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Rigoletto, la maldición o la gran pasión de Verdi por un personaje

LIBRETO BILINGÜE - INTRODUCCIÓN

ALGUNAS VERSIONES DISCOGRÁFICAS

El orden de los intérpretes en las versiones reseñadas es el siguiente:
  • RIGOLETTO, barítono.
  • GILDA, soprano
  • EL DUQUE DE MANTUA, tenor
    Y en algún caso se menciona también a:
  • SPARAFUCILE, bajo
  • MADDALENA, mezzosoprano

    TITO GOBBI
    MARÍA CALLAS
    GIUSEPPE DI STEFANO
    Coro y Orquesta del Teatro alla Scala, Milán.
    Director: Tullio Serafin
    EMI Classics 7243 5 56327 2 (2 discos)


    Hagamos el esfuerzo de situarnos en 1956. Es así como mejor se escuchará y hasta apasionará este "Rigoletto" acaso más de Callas, Gobbi y Di Stefano que de Tullio Serafín. La inolvidable soprano, a la que se le percibe ya alguna dificultad para el agudo, es magistral en la intención y significación del fraseo. Resulta, no podía esperarse otra cosa, una personalidad en el decir y cantar. Hija amorosa, doncella enamorada hasta la locura de una entrega sin límites. Todo su canto, salvo las limitaciones señaladas, es el ideal de una creación madurada, cincelada en el más profundo sentir artístico. Su presencia, aunque no pueda ser más que reflejo sonoro, tiene una fuerza que anula, que aleja todo sentimiento que no sea admiración. Es, claro, una Gilda de referencia. Quizá sea ésta la razón principal del por qué este "Rigoletto" ha sido una de las grabaciones más veces reeditada.
    Quienes se entusiasman por las voces pródigas en el canto esforzado gustarán del Duque de Mantua de Di Stefano. No siempre su voz se muestra igualmente bella pero son muchos los momentos atractivos que hacen olvidar otros defectos. No da la imagen del duque elegantemente cínico sino más bien el de un apasionado libertino.
    En Tito Gobbi encontramos un "Rigoletto" de buen gusto musical, línea de canto sugestiva, aunque no siempre perfecta. Su caracterización tanto de bufón como de padre es de gran poder dramático, teatralmente perfecto. Tampoco puede olvidarse que su "Rigoletto" marcó el personaje de modo que ha tenido valiosos continuadores. No es perfecto pero algunas carencias vocales están más que compensadas por la "realidad" de su personificación. La Orquesta y Coro de la Scala no tienen la nitidez que sí encontramos ocho años más tarde a las órdenes de Kubelik. Por otro lado Serafin es el clásico y convincente gran profesional que mantuvo el estilo de los más típicos maestros líricos italianos, admiradores y respetuosos hasta el extremo en lo que se refiere a las voces. Los coros cantan en la línea verdiana más tradicional.

    DIETRICH FISCHER-DIESKAU
    RENATA SCOTTO
    CARLO BERGONZI
    IVO VINCO
    FIORENZA COSSOTTO
    Coro y Orquesta del Teatro alla Scala, Milán.
    Director: Rafael Kubelik
    Deutsche Grammophon 437 704-2 (dos discos)


    Con pocas limitaciones ésta es una grabación importante. Rafael Kubelik en 1964 dejó bien clara una perfecta comprensión con respecto a Verdi, más concretamente hacia "Rigoletto" como drama verdiano. Hay poco, mejor nada, que no convenza en cuanto a la plasmación total de la partitura. Un Verdi al que el director checoslovaco supo acercarse desde una opción musical de elegancia extraordinaria. Todo está dicho y hecho con claridad. El tratamiento de las voces, coros y orquesta resulta digno de una autoridad artística que supo llegar al corazón y alma de la obra. El partido que supo sacar de la orquesta de la Scala y a sus coros es fabuloso. No hay ningún exceso ni sobreinterpretación. Es el respeto máximo hacia una música que, sin duda, amó. Una limitación, la única de la versión, es que ese gigantesco artista que es Fischer-Dieskau no resulta el ideal de barítono verdiano. No se puede decir nada en contra de su hermosísima voz, de su técnica impresionante, de la perfección de su canto, pero no es "Rigoletto", no es el bufón humanísimo que emociona con su contrastante personalidad. Es un personaje excesivamente elegante, de un talante señorial por encima de cualquier otro interviniente en la versión. De todos modos yo no desaconsejaría a sus incondicionales su escucha. Se puede ser más adecuado, más convincente "Rigoletto", aunque difícilmente pueda cantarse mejor. Es por esto que puede admirar el músico, no el personaje.
    Renata Scotto es una Gilda cálida, perfectamente creíble como enamorada tanto como respetuosa, cariñosa con su padre. Su canto, hermosísimo, llega a entusiasmar tanto en su "Caro nome" como en los encendidos dúos con el Duque de Mantua o los acentos filiales que impregnan los mantenidos con su padre.
    Bergonzi, maestro en línea de canto, es un perfecto Duque. Una elegancia natural adorna su personificación musical, tanto como su convincente tratamiento del libertino. De su sobresaliente canto yo reclamaría atención especial en joyas expresivas como "E il sol dell'anima" o más aún en el inigualable "Parmi veder le lagrime". Pero hay más valores destacables en la interpretación como la adecuadísima y vibrante Maddalena de la Cossotto o el irreprochable Sparafucile de Ivo Vinco. La grabación es de pureza extrema, para deleite de cualquier apasionado de las sonoridades impecables.

