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La traviata, de Giuseppe Verdi
LIBRETO BILINGÜE -
INTRODUCCIÓN
ALGUNAS VERSIONES DISCOGRÁFICAS
Puesto que se trata de uno de los títulos más sugerentes, conocidos y reclamados por los melómanos del mundo entero, es también uno de los que con mayor frecuencia se han llevado al disco, si no el que más. El número de grabaciones, entre tomas de estudio y en directo, incluidas las "piratas", supera las setenta. Por este motivo se hace dificilísimo llevar a cabo una selección en la que no se deje uno sin mencionar algo importante. Por desgracia, a pesar de ser tantas las versiones, ninguna alcanza la perfección deseable en todos sus aspectos, aunque algunas de ellas tienen momentos realmente emocionantes e irrepetibles. Para evitar susceptibilidades, quede claro que me he dejado llevar por mi gusto personal, si bien he elegido únicamente versiones que están disponibles en el mercado. Así, no he tenido otro remedio que prescindir de la versión que la gran Victoria de los Ángeles grabara en 1959, a pesar de que su "Sempre libera..." sea de lo mejorcito entre las setenta mencionadas. Los comentarios aparecen por orden cronológico según su fecha de grabación, y en las fichas técnicas me limito a reseñar los principales personajes: Violetta, Alfredo y Germont. Como es habitual, no hay ni un sólo libreto traducido al español, aunque Melómano ya ha puesto remedio a este asunto.
2 CD
MARIA CALLAS, ALFREDO KRAUS, MARIO SERENI
ORQUESTA SINFÓNICA Y CORO DEL TEATRO NACIONAL DE SAN CARLOS, DE LISBOA
DIRECTOR: FRANCO GHIONE
EMI, 72435 5 56330 2 6 MONO ADD
Cuando se realizó esta grabación en vivo, el 27 de marzo de 1958 en el San Carlos de Lisboa, Maria Callas ya había encarnado a Violetta Valery cerca de sesenta veces en los principales teatros del mundo entero. Por aquel entonces un joven tenor canario llamado Alfredo Kraus acababa de comenzar la que habría de convertirse en una de las carreras líricas más largas de la historia, todavía en curso. Tal vez por este motivo, el Teatro se venía abajo cada vez que la Callas abría la boca, mientras que la intervención más notable de "Alfredo" queda sin aplausos. Quizás sea también la causa, para no hacer sombra a la diva, de que se efectúe un corte, muy habitual por otro lado, en la parte del tenor: "Oh, mio rimorso", y no porque él no pudiera con este dificilísimo fragmento, que es la razón más frecuente, como ha quedado demostrado a lo largo de los siguientes cuarenta años, tanto sobre los escenarios como en otras grabaciones de Kraus, incluida la de 1993, con Kiri Te Kanawa y Mehta. Si bien debió de ser realmente sobrecogedor, debido a su innegable carisma, ver a Maria Callas sobre el escenario, aunque sólo fuera para dirigir al público un pequeño saludo antes de comenzar la función (que incomprensiblemente ha sido suprimido en la edición en CD), su interpretación de la tísica Valery, resulta desproporcionada en lo que a la voz se refiere, llegando a dar una imagen sonora casi ridícula de su muerte, al final de la obra. Las agilidades del primer acto y la expresividad, más recogida y sin excesos, del "Addio del passato" son sus mejores momentos, penosamente emborronados por las desafinaciones y alardes desmedidos en los sobreagudos. También sobreactuando, y algo gritón en el registro agudo, Sereni pasa sin pena ni gloria por el Germont padre, mientras que Kraus da una auténtica lección de Alfredo Germont a lo largo de la obra entera. ¿Dónde está esa frialdad, de la que tanto se le ha acusado, cuando Alfredo se encuentra con Violetta ya en el lecho de muerte? ¿Dónde en "Parigi, o cara"? Es éste un documento histórico, aunque el sonido directo deja muchísimo que desear como es normal en estos casos. Al apuntador podrían fusilarlo.
2 CD
TERESA STRATAS, FRITZ WUNDERLICH, HERMANN PREY
ORQUESTA Y CORO DE LA ÓPERA DE MUNICH
DIRECTOR: GIUSEPPE PATANÉ
ORFEO C 3449321 MONO 2CD
Una Teresa Stratas debutante en el papel demuestra, en esta grabación realizada en directo el 28 de marzo de 1965 con menos deficiencias sonoras de lo acostumbrado en estos casos, sus grandes dotes como actriz, que habrán de llevarla dieciocho años más tarde a encarnar a Violetta para las pantallas de cine con Zeffirelli, junto a Plácido Domingo. Si en lo vocal ya dejó mucho que desear en la película, en plena madurez, ¡imagínense con los nervios del debut! Graves problemas de 'fiato', resbalones en las agilidades del "Sempre libera", a cuyo final llega literalmente agotada, y ciertos desajustes con la orquesta, quedan sin embargo compensados por su convincente coquetería en el primer acto, su apasionamiento mesurado en la despedida, en el segundo, y por una notable capacidad para transmitir sufrimiento en el tercero, por ejemplo a la hora de leer la carta de Germont, cosa que muy pocas han logrado hacer sin afectación. Wunderlich, por su parte, está totalmente entregado, en algún momento enfervorecido en demasía; con su bellísimo y dulce timbre realiza una visión muy particular del personaje, con matices originales aunque nunca descabellados. Giorgio Germont es para la ocasión Hermann Prey, quien, entregado a un público que lo adora, ofrece un carácter un poco "llorón", tanto en el magnífico dúo central como al final de la obra. Su "Di Provenza" es realmente bueno, con una voz plena y redonda en todos los registros. La dirección del experto Patané mantiene la tensión justa en momentos decisivos como la escena entorno al "Amame Alfredo". Como curiosidad, mencionar que la doncella de Violetta, Annina, es aquí, ni más ni menos que una joven Brigitte Fassbaender, de innegables cualidades.
