Cavalleria Rusticana y Payasos
LIBRETO BILINGÜE - INTRODUCCIÓN
Versiones Cavalleria
Lina Bruna Rasa, Antonio Melandri, Afro Poli
Orq. y Coro de la Opera Italiana de Holanda. La Haya
Dirección: Pietro Mascagni
Bongiovanni GB 1O5O-2
ADD. 7 de noviembre de 1938
La versión casi pionera de Cavalleria es una toma en vivo de 1938, dirigida por el propio autor dos años antes de efectuar en estudio otra grabación -para La Voce del Padrone-, que es opción de referencia pero no se encuentra. En el documento procedente de Holanda -pese a una orquesta con bastantes limitaciones técnicas e imperfecciones- encontramos un excepcional aire melancólico, purificado a veces por una tonicidad rústica que nadie ha podido igualar. Raramente se ha respirado con tanta emotividad como lo hacen hacen aquí las sopranos en el coro de apertura, durante el que, además, revela Mascagni un penetrante olfato para el juego entre disonancia y consonancias. Bruna Rasa, su soprano, es verdaderamente Santuzza, algo que parece llegó a creer más tarde en la vida real. De timbre cálido, bellísimo empaste y algunas sonoridades rotundas (que no excluyen notas percutidas con violencia), tiene frases de auténtica leona. Poli es un barítono brillante -de utilté lo reputó Bergonzi-, teatral, adaptabilísimo y con agudos fáciles. En cuanto a Melandri, primer Calaf en el Liceo barcelonés, parece un seguidor desesperado de Pertile, al que a veces imita. Cierto declive patente en el gran dúo no le impide luego echar los bofes, extenuado y casi sin timbre, con tal de impresionar.
Maria Callas, Giuseppe di Stefano, Rolando Panerai
Orq. y Coro de la Scala de Milán.
Dirección: Tullio Serafin.
EMI Classics 5 56287 2 (con Payasos) ADD 1953
2CD
Serafin aplica los tintes apropiados a la obra de Mascagni, sin detenerse en preciosismos. Melodías expuestas con claridad, bajos nítidos, ello no excluye una calibrada tensión en que el carácter dramático del fruto es bien patente, aun sin remarcar casi nunca los sforzandi. En algún momento este equilibrio se afloja y en el Intermezzo cabe frasear con más variedad y entrega. Di Stefano canta siempre un poco a chorro abierto, según le lata el corazón. Mas el suyo es el entusiasmo de un auténtico fenómeno al que, al menos durante un tiempo, le cupo el privilegio de cantar desatendiendo la más elemental ortodoxia. Esta ópera, ya desde la Siciliana, se le adapta con idoneidad, y su adiós a la madre, sorprendentemente ponderado, es expuesto con gusto por el matiz. Callas se nos presenta con un Dúo impreso indeleblemente. El timbre no puede ser más emotivo en Voi lo sapete, así como el acento, la tensión de las líneas, la variedad de intensidades. El grave tiene tal espesor que, tras esta intervención, la voz de Ticozzi -superviviente la grabación de estudio del autor- parace casi la de una soprano lírica. Marrullero y rústico, casi en vano buscaríamos roles mejores para Panerai, entonces pletórico. El coro posee cierta estilización, pero se echa en falta una cuerda grave masculina algo más sólida.
Fiorenza Cossotto, Carlo Bergonzi, Gian Giacomo Guelfi
Orq. y Coro de la Scala de Milán
Dirección: Herbert von Karajan
Deutsche Grammophon 419257-2 (con esta numeración viene con Payasos). ADD 1965.
La versión de Herbert von Karajan supuso una bocanada de aire nuevo. Protagonismo de los muy experimentados coros y orquesta, en consonancia con la visión que él mismo contribuyó a imponer en los 6O. Experimentación colorística, precisión rítmica y también cierta falta de naturalidad. Su Intermezzo tiene un cuidadísimo tratamiento. Bergonzi encarna a Turiddu con total compostura y control, sin bandazos emotivos, como le era propio a este gran maestro, y Cossotto (que también canta impolutamente), exhibe la carnalidad de su voz, la pureza entonces intacta del esmalte. Guelfi acusa carencias en el legato pero la voz, recia y seca, tiene la robustez de un árbol y en la escena posterior al Brindis alcanza elevada altura.
