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"Tristán e Isolda", de Richard Wagner
INTRODUCCIÓN
ALGUNAS VERSIONES DISCOGRÁFICAS
En el curso de la historia de la interpretación, "Tristán e Isolda" se ha convertido en un vehículo de lucimiento y consagración no sólo para los grandes cantantes sino también para los más insignes directores. El exiguo reparto requiere de cuatro grandes papeles principales, cinco si incluimos a Kurwenal, otros pequeños roles y un puntualísimo coro, pero "Tristán e Isolda" dominan prácticamente toda la acción. La pareja protagonista ha de estar formada por cantantes de una notoria energía, probada inteligencia y también una extraordinaria voz. Pero la otra mitad de la carga la soporta el director, que ha de mostrarse sensible a la complejidad formal de toda la estructura de la ópera, desde el "Preludio" hasta la Muerte de Amor. De todas las obras de Wagner, junto al "Anillo" y "Parsifal", el Tristán da, con la consciencia de la responsabilidad adquirida, serias oportunidades de exhibición y alardes musicales.
La vorágine de últimas recuperaciones fonográficas ha permitido a los melómanos, que ya disponen de un satisfactorio catálogo moderno, volver a escuchar grabaciones de la edad de oro del canto wagneriano, que previamente existieron en vinilo u otras que han circulado durante años como secretos incunables de difusión particular y hasta "pirata".
Así podemos disfrutar de nuevo del idílico canto del tenor danés Lauritz Melchior, el Tristán por excelencia, o la lírica perpetua de la soprano noruega Kirsten Flagstad, una Isolde antológica, y en paralelo a los nuevos registros de intérpretes más actuales que han seguido, con mayor o menor fortuna, la estela wagneriana que nace en Alemania, se desarrolla en Bayreuth y se regenera hoy en día en todos los teatros mundiales.
A continuación reseñamos algunas de las grabaciones más sobresalientes, listadas en riguroso orden cronológico, de esta magna ópera de Richard Wagner. Aparecen los intérpretes en la siguiente disposición: Isolda, Brangäne, Tristán, Kurwenal, Rey Marke.
P. Büchner, M. Klose, M. Lorenz, J. Prohaska, L. Hoffmann.
Coro de la Ópera del Estado.
Staatskapelle de Berlín (1943).
Director: Robert Heger.
PREISER 90243.3
3CDs
Max Lorenz fue uno de los grandes "Heldentenor" que llevaron al personaje de Tristán por bandera. Incluso durante largo tiempo se ha hecho referencia a este cantante alemán como uno de los Tristanes por excelencia, junto a su coetáneo competidor, el danés Lauritz Melchior.
Hasta el momento de producirse esta grabación integral, del año 1943, de "Tristán e Isolda", Lorenz había permanecido en los oídos fonográficos de los aficionados tan sólo en seleccionados fragmentos de tan magna obra.
La interpretación de este tenor alemán, muy emotiva, es característica de un cantante insólitamente habituado a manejarse mejor en el drama y la escena que a ofrecer un canto límpido y sin desgastes, al contrario que el estático Melchior, el otro gran Tristán de la historia, más ducho en el lirismo que en la expresión teatral. A pesar de todo, Lorenz es un valor seguro en la concepción del héroe trágico wagneriano, y no olvidaremos señalar al acto III de este disco como un prodigio de expresión vocal natural.
Si bien la absoluta figura principal es Lorenz, la orquesta de Heger no responde a las expectativas, no se comporta de manera igual a la que otros grandes directores sí nos han acostumbrado, adolece algo de un sentido grobal más acentuado y carece de una óptima factura lírico-sinfónica.
Por parte de los demás personajes, receptores todos de los mayores elogios, Isolda la personifica, con sobrado convencimiento, Paula Büchner, una importante soprano dramática de entreguerras muy poco prodigada en los primigenios registros sonoros; Margarete Klose, cantante genuina de la vida operística berlinesa, la secunda con una Brangäne esencial en la historiografía de tal personaje. Por último, es digno de mención el Kurwenal que interpreta Jaro Prohaska, consabido barítono del circuito germano.
K. Flagstad, B. Thebom, L. Suthaus, D. Fischer-Dieskau, J. Greindl.
Coro del Covent Garden.
Orquesta Philharmonia. Londres (1952).
Director: Wilhelm Furtwängler.
EMI 7 47322 8
4CDs
Kirsten Flagstad es toda un institución en el mundo wagneriano, y de ello dejó buena prueba, aun ya en una edad avanzada, con la ejemplaridad canora en torno a un demandante papel como es el de Isolda. Hay que decir que esta grabación, en mono y remasterizada posteriormente con un resultado excepcional, se concibió prácticamente en torno a la soprano noruega y a la especial dirección, de inapelable magisterio, de Wilhelm Furtwängler.
Sin entrar en detalles de la indiscutible voz de dicha cantante (a la que le ronda una curiosa historia, ya leyenda, que habla de su imposibilidad para alcanzar los "do" agudos de la partitura, oportunamente solventada en dichos fragmentos puntuales por la voz superpuesta de Elisabeth Schwarzkopf), es de subrayar la dilatación orquestal de esta versión, una de las más largas de todas las editadas, que viene producida por la concepción lánguida y descorazonadora del maestro germano que, desde el Preludio, deja adivinar toda la tragedia, más allá del poder original que el autor le confiriese, sumándole un extraordinario misticismo.
Para dar fe de la influencia decisiva de Furtwängler en el proyecto añadiremos que el tenor empleado en el papel de Tristán, Suthaus, era un colaborador habitual y favorito de dicho director, aportando un punto de corrección y brillantez a su complicada tarea.
