importancia a escala personal, pues la compuse para mi grupo de percusión y para un gran flautista, Jos Zwaanenburg, a quien admiro profundamente. Es una obra "larga", de cuarenta minutos, escrita para electrónica, grupo de percusiones y flautas. Es una pieza libre en cuanto a forma, que nace a partir de momentos concretos de inspiración que poco a poco van tomando forma individualmente y a continuación se funden como los elementos de un paisaje. Itaca está basada en unos versos de Kavafis con el mismo nombre, en los que se compara la vida con un viaje. El poeta nos dice que lo importante es el viaje en sí mismo y no el llegar al destino, ya que la experiencia acumulada durante el viaje te enriquece más que el hecho en sí de alcanzar la meta (una filosofía con la que me identifico totalmente).
Al estar concebida desde un marco de total libertad creativa, Itaca es una obra en la que se utiliza todo el espectro de instrumentos de percusión; cuenta con fragmentos muy innovadores, incluso desde el punto de vista de la composición, ya que se mezclan influencias stravinskianas (en cuanto al desarrollo rítmico) o xenakianas (en cuanto al uso de "masas" sonoras) con elementos procedentes de la música étnica, por la que siento un gran amor.
¿Ejerce Xenakis una influencia notable en tu estilo musical?
Iannis Xenakis marcó un punto de inflexión en mi vida; descubrí su música a través de un solo para percusión, Rebounds, que grabé en un disco llamado Fin de Siglo (subvencionado por el Ministerio de Exteriores). Con esa obra crecí musicalmente hasta un punto que yo no podía siquiera imaginar por aquel entonces. Xenakis puede considerarse el creador de la música estocástica; él era arquitecto y debido a ello sus obras tienen una claridad estructural comparable con la de un edificio bien diseñado: pilares, entradas, salidas, espacios abiertos y cerrados, luz... Personalmente me fascina. He tenido la suerte de haber interpretado una gran parte de su obra para orquesta y todas sus composiciones para percusión, habiendo llegado incluso a recibir su autorización para versionar ciertas obras, como sucedió con Okho o Idmen. Xenakis ha abierto un campo ilimitado de referencias y de posibilidades.
¿Existen diferencias notables entre dirigir una orquesta y estar al frente de un grupo de percusión?
Básicamente es casi lo mismo, si bien hay una diferencia importante que se debe tener en cuenta a la hora de dirigir un grupo de percusión: los instrumentos de percusión tienen un tiempo de ataque de la nota más corto que cualquier otra familia de instrumentos. Los instrumentos de cuerda frotada, como el violín o el violonchelo, tienen una longitud de ataque "grande" si se comparan con ellos. El espacio de ataque decrece a medida que vamos hacia atrás en la orquesta: cuerda, viento y percusión. A ese nivel, la percusión requiere una dirección distinta, más rítmica, de alguna manera. También es cierto que en las obras para orquesta hay momentos más melódicos y momentos más percusivos. La orquesta es un instrumento fascinante; me gusta pensar que la percusión es parte de ella y ocupa, eso sí, un rol cada vez más importante en lo que a sus posibilidades se refiere.
Otro aspecto importante es que la percusión puede resultar muy grandiosa: un cuarteto de percusión puede crear una intensidad y densidad sonoras mucho mayores de las que crearía un cuarteto o quinteto de cuerda. Hay obras para percusión que resultan verdaderamente mahlerianas en ese sentido. El espectro dinámico de la percusión abarca desde un mínimo prácticamente inaudible hasta una sonoridad comparable con algunos grandes momentos sinfónicos. La percusión en sí no es un sólo instrumento, sino más bien una orquesta entera de recursos colorísticos.
¿Cuáles son tus compositores preferidos desde el punto de vista de la dirección de orquesta?
Me inclino de forma inconsciente por los compositores de la segunda mitad del siglo XX. No puedo evitar ser un hombre apegado a mi tiempo. En el transcurso de estos últimos años, he ido retrocediendo poco a poco en la línea temporal y acercándome de forma involuntaria a un repertorio más clásico. Los compositores que mejor conozco como director son Prokofiev, Messiaen, Xenakis, Bartók, o Stravinsky. Antes de dar el paso de dirigir a un compositor nuevo, es necesario todo un proceso de estudio para conocer su obra en profundidad. En mi opinión, en el siglo XX hay mucha música de gran belleza, como la de Cage, Reig o los ya mencionados: Prokofiev, Xenakis, etc.