Julia Varady, Luciano Pavarotti, Piero Cappuccilli
London Opera Chorus. National Philharmonic Orchestra
Dirección: Gianandrea Gavazzeni
DECCA 414 59O-2 (con Payasos). ADD 1976
2CD
El incombustible Gavazzeni, por su parte, nos ofrece una Cavalleria de maneras un tanto bruscas, aunque idiomáticas -por adecuadamente rústicas-. Planta sus reales en el Preludio con firmeza algo mecánica, aunque no tanto como para ahogar la expansión de los pasajes líricos. Las transiciones entre escenas son muy profesionales pero tal vez un poco cortantes. Arropa y a veces baña a los coros, cabe decir que adecuadamente y, si acaso, atribuir a la toma sonora ciertos efectos estentóreos. Aun teniendo en cuenta que se trata de un 'interno' la Siciliana, en cambio, está grabada con demasiada distancia. Al final no oímos un verdadero filado, sino la voz manipulada artificialmente. El auténtico festival Pavarotti comienza en su sigiente número, el Dúo con Santuzza, en el que asume por entero el timón de su voz inigualable. El 'Brindis' está llevado un poco rápido pero inunda los oídos de sonoridades puras. Tanto el 'Addio' como la parrafada anterior constituyen una aportación genuina, y durante aquél destaca la emisión de un espléndido si bemol pero todas las ostras, grandes o pequeñas, tienen perla. La Varady no es baladí. A finales de los 7O empezaba ya a mostrar las habilidades supremas que la convertirían en gran artista, resumidas en una: Varady no se limita a cantar, sino que siente y vive el personaje. La pronunciación, que luego mejorará, puede parecer un tanto errática, pero el fraseo es tan convincente como continua su determinación de ignorar los estereotipos. El final del aria, cálida, humanísima, es demasiado grave para ella y también en otros momentos («Abbandonarmi, dunque tu vuoi?») se pone muy al descubierto un origen netamente lírico (como el de la mezzo vallisoletana Carmen González, quien asume el papel de Lola). En el momento de esta grabación Cappuccilli era el primer barítono de repertorio italiano del mundo. Este hombre menudo, que en teatro era 'strepitoso', exhibe a pleno pulmón su voz tan rica y gallarda, cuyo despligue parece querer abarcar todo ese orbe que dominaba. La 'comare' es impresionante, pero acaso este desgarro sea menos sincero que el que oíamos en la grabación de estudio de Mascagni.
Versiones Payasos
Giuseppe di Stefano, Maria Callas, Tito Gobbi,
Rolando Panerai
Orq. y Coro de la Scala de Milán
Dirección: Tullio Serafin
EMI Classics 5 56287 2 (con Cavalleria). ADD 1954
2CD
En Payasos, una parcela tan de su competencia, Serafin vuelve a estar acertadísimo, demostrando su oceánico oficio en unos ajustados acompañamientos a los cantantes, dentro de una óptica menos vigorosa y dramática que la de su gran colega Molinari. Di Stefano es, ante todo, un artista de la voz, de la expresión arrebatada, del espasmo y el apremio, aunque para ello deba recurrir a sonidos sin plena cobertura más claramente que en Cavalleria. Su gran compañera Maria Callas, frente a tantas colegas que hacen gazmoñerías se sitúa en Camberra. Nunca es aniñada, ni ñoña (ni siquiera cuando se hace la tonta), aun cuando no sea ningún secreto que el CD no ha acabado de cogerle nunca el punto a la sonoridad tan peculiar y heterodoxa de su timbre. El Tonio de Titto Gobbi es, como acostumbraba, algo maléfico, casi un canto a la neurosis. En el Prólogo hace el mi natural escrito, lo que sin duda supuso un alivio para él, y en esta ocasión alivio y aplauso van unidos. Monti, habitual de la casa, es un Beppe delicado y algo corto.
Mario del Monaco, Gabriella Tucci, Cornell MacNeil, Renato Capecchi
Orq. y Coro de la Academia de Santa Cecilia, Roma
Dirección: Francesco Molinari-Pradelli
DECCA 421 8O7-2 (con la Cavalleria, sólo citada, de Giulietta Simionato) ADD 1959
2CD
Molinari-Pradelli está al frente de los conjuntos estables de la Academia de Santa Cecilia de Roma. Su vigor y el renovado impulso dramático no perturban, en ningún caso, una narración bien trazada en sus perfiles esenciales. La recepción tributada a Canio por los lugareños es festiva, sin caer en vocinglerías, y echó raíces en la afición de casi todos nosotros. Ensayando la obra de Leoncavallo, otro viejo maestro como era De Fabritiis recomendaba inistentemente al coro pronunciar muy nítidamente cada una de las sílabas, sin portamentos que comprometieran la inteligibilidad del texto, preceptiva que, a lo largo de la obra, Molinari observa escrupulosamente. Del Monaco, Canio ideal entre los de tinte y hechura dramáticos, combina bronce e intensidad, preservando como pocos la emoción más geninamente teatral. En su remarcado «No, Pagliaccio...» escupe a Nedda las palabras con una mezcla indefinible de desprecio y dolor. Tucci, considerada hoy dignísima, posee un cierto vibrato que nunca es grácil aleteo y, en lo que se refiere a MacNeil, la pasta baritonal de su voz es de primer orden, un lingote, mostrándose aquí menos unilateral y más variado que en su Cavalleria con la gran Giulietta Simionato.
