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 ÓPERA
 
I Puritani, de Vicenzo Bellini

LIBRETO BILINGÜE - INTRODUCCIÓN

ALGUNAS VERSIONES DISCOGRÁFICAS

María Callas (Elvira), Giuseppe Di Stefano (Arturo), Rolando Panerai (Riccardo) y Nicola Rossi-Lemeni (Giorgio)
Coros y Orquesta del Teatro alla Scala de Milan
Director: Tullio Serafin
Grabación EMI de 1953


Esta histórica grabación, la primera que se efectuaba en estudio de esta ópera, sigue siendo una referencia discográfica sobre todo por la interpretación de María Callas. La soprano greco-americana realiza una auténtica creación de Elvira. Ya desde su primera escena, el dúo con Giorgio, podemos constatar la capacidad dramática y el patetismo con el que Callas afronta el personaje, su facilidad en las agilidades, exhibiendo fáciles agudos y sobreagudos; canta impecablemente la polonesa "Son vergin vezzosa..." (lástima que en esta grabación se ejecute sin repetición). Su escena de la locura en el II Acto, resulta prodigiosa y, ya en el III Acto, la voz de Callas empasta muy bien con la de Giuseppe Di Stefano, quien nos deleita con su bellísimo timbre y su canto cálido; sin embargo, su registro agudo resulta tirante y forzado, aunque, obviamente, su registro sobreagudo es inexistente. El barítono Rolando Panerai resuelve bien la parte de Riccardo, faltándole, quizás, algo de lirismo y melancolía en su aria del I Acto. Sin embargo, canta muy bien en los momentos más dramáticos: enfrentamiento con Arturo "Ferma! invan, invan, rapir pretendi..." El bajo Nicola Rossi Lemeni, tiene también una actuación destacada en su dúo inicial con Elvira y en su bonito racontto del II Acto. Tullio Serafin dirige con gran maestría, los conjuntos del Teatro Alla Scala.

Joan Sutherland, Pierre Duval, Renato Capecchi y Ezio Flagello
Coros y Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino
Director: Richard Bonynge
Grabación DECCA de 1963


El musicólogo y director de orquesta Richard Bonynge y su mujer, la soprano australiana Joan Sutherland, han grabado para DECCA dos versiones de "I Puritani": la primera en 1963 y una segunda diez años después (muy superior a la primera). La razón de incluir esta primera versión, está en función de la magnífica voz que Sutherland exhibía en 1963; perfecta coloratura (la mejor del siglo), técnica prodigiosa, un escalofriante registro sobreagudo y una gran frescura vocal. Sutherland canta todas las notas escritas por Bellini para Giulia Grisi, haciendo una auténtica exhibición vocal, en la cabaletta de la escena de la locura "Vien, diletto, è in ciel la luna!..." canta también de maravilla la polonesa, con su correspondiente repetición. Magnífica actuación del barítono Renato Capecchi (un estupendo Rigoletto) quien canta muy bien su aria y cabaletta del I Acto. El bajo-baritono Ezio Flagello compone un Giorgio de Valton de gran entidad vocal, muy bien su intervención del II Acto, resultando heroico y vibrante dúo final en las voces de Capecchi y Flagello. En cuanto al tenor Pierre Duval, sin poseer una voz demasiado atractiva, canta muy correctamente, dando las notas sobreagudas pertinentes, aunque con cierto estrechamiento y blanqueo de la voz. Richard Bonynge dirige con solvencia los Coros y Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino.

Joan Sutherland, Luciano Pavarotti, Piero Cappuccilli y Nicolai Ghiaurov
Coros de la Royal ópera House, Covent Garden y la London Symphony Orchestra. Director: Richard Bonynge
Grabación DECCA de 1975


De nuevo la pareja Sutherland-Bonynge, con un Luciano Pavarotti, en el papel de Arturo Talbo, en su mejor momento vocal: bellísimo timbre, facilidad en las agilidades, acentuación precisa, cuidado fraseo y exhibiendo unos fáciles agudos y sobreagudos, muy timbrados y esquilantes. En el III Acto Pavarotti emite el contra-fa, escrito para Rubini. Sutherland sigue mostrando en esta grabación todas las cualidades vocales apuntadas en su anterior registro; la voz ha perdido algo de frescura, pero su interpretación ha ganado en dramatismo. Magnífico el Riccardo de Piero Cappuccilli: su lírico instrumento baritonal da el toque justo de tristeza y melancolía a su intervención en el I Acto, luciendo al final de la cabaletta "Ah! per sempre io ti perdei..." su magnífico registro agudo. La voz de Cappuccilli muestra una gran flexibilidad, ensanchándose en los momentos más dramáticos para tornarse heroica, en el dúo patriótico con Giorgio Valton, un impresionante Nicolai Ghiaurov.
Las arias y dúo del III Acto que Bellini tenía previstos para su versión napolitana, en las voces de Pavarotti y Sutherland resultan de una arrebatadora belleza. Magnífica la prestación de la London Symphony y los coros del Covent Garden dirigidos por Bonynge.

Monserrat Caballé, Alfredo Kraus, Matteo Manuguerra y Agostino Ferrin
Ambrosian Opera Chorus, Philharmonía Orchestra
Director: Riccardo Muti
Grabación EMI de 1979


Nos encontramos con una versión referencial, que podría haber sido antológica, si, jugando un poco a música-ficción, hubiese reunido de nuevo a María Callas con Alfredo Kraus como sucediera en La Traviata de aquella mágica representación en el Teatro San Carlos de Lisboa.
La orquesta se convierte en protagonista con un Riccardo Muti que consigue sacarle una amplísima riqueza de colores y a la vez una dulzura envolvente, con esos lentos 'tempi', que consiguen plasmar toda la belleza melódica de la partitura belliniana. El maestro napolitano dispone de un espléndido conjunto de voces, encabezado por Alfredo Kraus, posiblemente el mejor Arturo Talbo del siglo, auténtico heredero de Rubini. En esta grabación de "I Puritani", Kraus nos mostraba todas sus virtudes vocales: regulación dinámica, acentuación precisa, elegante fraseo, canto legato y unos agudos y sobreagudos emitidos con pasmosa facilidad, siendo capaz (por momentos) de ensanchar su lírico instrumento dotándolo de un inusitado dramatismo (enfrentamiento con Riccardo). Monserrat Caballé, en un espléndido momento vocal, nos ofrece toda esa parafernalia de recursos vocales que la han hecho famosa: timbre líquido, inverosímiles filados y efectos de 'sfumature' donde las notas quedan materialmente flotando en el espacio. Caballé compone una Elvira estilísticamente perfecta -sin el dramatismo patético de Callas, o los increibles sobreagudos de Sutherland- acudiendo a todas las demandas de la partitura belliniana. Matteo Manuguerra, con su bello timbre baritonal se convierte en el mejor Riccardo Forth discográfico; su aria del I Acto resulta de una tremenda belleza (Muti, en su afán filológico, tala el agudo conclusivo de la cabaletta).