2 CD
MONTSERRAT CABALLÉ, CARLO BERGONZI, SHERRILL MILNES
ORQUESTA Y CORO DE ÓPERA DE LA RCA ITALIANA
DIRECTOR: GEORGES PRETRE
RCA RD86180(2) ADD
Nos encontramos ante la que me atrevería a calificar como la más redonda de las versiones comentadas y conocidas, lo que no quiere decir que cada uno de sus aspectos no pueda ser mejorado parcialmente en alguna de ellas. Caballé había grabado la Violetta en 1965 y volvería a hacerlo, al menos en dos ocasiones más en 1972 y 1973. Sus famosísimos 'filatos' eran ya una realidad en 1967, cuando llevó a cabo esta grabación histórica en la que, puestos a sacar algún defecto, le falta una pizquita de sentimiento. En cualquier caso, uno puede emocionarse cuando canta la frase "Amame Alfredo" tan solo por la impresionante calidez de su voz, aunque pudiera estar diciendo cualquier otro texto. Caballé se muestra técnicamente insuperable, además de lucir un color bellísimo y cristalino, mas con cuerpo en el centro. No he podido escuchar una perfección como la suya en las coloraturas del "Sempre libera" , que parecen emitidas por un instrumento de afinación fija y no por una voz humana. Llega sobradísima al final sin incurrir en el alarde del 'mi' sobreagudo, que, por otro lado, no sería un problema serio para ella. Epatante en uno de los fragmentos más bellos de la ópera: "Ah, Gran Dio, morir sì giovine", en el que empasta a la perfección con Bergonzi, que hace aquí las veces de amante con un todavía juvenil timbre de tenor italiano en el mejor sentido de la expresión. Podemos escucharle sin problemas en un lentísimo "Oh, mio rimorso" que elude también el 'do' agudo con que algunos finalizan el fragmento. Milnes está en uno de los papeles que siempre ha bordado. Volverá a grabarlo después de diez años en la versión que comento a continuación, y siempre lo hace bien. La orquesta, dirigida por Prêtre, está a la altura de las circunstancias, reforzando en todo momento la intención de los cantantes.
2 CD
ILEANA COTRUBAS, PLÁCIDO DOMINGO, SHERRILL MILNES
ORQUESTA Y CORO DE LA ÓPERA DE MUNICH
DIRECTOR: CARLOS KLEIBER
DEUTSCHE GRAMMOPHON 415 132-2 GH2 ADD
Pensarán ustedes que, una vez dicho todo lo que he dicho sobre la Caballé, ella es mi Violetta favorita. Pues no. En mi humilde opinión, si uno quiere gozar de verdad, en el sentido más profundo de la palabra, cada vez que Violetta Valery abre la boca, aunque sólo sea para respirar, tiene que oír la 'traviata' de Ileana Cotrubas. Sin ningún tipo de carencia técnica, resolviendo sin problemas todas las dificultades, Cotrubas nos da, por añadidura, una visión intensa y dramática del personaje sin un ápice de la sobreactuación en la que es tan fácil caer cuando se encarna una 'Dama de las camelias'. ¡Con qué chispa se ríe del mundo en el primer acto! Y, en el segundo, cuando el padre de su amante le plantea su "necesaria" separación ¡cuánto dolor contenido! Pero hay un momento en que podemos llegar a tocar el cielo con la punta de los dedos y es cuando, acto seguido, Violetta llora por unos segundos ante Alfredo y le hace saber que siempre le amará; es entonces, cuando él le pregunta por qué llora, cuando uno cree estar viendo cómo caen las lágrimas por la cara de la pobre muchacha mientras le responde: "Ya estoy tranquila... ¿lo ves? Te sonrío..." , para desembocar en el más apasionante "Amame Alfredo" que se pueda escuchar. Pero ahí no termina todo. En el tercer acto Cotrubas está literalmente al borde de la muerte. No le hace falta cantar para estremecernos cuando, al final de la carta de Germont grita "E tardi" o cuando, al llegar Alfredo al lecho de muerte, exclama como ninguna otra lo hace "Alfredo...". Por desgracia su "partenaire" está muy lejos de todo lo dicho. Plácido Domingo rompe en cada una de sus intervenciones el encanto y nos devuelve a la cruda realidad con una interpretación basta y exagerada. Su magnífico torrente de voz es sólo eso, como un diamante en bruto que queda en evidencia cuando intenta ir a un innecesario 'do' agudo al final de su 'cabaletta'. Del mismo modo, cuando un Alfredo loco de celos pregunta a Violetta, en la fiesta del segundo acto, si ama al Barón Douphol, sus gritos desaforados en el "Dunque l'ami?" parecen más propios de un hincha futbolístico lanzando exabruptos al árbitro, que de un enamorado, por más enfadado que esté. Milnes está perfecto en su papel sin desmerecer en nada en su diálogo del segundo acto con Cotrubas, a la par que conmovedor en su aria, "Di Provenza". Ya había anunciado que la perfección no existe. ¿Qué le vamos a hacer?
