Inicio
 Melómano en pdf
 Tienda
 Discos: Recomendados
 Guía Práctica
 Claves
 Opinión Nuevo
 Especiales
 Grandes Obras
 Ópera
 Libretos
 Zarzuela
 La música y yo
 Entrevistas
 Promesas Cumplidas
 Consultorio
 Últimas portadas
 Registro
 Orfeo Ediciones
 Tus sugerencias
       
 
 PROMESAS CUMPLIDAS
 
Pablo González, madera de director
Por Paz Ramos


Pablo González se ha convertido en uno de los directores españoles de mayor proyección internacional. Este asturiano empezó su carrera profesional en Londres como director asistente de Sir Colin Davis y la Orquesta Sinfónica de Londres. Con ellos tuvo la oportunidad de colaborar en la grabación de Los Troyanos de Berlioz, ganadora de dos premios Grammy. En 2000 obtuvo el Premio de Dirección del Concurso Donatella Flick y hace tres años el Primer Premio del VIII Concurso Internacional de Dirección Orquestal de Cadaqués, uno de los mas prestigiosos de Europa, que le ha proporcionado una gira de tres años dirigiendo veintiocho de las principales orquestas españolas y extranjeras. Ha actuado junto a solistas como Maxim Vengerov, Asier Polo, Javier Perianes, Eldar Nebolsin, Ainhoa Arteta o Renaud Capuçon y ha comandado las orquestas de Cámara de Lausanne, la Deustche Radio Philarmonie, la Sinfónica de Basilea, la JONDE, la Sinfónica de Tenerife, la Orquesta Nacional de España o la Sinfónica de Bilbao.

En los últimos meses estuvo muy solicitado para ser titular de orquestas como la de Euskadi, del Principado de Asturias y la de Granada, de la que es Director Principal pero finalmente ha sido la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC) la que ha conseguido que Pablo González sea su nuevo director titular.

Ganar el Concurso de Dirección Orquestal de Cadaqués es un lujo para cualquier director. Se presentan jóvenes de todos los países, hay que pasar pruebas muy duras y la competencia es grandísima. ¿Cómo vivió esa experiencia?


El concurso consta de una primera fase en la que cada uno tiene diez minutos para dirigir una obra que suele ser o bien La historia del soldado de Stravinski o Pierrot Lunaire de Schoenberg. Recuerdo que de 65 directores que éramos seleccionaron a 45; es la ronda más difícil, donde te pones más nervioso, porque en la vida real nunca tienes diez minutos para tratar con una orquesta y, luego, había varias rondas, en las que teníamos sinfonías de Haydn, de Mozart y Beethoven. Una peculiaridad del concurso que me parece muy interesante es que el día que llegas te dan una partitura nueva que se va a estrenar en la final y que no se conoce. Entonces tienes que ensayarla en la semifinal y dispones de sólo tres días para aprenderla. En mi caso fue una obra del compositor vasco Ramón Lazkano. Yo he dirigido varias veces su Concierto de Acordeó, y me parece un estupendo compositor. En el concurso vas pasando rondas y, luego, la final fue precisamente en el Auditori de Barcelona; allí llegamos sólo dos. Es un concurso que no sólo ha ido ganando prestigio con los años sino que además de la fama que pueda tener, está consolidado en todo el mundo como el que posee el mejor premio. Ningún otro concurso te ofrece 28 orquestas para dirigir, que te llenen la agenda como lo ha hecho el Concurso de Cadaqués; es algo fantástico. Siempre estaré muy agradecido a la Orquesta de Cadaqués y al Concurso por haberme dado esta oportunidad.

Después de sus estudios en Oviedo, su ciudad natal, marchó a Londres donde inició su carrera profesional y con apenas veinticinco años tuvo un gran éxito.

Empiezo con la Orquesta Sinfónica de Londres, la Bournemouth Orchestra y la Bournemouth Sinfonietta, luego, como Director Asistente pude colaborar poco tiempo porque fue la época en la que enfermé y tuve que dejarlo.

Sufrió una grave enfermedad: le diagnosticaron un síndrome de fatiga crónica; durante cuatro años apenas podía moverse pero ya está totalmente recuperado. Reapareció en 2005 dirigiendo en el Festival del Mediterráneo a la Orquesta Ciudad de Almería.

Sí, fue con Maxim Vengerov. En mi reincorporación al principio yo tenía una cierta incertidumbre; no te digo que tuviera miedo pero sí muchas incertidumbres. Lo primero era ver cómo respondía yo como ser humano física y mentalmente para enfrentarme al trabajo que había dejado aparcado cinco años antes. Luego, lo tomé con muchísima ilusión y todo lo que antes metía en la cajita de artes negativas, digamos que ahora me preocupa menos y puedo disfrutar más de las partes bonitas que tiene mi trabajo.

En apenas cuatro años ha tenido tanto éxito que ha llenado su agenda, además tiene muy buena mano con las orquestas y los solistas con los que ha trabajado. Es el Director Principal de la Orquesta Ciudad de Granada.

Tengo una relación muy buena con la Orquesta de Granada. Pons hizo una labor fantástica con ella y, de hecho, es un director admiradísimo y no sólo en esas tierras. Además, es muy trabajador, con un montón de ideas, muy emprendedor y arriesgado. A mí me gusta mucho.

Su primera experiencia en el foso fue curiosamente con zarzuela y con dirección artística de Emilio Sagi, un gran director, ovetense como usted, y actual responsable del Teatro Arriaga de Bilbao.

