El barbero de Sevilla, de Rossini
LIBRETO BILINGÜE - INTRODUCCIÓN
ALGUNAS VERSIONES DISCOGRÁFICAS
Prácticamente desde el día siguiente de su estreno -un sonado fracaso por motivos extramusicales-, el 20 de Febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma, el éxito de "El Barbero de Sevilla" ha sido imparable hasta erigirse en la ópera más popular de toda la Historia. Esta extraordinaria popularidad, sin embargo, provocó, de inmediato, arbitrarias alteraciones en la partitura, tanto en lo que se refiere a la parte vocal como a la instrumental, y esos abusos injustificados acabaron por deformar el verdadero espíritu de la obra, por lo que se hizo necesario una revisión en profundidad, labor que llevó a cabo ejemplarmente Alberto Zedda en su edición crítica de 1969 para la casa Ricordi. El papel de Rosina había sido escrito para una mezzo-contralto, pero muy pronto lo reivindicaron las sopranos ligeras, lo que suponía no solamente un cambio de timbre, sino algo más importante: de personalidad. Rossini escogió una voz grave, no exenta de agilidad y ligereza, para dotar a su criatura de unos sentimientos nobles, no reñidos con el orgullo y la astucia, que la hacían mucho más convincente que las de una tesitura aguda. Por otra parte un timbre cálido potenciaba el equilibrio fónico con la voz demasiado blanca de los tenores de entonces (sopranistas o "castrati"). Don Bártolo y Basilio se vieron con el paso del tiempo despojados de la dignidad que les había otorgado Rossini, confiándose sus voces a las de "bajos parlantes". Se sustituyeron los recitativos originales por versiones habladas y la instrumentación perdió muchos de su toques sugestivos a la vez que se le añadían sonoridades extrañas que empañaban la limpieza de su textura original. Por fortuna, la tendencia de hoy día es la del respeto a la voluntad del compositor.
Las numerosas (más de cincuenta) grabaciones existentes revelan los avatares que ha sufrido esta popularísima ópera en nuestro siglo. Suele señalarse la versión de Alceo Galliera como una de las primeras que ya en la segunda mitad del siglo (EMI, 1957) supo rescatar el espíritu de fino humor que impregna la partitura. Sobresale en ella la voz de la divina Callas, una Rosina, no en la ortodoxia que hoy se exigiría tímbricamente, pero de una cautivadora expresividad. Otro tanto podría decirse allí del Fígaro de Tito Gobbi. Referencial está considerada la de Claudio Abbado (DEUTSCHE GRAMMOPHON, 1972) por lo que respecta a la dirección orquestal y al elenco de voces, más en su conjunto que individualizadamente. Refinamiento casi mozartiano en la orquestación original y equilibrio tímbrico en las voces: Berganza, Alva, Prey, Montarsolo y Dara. Muy saludada en su aparación fue la de Riccardo Chailly (CBS,1981) con una especialista en Rossini: Marilyn Horne, aunque a la americana le van mejor incluso los papeles heroicos (piénsese en "Tancred"i). Antológicos son en esta versión el Don Bártolo de Dara, por madurez interpretativa, y el Basilio de Ramey. Nucci se mueve bien en Fígaro y no tanto Barbacini en Almaviva. Estas tres versiones están en el mercado actualmente descatalogadas, aunque suponemos que serán reeditadas en breve, por lo que pasamos a comentar las únicas que en CD están, al parecer por el momento, disponibles.
Ettore Bastianini, Giulietta Simionato, Alvinio Misciano, Fernando Corena, Cesare Siepi, Rina Cavallari, Arturo La Porta, Giuseppe Zampieri.
Orquesta y Coro del Maggio Musicale Fiorentino.
Director: Alberto Erede.
LONDON 443 536-2 2 ADD.
Es esta una vieja versión de 1956 que en conjunto queda bastante lejana de la actual sensibilidad. La dirección carece de ligereza y abundan los pasajes en los que resulta un tanto tosca. La voz más interesante es la de Siepi, en Basilio, que impresiona por su expresividad. La Rosina de la Simionato no carece de agilidad y de calor, pero no resulta una voz joven y seductora, sobre todo en los agudos donde se aproxima a la distorsión. Con todo, está muy por encima del Almaviva de Misciano, tenso y poco convincente. Si Bastianini no se hubiera puesto a veces tan solemne en su papel del barbero y Corena no hubiese exagerado tanto el lado cómico de Don Bártolo, sus personajes se nos aproximarían, pues hay en ellos viveza y teatralidad. Muy posiblemente sobre las tablas, no en el registro a secas, ganarían en veracidad. Escuchar hoy esta versión puede servir para constatar cómo se ha evolucionado positivamente en la recepción de Rossini.
Sherrill Milnes, Beverly Sills, Nicolai Gedda, Renato Capecchi, Ruggero Raimondi, Fedora Barbieri, Joseph Galiano, Michael Rippon.
London Symphony Orchestra y John Alldis Choir.
Director: James Levine.
EMI 7243 5 66040 2 5 2 ADD.
De 1974 data esta versión de un joven Levine que se mostró muy respetuoso con la integridad del texto. Tiene interés su dirección porque en ningún momento es aburrida, ¿pero es ese Rossini? Más parece, exagerando algo, que estemos oyendo a Verdi o casi a Wagner por la densidad y los contrastes que le imprime. Acelera los "crescend" con tal vehemencia que se pierde precisamente el efecto. Levine parece otorgarle el protagonismo al foso, o así nos lo parece a falta de una mayor relevancia en las voces, entre las que destaca la de la soprano Beverly Sills, amplia, generosa, modulada, dulce, pero en una tesitura que no fue, como dijimos, la concebida por el compositor. Sí, sin embargo, resulta muy rossiniana la del Basilio de Raimondi, con una frescura y limpieza que la hacen sencillamente inolvidable. Gedda y Capecchi decepcionan. Una versión en la que la fogosidad de Levine se impone y arrincona la añorada ironía.
Thomas Allen, Agnes Baltsa, Francisco Araiza, Domenico Trimarchi, Robert Lloyd, Sally Burges, Matthew Best, John Noble.
Academy of St. Martin-In -The-Fields.
Director: Neville Marriner.
PHILIPS 411 058-2 3 Digital.
Lo que se echa en falta en las lecturas anteriores tiene en esta de Marriner, de 1982, una satisfactoria presencia. Para muchos es en conjunto la más recomendable, y a ellos me sumo dentro de las limitaciones que supone tal recomendación, pues no hay grabación comparable a una representación en vivo con las sorpresas que pueda conllevar. Marriner ha conseguido ofrecer un producto excelentemente equilibrado. A su dirección, fina, inteligente y rigurosa con la escritura original , ha añadido un elenco vocal muy interrelacionado. La pareja de enamorados se complementa muy bien, como la del amo y señor, o la del tutor con su pupila y su consejero. Creo que es la gran virtud de esta versión. Y puesto a hacer elogios, corto me quedo si resalto la sensualidad y calidez de Agnes Baltsa, la elegancia de Araíza, la exuberancia de Allen, la dignidad de Trimarchi, un barítono y no un bajo bufo en Don Bártolo, y la gracia y malicia de Lloyd. Hasta los papeles secundarios están aquí especialmente cuidados. Un buen "Barbero" que invita a asistir a cualquier teatro donde se represente esta obra maestra del humor musical.
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