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Otello, de Giuseppe Verdi
LIBRETO BILINGÜE - INTRODUCCIÓN
ALGUNAS VERSIONES DISCOGRÁFICAS
Más de cuarenta grabaciones de Otello esperan en el mercado a quien quiera acercarse a esta densa y profunda ópera, grabaciones que van desde 1932 hasta antesdeayer mismo. Hay, por tanto, donde elegir y hasta donde perderse. Además, tenemos la fortuna de gozar de la experiencia histórica de escuchar algunos fragmentos otellianos en las voces de sus propios creadores. Francesco Tamagno grabó en 1903 y 1904 los principales fragmentos a solo para tenor, mientras que Victor Maurel (primer Yago) registró en 1904 "Era la notte". Estas tomas son fácilmente conseguibles en diversas recopilaciones de diferentes sellos. Tras la senda del gran Tamagno, toda una pléyade de "titanici oricachi", de tenores de voz impactante y dotes canoras a prueba de bomba nos ofrecen sus aproximaciones al personaje tenoril de mayor esfuerzo: Zenatello, Martinelli, Slezak, Merli, Vinay, Del Monaco, Vickers y Plácido Domingo, éste último nada menos que con siete versiones completas. En nuestro examen discográfico nos limitaremos a las grabaciones de más aceptable sonido y realizaremos una panorámica de los tenores que han reincidido con mayor sabiduría en los compases verdianos. Los cantantes aparecen reseñados según el siguiente orden de papeles: Otello, Yago, Desdémona.
R. Vinay, G. Valdengo, H. Neill.
NBC Symphony Orchestra and Choruses
Director: Arturo Toscanini
RCA VICTOR GD60302. MONO. ADD
"Quizá la mejor grabación de ópera jamás realizada", dijo de esta versión James Levine, y argumentos no faltan para que esta vieja grabación de 1947 sea de ineludible referencia. Toscanini, a sus ochenta años, daba sopas con onda a los mejores directores del momento, sobre todo cuando de Otello se trataba. No en vano había participado, como segundo chelo de la Scala, en el estreno bajo las órdenes del propio Verdi, con quien más tarde discutió y pulió su visión de la ópera. Durante sesenta años la llevó por medio mundo, sentando cátedra en materia verdiana. Él mismo seleccionó el reparto de las transmisiones de la NBC de las que procede la grabación, con un sonido nada desdeñable. El chileno Ramón Vinay fue el Otello oficial de los años cuarenta y aquí sabemos por qué: por su voz de densidad granítica y perfiles berroqueños, de matices baritonales (llegó a cantar y grabar la parte de Yago) y de sonoridad atronadora. Valdengo es un cantante- actor de categoría comparable a la de Maurel, con una capacidad de seducción mediante los matices, la regulación y una media voz realmente asombrosa. Quizá no está a pareja altura Herva Nelli, aunque ya quisiéramos hoy Desdémonas como ella. Faltan las palabras para calificar la dirección de Toscanini: escúchenlo y sorpréndanse.
P. Domingo, J. Díaz, K. Ricciarelli.
Orquesta y Coro del Teatro alla Scala de Milán
Director: Lorin Maazel
EMI 0777-7-47450-8-6. DDD
Grabada para servir de banda sonora a la película de Zeffirelli, esta versión nos presenta al Otello por antonomasia de los últimos años. Plácido Domingo lleva cuarenta años encarnando al acomplejado moro, papel del que ha hecho su creación más completa y referencial. De sus numerosas grabaciones seleccionamos ésta, realizada en 1985, pues en ella encontramos al Domingo pletórico de voz y de fuerza, con sonoridades broncíneas y un magistral acercamiento a la faceta más humana del personaje. Junto a él, Justino Díaz compensa una voz no especialmente impactante mediante una vis dramática inmejorable (era, sin duda, el mejor actor de la película) que llega a hacernos más comprensibles los móviles del personaje. La Ricciarelli construye una Desdémona creíble sólo a medias, un tanto sosita, aunque no se pueda negar la belleza de su voz. La dirección de Maazel es algo irregular, con momentos de gran fuerza y otros más aburridos.