Creo que la música contemporánea es muy divertida; incluso más que algunas obras antiguas. El problema es que no se ha sabido cómo acercarla al público de forma adecuada: una mejor interpretación posiblemente hubiera conllevado un mayor reconocimiento y afición. Un intérprete tiene a su cargo la importante misión de transmitir la música de la manera más próxima posible a la idea original del compositor, pero a la vez debe ocuparse de hacer que la música resulte verdaderamente hermosa e interesante para el oyente. Debe intentar transmitir. A menudo sucede que la fama del intérprete predispone al público a favor o en contra antes de que suene la primera nota: es muy injusto. Por desgracia, hay demasiada gente para la que tiene más importancia el nombre del artista que la verdadera calidad del concierto a la hora de emitir un juicio sobre el mismo.
Se está iniciando un nuevo estilo dentro del mundo de la música clásica: ¿es una renovación del panorama musical?
Bueno, si te refieres a la imagen estética, sí. Por ejemplo, nunca utilizo smoking en las actuaciones: ni como solista, ni con el APG, ni cuando dirijo. Yo creo que, en general, a la música clásica le hace falta un pequeño lavado de cara que no está en absoluto reñido con las interpretaciones más fidedignas. No podemos seguir celebrando el mismo ritual que se hacía cuando entraba Mozart a presentar sus composiciones al emperador, porque no encaja con la sociedad de hoy. Todos los estilos me parecen igualmente respetables y creo que en ese aspecto hay mucho que aprender del rock, el jazz o el folk: hay conciertos de rock que son fascinantes en cuanto imagen. A pesar de que el contenido musical no es tan rico, hay ciertos roqueros que me gustan mucho. Estos artistas crean en sus conciertos un ambiente y un contexto visual que resultan perfectos para su música. El ritual y el protocolo clásicos deberían formar parte de un museo: qué más da que, por ejemplo, se aplauda cuando "no se debe".
Has realizado grabaciones para Virgin, Etcetera Records, Willibrord Classics o ENSAYO-RBA, y tu último disco, African Circle...
Así es, y debo decir que después de haber trabajado para varias casas discográficas distintas, creo haber encontrado un sello en el que me tratan como a mí me gusta, Ensayo. Dentro del difícil mundo discográfico siempre se encuentra lo mismo: las firmas pequeñas suelen estar interesadas en lanzar al mercado grabaciones novedosas, pero carecen de los fondos y los medios necesarios para realizar producciones como las que pueden permitirse las grandes compañías, en las que no existe interés alguno en ofrecer al público estilos o repertorios nuevos. En Ensayo recibo la atención, interés y emoción necesarios para hacerme sentir a gusto, pero además contamos con el apoyo de una de las grandes casas editoriales, como es precisamente RBA.
Alguna pieza de este álbum (African Circle) se grabó hace ya varios años para Virgin. Se agotó y no hubo manera de negociar la reedición, así que decidimos romper la baraja y cambiar de compañía. De paso, se repasaron ciertos matices y aspectos musicales con los que no estábamos del todo satisfechos, y tuvimos la ocasión de repetir y mejorar el resultado final. En esta grabación colaboramos con un percusionista africano, Ali N'Diaye, que ha ejercido una influencia muy importante sobre mi manera de hacer música, al igual que algunos compositores españoles como Rafael Reina, David del Puerto, Ramón Ramos o Carles Santos. Por todas estas razones, African Circle es un disco muy especial para mí.
¿Dónde se encuentra el límite o el punto de encuentro entre la música clásica y las "nuevas músicas"?
Yo no enfoco este tema desde la perspectiva de dos estilos que convergen y se fusionan, sino más bien como la evolución de la música clásica hacia nuevas tendencias e ideas musicales. Vivimos un momento de globalización indiscutible: Internet está ya al alcance de casi todos, y cualquiera puede consultar la actualidad política en Ghana, por ejemplo, ya sea desde el tren o en su casa, por la mañana o de noche. Esto hace que las culturas estén mucho más cercanas unas de otras. Al mismo tiempo nos encontramos con una situación muy avanzada en cuanto a los transportes se refiere: casi se puede ir y volver a Japón en el mismo día. La unión de estos avances afecta a todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, incluido el musical. Puedes oír discos en la Red, o ver vídeos y conciertos que de otro modo resultarían inaccesibles y exóticos, y las giras de los artistas son mucho más cómodas que los viajes a los que se tenía que enfrentar Pau Casals.
La música europea ya no está separada del resto, todas las culturas forman parte unas de otras, se influyen y originan una evolución inevitable de lo ya existente. Por suerte, en Europa estamos empezando a respetar como se merecen las culturas distintas de la nuestra y no "colonizarlas". Quiero decir que no hay que entenderlas como un elemento exótico por su ropa o sus costumbres, sino como un mundo diferente en el ámbito cultural, en todos los aspectos. Este hecho nos hará prosperar musicalmente a un nivel increíble: si mezclamos la inteligencia armónica del pensamiento europeo con la riqueza micro tonal de antiguas canciones indias, o el ritmo africano, podemos obtener resultados en verdad increíbles. Sin duda, también en la música entramos en un nuevo siglo de acercamiento intercultural y globalización.
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