En cuanto al resto de protagonistas, Brangäne no está representada con toda su plenitud por Thebom, aunque no pierde magia, Kurwenal es un joven Fischer-Dieskau de generosos recursos y el Rey Marke lo encarna Greindl conmovedoramente.
B. Nilsson, C. Ludwig, W. Widgassen, E. Wächter, M. Talvela
Coro y Orquesta del Festival de Bayreuth (1966).
Director: Karl Böhm
Deutsche Grammophon The Originals 449 772-2
2CDs
Sencillamente fue irrepetible el encuentro que llevó a Bayreuth en 1966 a Karl Böhm al foso de Bayreuth, por un lado, y, por el otro, a Nilsson y Windgassen al escenario para ofrecer una de las más hermosas y profundas versiones de "Tristán e Isolda".
El director austríaco, reconocido principalmente por su reconocida militancia mozartiana, ejecuta un Tristán de perfecta mesura, impetuoso relato y cuidada simplificación de todo el entramado orquestal, notable desde un impactante primer acto, que acostumbra a los oídos más reacios a la complejidad del lenguaje del compositor romántico alemán, pues obliga, casi literalmente, a "cantar" y respirar, a los instrumentistas, la solución de continuidad de las frases musicales.
Grabada en directo en varias sesiones de tan veraniego y concurrido festival wagneriano, esta encumbrada versión, que en lo escénico aporta toda una novedad conceptual y supuso un hito para el nuevo Bayreuth, está protagonizada por la heredera connatural de Flagstad, la soprano sueca Brigit Nilsson. Esta cantante dominó el panorama wagneriano en los años 60 con su hilo frío y su voz de categoría y fuerza considerables, dando muestras de maestría al finalizar el acto tercero sin potentes fisuras ni asomos de agotamiento vocal.
Su pareja ideal y llorado Tristán, Wolfgang Windgassen, no tuvo parangón, ni lo tiene hoy, como paradigma de la unión entre drama y canto que exige tal personaje, de proyección un tanto más divina de lo habitual en sus manos.
La compañía, siempre de calidad máxima, de Christa Ludwig como Brangäne y el peso específico del finlandés Martti Talvela (padre canoro de Salminen) como el Rey Marke son dos supremos valores añadidos a una de las mejores facturas generales de tan complicada creación.
M. Price, B. Fassbaender, R. Kollo. D. Fisher-Dieskau, K.Moll,
Coro de la Radio de Leipzig, Staatskapelle de Dresde (1981).
Director: Carlos Kleiber.
Deutsche Grammophon 438 501-2
4CDs
Muchos críticos hablan de una representación del Tristán de mediados de los años 70 en la que la orquesta del estival foso de Bayreuth sonó como nunca, gracias a la histriónica batuta de Carlos Kleiber. Este caro director se enfrentó en el estudio de grabación a la misma obra a comienzos de los 80, con la generosa disponibilidad de un experimentado conjunto orquestal (la Staatskapelle de Dresde) y una nómina de cantantes de actualidad. Su lectura es muy luminosa, no tan oscura y psicológicamente tenebrosa como otras anteriores, con un sentido de la ligereza y juventud que encandila al aficionado menos ducho en la escucha de esta partitura, sobre todo con la benevolente áurea idílica, grácil y paradisíaca que nos regala en el segundo acto, quizás el momento más destacable de toda la grabación.
Margaret Price se defiende con presteza en el rol de Isolda, aunque muestra la falta de haber cantado tal parte con anterioridad sobre el escenario. Su pareja interpretativa, René Kollo, despliega grandes dotes de sensibilidad, carente de zalamería, mas algo justo en la emisión sobre la masa sinfónica.
Eso sí, destaca Fassbaender, dejando a un lado el correcto Marke de Moll y el demasiado maduro Kurwenal de Fischer-Dieskau, como una Brangäne de colección, pues regala a este papel secundario de lujo toda su experiencia liederista (Schumann, Brahms, Schubert,...).
W. Meier, M. Lipovsek, S. Jerusalem, F. Struckmann, M. Salminen.
Coro de la Ópera del Estado de Berlín, Orquesta Filarmónica de Berlín (1995).
Director: Daniel Barenboim.
TELDEC 4509-94568-2
4 CDs
Sin duda, la más reciente grabación de "Tristán e Isolda" ha supuesto una revolución en cuanto a la apreciación de las versiones de dicha obra. Hasta 1995, la referencia más entusiasta se encaminaba a venerar a Furtwängler y a Böhm, pero Daniel Barenboim consigue también elevar al olimpo discográfico una obra tan comprometida como el Tristán. Y precisamente para este papel principal cuenta con la inigualable labor del mejor de los recientes tenores dramáticos: Siegfried Jerusalem.
Dicho cantante renano grabó la pieza en un momento franca y paulatinamente devaluado de su carrera, con respecto a sus éxitos en Bayreuth en los años 80, pero alcanza una cota celestial (gracias en parte a un acto tercero de matrícula de honor) con su énfasis en el aspecto puramente lírico y heroico del personaje. Le acompaña una Isolde de gran valor como Waltraud Meier, dama wagneriana de último cuño, una mezzo metida en exigentes papeles de soprano, hazaña de la que sale victoriosa, aportando un halo sensualísimo al conjunto, atmósfera de belleza y de calor humano, hecho insólito en una obra tan metafísica, que bien defienden Barenboim y una gloriosa Filarmónica de Berlín.
El resto del reparto es casi indiscutible en cuanto a su calidad, con un Struckmann (Kurwenal) moderado, una convenida Lipovsek (Brangäne) y, ahora sí, Matti Salminen como el mejor Rey Marke de las últimas décadas, y digno sucesor de su compatriota Talvela en su cuerda.
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