J. Vickers, T. Gobbi, L. Rysanek
Orquesta y Coro de la Ópera de Roma
Director: Tullio Serafin
RCA GD81969(2). ADD
Que Tullio Serafin es uno de los más grandes directores de ópera italiana es algo incontestable, pero por si alguien abrigaba alguna duda al respecto, aquí tiene una prueba de cargo. A los habitualmente irregulares conjuntos de la ópera de Roma, el experimentado maestro, conocedor como pocos de las voces y de sus necesidades sonoras, les hace exhibirse con una brillantez y un empaque pocas veces oídos. A sus órdenes, cantantes de sonoridades ampulosas y "squillo" poderoso. Tito Gobbi es uno de los Yagos históricos, con una encarnación dramática perfecta y una manera de decir su música realmente impresionante: su "Credo" suena como un arrogante desafío al todo el Universo. La Rysanek quizás tuviese una voz demasiado densa y dramática para lo que entendemos debería ser el carácter de Desdémona, pero escucharla es una verdadero placer. Vickers, a pesar de un timbre heroico y un esmalte sedoso, desluce su actuación por culpa de un fraseo quejumbroso que sólo funciona al final de la obra.
C. Cossutta, G. Bacquier, M. Price
Wiener Staatsopernchor, Wiener Philarmoniker
Director: Georg Solti
DECCA 440-045-2. ADRM
De las versiones de Otello firmadas por Solti, nos quedamos con ésta procedente de 1977, brillantemente remasterizada en 1993. Eran los años en que Solti exhibía una singular energía y un admirable pulso en sus interpretaciones operísticas, que años más tarde se hicieron más pausadas, y si alguna ópera exige una batuta rayana con la histeria ésa es Otello. Ya desde "Mio superbo guerrier" nos seduce y encandila la voz de Margaret Price, de un timbre finísimo y de resonancias angelicales. Su Desdémona es una de las más inocentes encarnaciones del personaje que puedan escucharse, sólo parangonable a la de Victoria de los Ángeles. Frente a la galesa, la rudeza del argentino Carlo Cossutta, un tenor abaritonado de voz densa (y algo oscura a veces) y fraseo nervioso que construye uno de los Otellos más obsesivos. Gabriel Bacquier se nos antoja un Yago plano y poco convincente, agravado por una ruda emisión.
M. del Monaco, A. Protti, R. Tebaldi
Wiener Staatsopernchor, Wiener Philharmoniker
Director: Herbert von Karajan
DECCA 440-245-2
Sea cual sea la opinión que se tenga sobre don Heriberto, no hay más remedio que reconocer que en el terreno verdiano alcanzaba cotas ciertamente magistrales, de inspiración, energía, articulación y dinámicas que encuentran muy escaso parangón. Si, como en este caso, tiene a sus órdenes a cantantes de estatura gigantesca, nada importa que estemos ante una grabación de 1960 que, por otra parte, suena maravillosamente. Si Vinay fue el Otello de los cuarenta, Mario del Monaco lo fue en las dos décadas posteriores, como lo atestiguan las diez versiones grabadas entre 1954 y 1966. Aquí se nos exhibe en sus mejores momentos; si la voz de Vinay era de granítica textura, la de del Monaco sería más bien de marmóreos perfiles, heroica como pocas y humana, demasiado humana. El suyo es un Otello siempre en pie de guerra, agresivo y monolítico. Reconozco que nunca solicité el ingreso en el club de "fans" de la Tebaldi, pero también he de reconocer que aquí está francamente insuperable, sin caer en la sosería de muchas Desdémonas de entonces (y de después también). Algo más que discreto resulta el Yago de Protti, poco metido en la compleja psicología de su personaje. Encontrarse a secundarios de la talla de Renato Cesari, Tom Krause o Fernando Corena es un lujo añadido de esta grabación.
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