Me encantó la experiencia, debo confesar que por razones familiares en mi casa siempre había muchísimo amor por la música, pero la zarzuela es algo que nunca se había oído. Sí que escuchábamos mucha ópera. Por ello, enfrentarme a mi primer foso, haciendo precisamente un género que yo reconozco que desconocía absolutamente, fue no sólo un gran reto y una oportunidad muy bonita sino un gran descubrimiento, porque disfruté muchísimo con esa Antología de la Zarzuela Asturiana, que no eran necesariamente zarzuelas escritas por autores asturianos, sino mas bien de temática asturiana. Desde Emilio Sagi, que construyó un espectáculo magnífico, a la Joven Orquesta Internacional Ciudad de Oviedo, que empezaba a andar por esas fechas con un grandísimo ambiente, fue una experiencia muy bonita y muy gratificante.

Después de esta Antología de la Zarzuela estuve haciendo el Don Giovanni de Gazzaniga, se estrenó cinco meses antes que el de Mozart con un libreto del cual creo que Da Ponte cogió muchísimas cosas. Ahora estoy estudiando el de Mozart, que es mi próximo proyecto operístico, que haré el próximo mes de Noviembre.

Generalmente los músicos eligen Berlín, Viena o Nueva York para estudiar, pero usted prefirió Londres.

Hice la carrera entera en Oviedo antes de irme a Londres; terminé con 17 años y me fui allí, donde aprendí un montón. Mi experiencia con Sir Colin Davis fue magnífica. Es una persona muy generosa e incluso podía llevarme a casa partituras con sus anotaciones, de obras como la Quinta de Beethoven, para así poder estudiarlas. Es una persona entrañable de la que he aprendido muchísimas cosas y me ha permitido enriquecer mucho mi vida como director.

Le gusta dirigir orquestas jóvenes, ha dirigido varias veces a la JONDE. ¿Es más gratificante dirigir a jóvenes que a veteranos profesores?

Para mí dirigir orquestas jóvenes no es sólo algo que me guste sino que lo necesito al menos una vez al año. El pasado mes de julio hice la Quinta de Mahler con la Joven Orquesta Nacional de España, la JONDE, y fue magnífico. Como todos los estudiantes de dirección he empezado dirigiendo formaciones jóvenes y ahora que estoy en el mundo profesional, que adoro también, me encanta trabajar con orquestas profesionales. Pero volver de vez en cuando a esa ilusión desmedida, a esas ganas que tienen los jóvenes, con sus infinitas ganas de aprender y ese entusiasmo tan contagioso, es algo que te renueva y te da una energía mágica.

Es un mahleriano convencido; ha dirigido la Quinta de Mahler con sus dificultades de ejecución, renunciando a hacer que, por ejemplo, sean los metales los que subrayen los temas principales. Mahler era también un gran director con ideas muy precisas sobre lo que quería decir con su música.

Ese es un aspecto curioso porque aunque es verdad que Mahler es muy cuidadoso con las dinámicas muchas veces, aún a pesar de ser director y por supuesto que un genio, a veces se dejaba llevar por esa idea interior del sonido y esas dinámicas de metales había que matizarlas. La Quinta, como otras obras de Mahler, y más aún que la Cuarta, tiene una gran riqueza contrapuntística y una gran acumulación de temas, pero está tan bien escrita a nivel de dinámica que, generalmente, si interpretas las dinámicas como vienen en la partitura el balance exterior es satisfactorio; es decir, él mismo ya sabe cuál es más importante de esos temas qué está conjugando a la vez y en qué momento debe utilizarlo. En ese sentido, el reto de Mahler es ser fiel a la partitura.

En él siempre se percibe la angustia, es un continuo flujo de paz en el que de repente, te asalta una suerte de pensamiento que ahora ya sabemos que era la angustia de la muerte. Mahler era una persona hipocondríaca y en su obra el miedo al pánico es constante, precisamente por ese motivo, cuando encuentra momentos de paz escribe páginas increíbles, como es el caso de adagio de la Cuarta. Y es fascinante porque le costaba llegar a esos momentos de paz y encontrar esa claridad y esa luz. Eso hace que esa luz sea de veras sincera, porque era algo que añoraba con toda su alma.

Terminamos con las pasiones: primero la musical, que seguro pasa por Mahler, y luego la bicicleta y el cine.

Si hay una obra que para mí es muy especial que es la Tercera de Mahler, porque fue la primera obra que descubrí y la interpreté con la JONDE a los diecisiete años. Soy un absoluto mahleriano.

Otra pasión es la bicicleta; soy un apasionado del ciclismo. Este año llevo mil kilómetros recorridos desde marzo. Como siempre estoy de aquí para allá en avión, los he hecho en Oviedo y en Basilea.

Otra pasión que tengo es el cine, ya sea el cine antiguo, de autor, el clásico o el independiente. Mis cineastas predilectos son Akira Kurosawa, Ingmar Bergman, Woody Allen o mi icono de infancia y adolescencia, los hermanos Marx.

“Mozart no necesita hacer nada; es alguien que te mira y te sonríe y ya está”

“Necesito dirigir orquestas jóvenes; ese entusiasmo que tienen es algo que te da una energía mágica”

“El Concurso de Cadaqués te ofrece el mejor premio del mundo: dirigir a 28 orquestas”