2 CD
JOAN SUTHERLAND, LUCIANO PAVAROTTI, MATTEO MANUGUERRA
NATIONAL PHILHARMONIC ORCHESTRA
CORO DE LA ÓPERA DE LONDRES
DIRECTOR: RICHARD BONYNGE
DECCA 430 491-2 DH2 DDD
Esta grabación realizada en el Kingsway Hall de Londres en noviembre de 1979 es, posiblemente, la que aporte una mejor calidad de sonido entre todas las comentadas. Por lo demás, cantantes y orquesta se mantienen en un nivel muy aceptable y sin grandes sorpresas, ni en positivo ni en negativo. Sí que hay una agradable novedad, cualquiera sabe si atribuible al maestro Bonynge o al coro: es la única versión en que podemos escuchar perfectamente cuadrado el difícil final del "Si ridesta in ciel l'aurora", que interpreta el coro para retirarse al finalizar la fiesta del acto primero. Tenor y soprano no necesitan mucho comentario. Pareja habitual en grabaciones de la DECCA, me quedo con muchas otras antes que su "Traviata"; sin ir muy lejos, con otro Verdi: el "Requiem". Ambos están más correctos que adecuados: la Shuterland oscurece en exceso las vocales y cambia de color en el agudo, si bien hay que reconocer lo impresionante del 'mi' sobreagudo con que corona su 'cabaletta'; al final mejora bastante, pero su "Addio del passato" vuelve a ser más 'bueno' que 'bonito'. Pavarotti posee la mejor voz de tenor que he escuchado nunca y censurarle en algo resulta casi ridículo. Su registro agudo y la nitidez de su timbre hacen que escucharle sea siempre un placer, al menos cuando canta en italiano. Su "Oh, mio rimorso" es un modelo ejemplar de cómo se debe cantar el fragmento y aquí el 'do' final no es un alarde innecesario, sino un regalo para el oyente. A pesar de todo, la grabación adolece de un tedio casi continuado, yo diría que inexplicable en algunos momentos como los dúos del segundo acto entre Violetta y los dos Germont. Manuguerra muestra también aquí su bonito y pastoso color de barítono con graves. La redondez de la emisión no le impide en absoluto ir a la zona aguda sin problemas al final de su aria principal.
2 CD
TIZIANA FABBRICINI, ROBERTO ALAGNA, PAOLO CONI
ORQUESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA
DIRECTOR: RICCARDO MUTI
SONY S2K 52486 DDD
Nueva grabación en vivo, en este caso con todas las ventajas de la técnica digital. El disco se editó con las tomas de sendas representaciones en La Scala los días 29 y 31 de abril de 1992, cuando el joven Alagna todavía no había firmado su contrato de exclusiva con EMI. No obstante, se le veía venir y aquí podemos apreciar sus mejores cualidades vocales y gozar de su facilidad y naturalidad consustanciales. Es el único, entre los comentados, que aborda en directo la 'cabaletta', aunque no se desmelena con el agudo final, ni falta que le hace. Algunos pasajes son muy conmovedores por su parte, como el "Parigi, oh cara" de la escena final, donde, para desconsuelo del oyente melómano, la Fabbrizini no le ayuda en absoluto. Parece mentira que un experto como Muti también pueda equivocarse en la elección de un buen elenco, pero aquí lo hizo definitivamente con la soprano, aunque en lo que le concierne como maestro, la versión es mejor que buena. Volviendo a la soprano, y sin ningún afán de ningunear, falla en casi todo: afinación muy imprecisa, vibrato exagerado, suciedad en las agilidades, agudos innecesarios y poco afortunados. Mejora notablemente cuando ya se está muriendo, cosa que uno llega a desear con fruición. Paolo Coni va bien en lo vocal, si bien su visión de la hipocresía paterna resulta un tanto exacerbada. Lamento que el final no sea feliz, mas, de este modo, quedamos en consonancia con el de la bellísima ópera que nos ha ocupado.
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