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Guillermo Pastrana o los sueños de un mago del violonchelo
Por Paz Ramos
Guillermo Pastrana es un intérprete brillante, un granadino que con tan sólo 25 años es capaz de emocionar con el mágico sonido de su violonchelo, un Tobias Grëater, alemán, que confunden con un Stradivarius.
El pasado año recibió el Primer Premio y el Premio Especial como mejor intérprete de cuerda en el VII Certamen Nacional de Interpretación “Intercentros Melómano”. Tiene ya un montón de premios conseguidos en importantes concursos como el de Jóvenes Solistas de Barcelona, el Aram Khachaturian, el de Jóvenes Solistas de Granada o el Pedro Bote de Villafranca de los Barros para jóvenes intérpretes. Sus últimos conciertos han tenido lugar en importantes festivales de verano, como el de Santander, Segovia y Quintanar, en el Otoño Soriano, en el Festival Albéniz de Camprodón y en el de Úbeda, en el Auditorio Conde Duque de Madrid y en el Palau de les Arts Reina Sofia de Valencia. Además, ha actuado con la Orquesta Mundial en el Auditorio Nacional, y tiene previstas en 2010 actuaciones en Viena y Bratislava y con importantes orquestas españolas como la ORTVE, la Orquesta Ciudad de Granada, la de Córdoba y la Filarmónica de Málaga, entre otras.
¿Son los concursos la mejor forma que tiene un joven solista para darse a conocer en el cada vez más difícil mundo de la música clásica?
Sí, a partir de los 14 años empecé a ir a concursos y desde entonces no he parado. Como nunca he tenido ni un padrino, ni nadie relevante que me pudiera echar una mano he tenido que trabajarlo todo yo solo con mi violonchelo y la única manera era a través de los concursos. Cuando ganas uno como el “Intercentros Melómano”, con premios tan importantes, con el nivel que había y tantísimos concursantes de todos los conservatorios, tardas en asimilarlo; además, fue muy fuerte, porque te dan el premio de interpretación y ya no esperas nada más. Así que estaba yo en el escenario pensando “bueno ya está, otra vez será”, y entonces dijeron que el Primer Premio era para Guillermo Pastrana. Entonces ya no supe qué hacer. Fue alucinante.
Tienes mucho mérito presentándote a concursos cuando te pones tan nervioso y lo pasas tan mal.
Mira, yo siempre me pongo nervioso en los concursos y también cuando salgo a actuar. Eso lo tengo asumido; tienes que convivir con esos nervios toda tu vida y cuando no estoy nervioso me preocupo. La verdad es que me pongo “supernervioso” antes de tocar, pero cuando pongo el pie en el escenario no es que esos nervios se vayan, pero se transforman, se quedan allí conmigo y hacemos el concierto juntos. Aunque lo paso peor cuando me presento a un concurso y estoy pendiente del resultado, entonces me vuelvo loco. Mi pianista Mercedes Enciso me tiene que tranquilizar y luego no puedo escuchar al resto de los concursantes, me tengo que salir de la sala y pasear.
Guillermo tiene muy claro que quiere triunfar en el difícil camino de la música clásica y lo va a conseguir por su talento y el mágico sonido que consigue con su violonchelo. No le importó presentarse a un concurso de televisión y aunque algunos puristas le criticaron, para demostrar lo que puede hacer como músico tuvo la idea de colgar sus videos en YouTube.
Aquel programa de televisión, “Tienes Talento”, en el que quedé finalista, me pareció una buena manera de darme a conocer, porque yo sabía que determinada gente de la música clásica iba a criticar mi participación en ese concurso. Así que pensé que debía colgar esos vídeos donde se me ve interpretando a Schubert, Bach o Penderecki; de hecho, con mi participación quería demostrar cómo era yo como intérprete, aunque no tengo que demostrar nada. Además, tuve la suerte de conocer a Josep Vicent, que estaba en el jurado, y desde entonces tenemos una gran amistad; musicalmente nos comprendemos muy bien y no me arrepiento para nada. Ese concurso me dio la satisfacción de que me conocieran y creo que lo he logrado a través de mis videos en YouTube y ganando concursos como el “Intercentros Melómano”, que tiene la ventaja de ofrecerte un montón de conciertos y de participar en festivales como el de Santander, en el Otoño Musical Soriano o el Forum Internacional de Música de Torrelodones, además de actuar con la Orquesta Sinfónica de Radiotelevisión Española, la Sinfónica de Castilla y León o la Orquesta de Cámara del Auditorio de Zaragoza, que dirige Juanjo Olives. Es una espléndida oportunidad.
¿Con qué programa te presentaste a este certamen en el Conservatorio de Música de Madrid?
Era un programa muy variado; uno de los puntos más importantes de un concurso es el programa. En la primera ronda toqué Penderecki, que es contemporáneo, de cara a que hay concursantes de flauta, viento... luego abordé el Triple concierto o Slava, dedicado a Rostropovitch, una obra que me encanta, y Rachmaninov, concretamente, el tercer movimiento de la que es una de las obras mas bellas escritas para violonchelo, que, curiosamente, es una sonata. En ella el piano y el violonchelo y tienen un diálogo brutal, algo romántico, camerístico, profundo. Y luego, al final, la caballería vino con Arpeggione de Schubert, el Pezzo Capriccioso de Tchaikovski, que es una obra para violonchelo muy virtuosa, y El Gran Tango de Astor Piazzolla, para darle un poquillo de alegría.