    RENATO BRUSON
    EDITA GRUBEROVA
    NEIL SHICOFF
    Coro y Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia
    Director: Giuseppe Sinopoli
    Philips 412 592-2 (dos discos)


    Giuseppe Sinopoli, buen director que no siempre ha tenido críticas favorables, fue encargado en 1984 de añadir otro "Rigoletto" a los tantos existentes. Su conocimiento del mundo operístico es amplio. Tres años antes de este "Rigoletto" estrenó una ópera propia en Alemania, aparte de haber dirigido en los grandes coliseos líricos muchos títulos del más clásico repertorio. Podrán discutirse acaso algunos "tempi" en sus trabajos.; más difícil será negarle un conocimiento profundo de la interioridad de cada partitura. Es por este camino que encontramos la esencia de su concepto verdiano. Las voces, aunque suenan claramente, parecen estar muy sujetas a su condición de principal artífice del complejo operístico. Podrán chocar a algunos oyentes ciertas matizaciones o, como se ha dicho, algunas variedades, nunca exageradas, en los tiempos.
    Con Bruson parece encontrarse a gusto el director veneciano. El barítono recrea un "Rigoletto" de fuerte atracción. Bella voz la suya, con dicción exquisita y matizaciones que demuestran el talento vocal tanto como el dramático como bien refleja su perfecto "Pari siamo" revelador de una musicalidad no muy normal. Hay en toda su caracterización una línea muy natural, lógica en la progresión humana del atormentado bufón. Es, en definitiva, un artista interesante, músico de fino talento y uno de los "rigolettos" de mayor seducción que pueden escucharse en grabación.
    Edita Gruberova, vocalmente perfecta - ¡qué facilidad la suya para el canto!- es una dulce Gilda, de carácter, aunque asoma también la ingenuidad que parece propia de la pura enamorada del libertino Duque. Convence mucho más que Shicoff con la ternura que pone en los dúos con éste. Su brillante coloratura no tiene nada de convencional. Sentimiento y ternura encajan bien en los dúos con Bruson. Shicoff, que no es el Duque de Mantua ideal tampoco desentona del todo gracias a la buena materia de su voz y al trabajo de adaptación presumiblemente achacable a Sinopoli.
    Unos coros muy convincentes, una excelente orquesta y un muy destacable trabajo de grabación sitúan a éste compacto entre los que hay que tener en cuenta.

    LEO NUCCI
    JUNE ANDERSON
    LUCIANO PAVAROTTI
    NICOLAI GHIAUROV
    SHIRLEY VERRETT
    Orquesta y Coro del Teatro Comunale de Bolonia.
    Director: Ricardo Chailly
    DECCA 425 864-2 (dos discos)