Carlo Bergonzi, Joan Carlyle, Giuseppe Taddei, Rolando Panerai
Orq. y Coro de la Scala de Milán
Dirección: Herbert von Karajan
Deutsche Grammophon 449 727-2 (editada sola en la serie The Originals) ADD 1966
A Karajan le sigue gustando jugar con las dinámicas anchas, con los efectos de lejanía, con líneas o ritmos que tiende a remarcar especialmente, encaminado todo ello a crear una suerte de ilusión escénica. Aunque la orquesta a menudo esté en primer plano, acompaña muy bien a los cantantes y su comentario respira junto a éllos. Cuando se queda solo en la carpa, como sucede en el Intermezzo, su aportación del mismo cobra una intensidad admirable. Bergonzi vuelve a ser un maestro de la contención y el control, dueño de su voz en el sentido más profundo del término. Emite con claridad, igualando la posición y el sonido de todas las vocales y tiene algunos momentos inolvidables, como el ataque tan pulido y aéreo del «Vesti la giubba». Entre él y Di Stefano hay una diferencia muy clara: mientras que en Bergonzi la vibración se enriquece y la voz gana cuerpo gracias a su impecable colocación, en Pippo, en cambio, sucede algo parecido merced a la plenitud natural del timbre. Sin negar finura y cierta languidez a la Carlyle, sus diversas limitaciones vocales -entre éllas la escasa personalidad del material-, la hacen sólo ideal en la parte de la Commedia; mas óigase atentamente y se comprobará que a Panerai se le cae literalmente la baba por su Nedda. El gran artista que casi siempre es Taddei se muestra aquí, en la piel de Tonio, algo irregular. La emisión presenta algunas asperezas, el agudo se destimbra, o bien se desequilibra un poco, y toda suerte de asechanzas comprometen la morbidez. Pese a todo, se torna repentinamente conmovedor en el fragmento «Son ben che difforme», además de que durante la Pantomima sabe poner en juego sus probados recursos cómicos.
Luciano Pavarotti, Mirella Freni, Ingvar Wixell, Lorenzo Saccomani
London Opera Chorus
National Philharmonic Orchestra
Dirección: Giuseppe Patanè
DECCA (con Payasos) ADD 1977
El malogrado Giuseppe Patanè, residente durante años en Alemania, era hombre de notables recursos y gran memoria musical, volcados sobre todo en el teatro cantado. Aquí exhibe su proverbial control, un renovado impulso rítmico -no exento de trazos mecanicistas-, ello sin que esté tan presente como otras veces su habilidad para plasmar también la inspiración más lírica. Freni, de voz rica y timbrada, es casi ideal para Nedda, y sólo en algún momento, como el final de su aria, se encuentra un poco forzada, a causa de la presión sonora que ha ido cobrando progresivamente el acompañamiento orquestal. El Canio de Pavarotti es lírico como, sustancialmente, el de Björling también lo era (1). Lo que ocurre es que canta con tal firmeza, con tal seguridad, devanea con el micro en un flirteo tan permanente, que oponerle cualquier reparo grave sería simplemente no estar a su altura. Wixell, de voz hueca y emisión abombada, un auténtico buñuelo, conserva todavía cierto dominio cantando, y sabe dulcificarlas allá donde es requerido. Truculento como es, la 'Commedia' le va, aunque el agudo tienda en todo momento a clarearse. Saccomani no contrasta del todo adecuadamente con Wixell y, en el fondo, tiene menor jerarquía canora. Sus agudos están siempre atrás, como si la gola no quisiera soltarlos. Bello, en fin, que tuvo su hora, posee un material grato y pronuncia con claridad, pero canta siempre demasiado fuerte, incluso en la Serenata (una página, sin duda, que dejó marcada Schipa y, anteriormente a él, Anselmi).
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