Sigues estudiando en Basilea con ese prestigioso y espléndido violonchelista que es tu admirado Monighetti. ¿Cuánto tiempo llevas con él y qué es lo principal que te ha aportado como músico?
Con Monighetti llevo tres años y me ha aportado el ser exigente con mi trabajo, no permitirme hacer ninguna chapuza. Cuando sales al escenario hay que hacerlo bien, hacer las cosas ‘cutres’ no entra en los planes de Monighetti; y luego me ha aportado el ser mi propio profesor, me ha enseñado sobre todo a estudiar y cómo hacerlo, viendo de qué manera hay que abordar una obra. Las clases de Monighetti son de muy alto nivel y los violonchelistas que estudian con él tienen un nivel técnico fantástico. Él se centra mucho en cómo estudiar y también en escucharme, algo que hace de una manera casi metafísica, como si lo hiciese desde fuera.
Mano izquierda y brazo derecho son los que modifican o crean el sonido; la técnica de la mano derecha aparenta ser más sencilla que la izquierda. ¿Es así para ti?
El resultado óptimo viene de la buena combinación entre las dos; la más importante para mí es la mano derecha porque es el foco del sonido; y la mano izquierda, la afinación. Pero más importante es el complemento, la coordinación, que estén las dos en armonía. Cuando tienes segura la mano derecha, cuando la trabajas bien, entonces te da seguridad en la mano izquierda.
¿Cuánto tienen que agradecer los violonchelistas a Pau Casals y a Boccherini?
Es verdad. Hasta Casals el violonchelo se tocaba de una manera difuminada. Casals puso cada nota en su sitio y su principal aportación fue redescubrir las seis Suites para violonchelo solo de Bach y hacer una reinterpretación de ellas sentando las bases para una nueva generación de violonchelistas, por lo que le estaremos siempre eternamente agradecidos por esas seis suites en las que, curiosamente, la afinación es indispensable para que suene a Bach. Y es que, como el ritmo no esté perfecto no suena a Bach ni a tiros.
En el caso de Boccherini su aportación fue de las más grandes. No sé cómo en esa época podían tocar con esas cuerdas de tripas si yo ya lo paso fatal tocando a Boccherini con mi violonchelo, y eso que estos instrumentos modernos son diez mil veces más cómodos que los antiguos. Bueno, pues aún así lo tocaban.
El Concierto para violonchelo y orquesta en si menor de Antonin Dvorak fue terminado por el compositor en Praga, aunque la partitura fue concebida en gran medida durante su estancia en Estados Unidos, de hecho, son notables las influencias de giros melódicos procedentes del folklore norteamericano. Dvorak concede al violonchelo solista unos brillantes pasajes de virtuosismo y las melodías son conmovedoras. ¿Se puede considerar como el mejor concierto para este instrumento?
Yo creo que el Concierto de Dvorak es el concierto de violonchelo por excelencia; todo el mundo lo conoce y ése es el problema que tiene el que es el más grande músico checo junto a Smetana. Cada vez que un violonchelista toca ese concierto se expone a la comparación con Rostropovich y con los otros grandes. Quizá sea un concierto demasiado tocado; creo que habría que dejarle descansar un poco, pero es una obra maravillosa. Hay otros conciertos que a mí me atraen muchísimo como la Sinfonía concertante de Prokofiev, también para violonchelo; es extraordinaria. Y aunque hay que quitarse el sombrero ante el repertorio más difícil para este instrumento, como puede ser el brindado por Haydn o Bach, que requieren una gran valentía como intérprete, mi máxima ilusión, dentro de este repertorio, sería tocar esta obra de Prokofiev.
Igual que la voz humana madura con los años, la voz se vuelve más dramática, ¿puede sucederle algo parecido a un violonchelista?
Sí, el violonchelista toca de forma diferente una misma obra cinco años después. La música es como la vida, va cambiando; algunas cosas con las que antes llorabas ahora te hacen reír. Conforme vas madurando vas cambiando la concepción de la música, ahora me apetece más rápido o más lento, depende. Va cambiando siempre. Donde más se nota tal vez sea en Bach, y es ahí donde yo creo que experimentaré más cambios. El estado de ánimo influye mucho, depende de los músicos. Cada vez pienso más que los músicos tocan como son y se ve su personalidad cuando los ves interpretar. Eso te dice mucho de cómo es cada uno, porque en ese momento en el escenario es donde los músicos estamos más desnudos, se nos ve todo: si tienes carácter, si eres sensible, si tienes penas o alegrías… Y es una faena, porque no nos podemos permitir el lujo de mostrar excesivamente un sentimiento en un concierto. Es una de las cosas que Monighetti me ha repetido más: “control emocional, tienes que controlar tus emociones; si no, estás perdido”.
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