    Sin duda, este es uno de los buenos "rigolettos" grabados en las últimas décadas. Un buen reparto. Chailly, excelente batuta concertadora y de enorme respeto hacia la partitura. Su trabajo con los cantantes denota la mejor tradición de los maestros italianos en el exacto camino de respeto a las voces, mimo más bien hacia éstas, pero sin caer en el desequilibrio entre ellas y la orquesta, ni en el exceso de los "tempi", solamente los propios que demanda una interpretación que cuida el calor de una versión de extrema elegancia, de nobleza lírica para dar vida a una de las obras capitales del más consistente arte verdiano. Es la visión de un joven maestro que se sabe en el punto de mira de una tradición, a veces excesivamente apegada a viejos moldes, que no olvida pero planteándose la revitalización de una partitura mítica a la que pueda añadirse todavía un cierto espíritu innovador. Una dirección vigorosa, rigurosa pero en la que cabe bien un cierto soplo de frescura.
    Leo Nucci, extraordinario cantante, da vida a un Rigoletto de especial atracción musical. Pueden convencer más otro tipo de barítonos que aporten mayor sentido trágico al gran personaje verdiano, pero el de Nucci es un bufón de musicalidad poco común. Voz espléndida, madurez interpretativa propia de un artista que sabe dar a sus personajes un toque muy personal, y en este caso concreto, de gran humanidad. El primer dúo con su amada hija es una muestra de amor filial sin exceso, dominando el arte interpretativo hasta donde dicta un tratamiento bien entendido de pasión y ciertos desgarros del padre que desea el placer de la venganza. Puede decirse que Nucci supo llegar al corazón del padre amoroso y atormentado.
    Especialmente en el acto segundo: "Cortigiani, vil razza dannata" y siguiente número, dúo con Gilda, esto es evidentísimo. ¡Admirable momento de Nucci y Anderson este final de acto!
    Gilda-Anderson convence más como gran cantante que en la captación del carácter de hija amorosa y mujer enamorada hasta la entrega de su vida por el amante. Dentro del bien equilibrado reparto la elección es acertada.
    Ardoroso amante Pavarotti-Duque de Mantua. La fuerza, poder, brillantez y belleza de su voz estan al servicio de un personaje al que da calor personalísimo. No tiene ningún problema, sino más bien lo contrario, para en concordancia con Chailly explayarse en algunos agudos no escritos en la partitura. La serenidad y naturalidad de su canto son otras bazas a su favor, tan sólidas y atrayentes como cuando cuatro años antes encantó en el mismo Duque de Mantua a las órdenes de Bonynge.
    Más que convincente el clásico Sparafucile de Ghiaurov. Shirley Verrett, aunque con voz excesivamente madura para Maddalena no desentona en absoluto.
    Resulta una grabación de extrema claridad con buen sonido en toda la obra. La Orquesta del Comunale de Bolonia y sus coros están a la altura del importante nivel musical que Chailly consigue de todos los intervinientes.

    GIORGIO ZANCANARO
    DANIELA DESSI
    VINCENZO LA SCOLA
    PAATA BURCHULADZE
    Coro y Orquesta del Teatro alla Scala, Milán.
    Director: Riccardo Muti
    EMI 749605 2 (dos discos)


    La de Muti es una versión seriamente verdiana. Respetuosa con la partitura hasta donde debe una acusada personalidad musical como la del maestro napolitano. Aunque para su grabación se escogió la edición crítica de Philip Gossett son muy pocas las innovaciones introducidas, prácticamente imperceptibles dada su levedad. El cuidadoso seguimiento de la partitura puede dar la apariencia de una relativa frialdad tratándose como en este caso de un "melodramma" en el que Verdi puso tanta pasión. Pero puede ser éste a su vez uno de los detalles donde el aficionado encuentre un punto de interés. No hay falta de pasión sino acaso un cierto control en lo dramático. Pero basta escuchar la atmósfera conseguida en el dúo Rigoletto-Sparafucile "Quel vecchio meledivami" para percibir la mano de una sensibilidad musical maestra en la sugerencia dramática. El siguiente número, el célebre soliloquio "Pari siamo" es un espléndido momento en el que Giorgio Zancanaro da la talla dramática de su personaje sin concesión a un exceso de dramatismo.
    Es Zancanaro un Rigoletto vigoroso, posiblemente algo corto en el reflejo de su amor de padre, pero de fuerza enorme en el retrato de su atormentado personaje. En el segundo acto, en "Tutte le feste al tempio" se acerca más al esperado padre apasionado por los problemas de Gilda.
    Sorprende un poco la elección de Vicenzo La Scola como Duque de Mantua. Su voz se muestra algo justa para la exigencias de su personaje y menos elegante de lo que se espera de un Duque. Difícil situarlo entre los Duques que el disco ha dado. Se agradece su entrega, pero le falta señorío para momentos tan bien dichos en el pasado como el "Parmi veder le lagrime".
    Daniela Dessí, gran cantante, es una Gilda si no ideal al menos muy convincente. Le falta algo de ligereza, aunque su voz discurre libremente. A veces resulta una voz más "spinto" de lo conveniente. A Paata Burchuladze no se le ha dado el personaje adecuado.
    Las fuerzas de la Scala, Coro y Orquesta, son instrumentos perfectos a las órdenes de Muti. En tal sentido este Rigoletto de 1989 es modélico. Gran presencia siempre tanto de las voces como de los instrumentos. Nada que no haga justicia a Verdi.