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 LA MÚSICA Y YO
 
Fernando Martínez Vidal, Concejal Delegado del área de Cultura, Educación, Juventud y Deportes del Ayuntamiento de Madrid

Siempre he pensado que la música es mi vocación frustrada. Desde que tengo uso de razón recuerdo estar unido a ella. Durante varios años, y hasta que me cambió la voz, los curas me soportaron en el coro del colegio y después mis padres -seguramente por aquello de que lo mejor que se puede dejar a los hijos es una buena educación-, tuvieron el acierto de introducirnos a mis tres hermanos y a mí de lleno en la música. Así, entre los 9 y los 14 años, estudié solfeo y la guitarra fue el instrumento que mejor he llegado a conocer.

Desde entonces, la música me ha acompañado siempre, hasta tal punto que todavía hoy tengo que escuchar en casa eso de "está claro que este chico ha equivocado su carrera", cuando me escuchan cantar solo o no puedo evitar tararear alguna melodía en la mesa. Y quizás tengan razón.

En cuestión de gustos, siento no ser original, porque si tuviera que elegir a un solo compositor para llevarme a una isla desierta sin duda ese sería Mozart. En cambio, quedarme con una sola pieza como favorita sería más difícil, aunque no sé por qué siempre acabo poniendo el "Canon" de Pachelbel.

Pero aunque no me haya dedicado a la música profesionalmente, creo que es compatible con cualquier actividad, quizá porque la propia vida es una fantástica partitura que a cada uno nos toca interpretar y porque no pasa un día sin que no te pares un momento a disfrutarla.

Además, hoy tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta y que no es otra cosa que el servicio a los demás. Ser un buen concejal supone sobre todo saber escuchar y, mira por donde, ese "buen oído" del que siempre he presumido, me viene aquí como anillo al dedo.

Si ser concejal de la capital de España es un privilegio, ser el responsable de Cultura es un auténtico lujo. Porque, desde este puesto, puedo contribuir a difundir la música, sobre todo entre los más jóvenes y poner los medios para ayudar a esos nuevos valores. Nuestro Certamen de Jóvenes Creadores, el Concurso Nacional de Violín, la red de Escuelas Municipales de Música o el servicio que prestamos a través de la Biblioteca son algunos ejemplos de este empeño. Igual que acercar la música clásica a tanta gente que de otra forma no tendría oportunidad de disfrutarla, por eso nuestra programación cultural de Semana Santa, Veranos de la Villa y Navidad se basa fundamentalmente en conciertos y, cómo no, en la promoción de la Zarzuela, que para eso estamos en Madrid.

Mientras escribo estas líneas en mi despacho de la primera planta del Cuartel del Conde Duque escucho a mis pies el concierto de cada lunes en lo que fue la antigua capilla, hoy convertida en Auditorio. Si el año pasado fue Rodolfo Halfter, en esta ocasión es Joaquín Rodrigo al que el Ayuntamiento de Madrid ha rendido también merecido homenaje en su Centenario.

Pero así como disfruto de la música clásica, confieso que también me interesan otros géneros y movimientos. Algunos de esos músicos "modernos" que hoy escuchamos serán clásicos mañana. Por eso a veces me olvido de Mozart por un rato y pongo a Andrew Lloyd Weber, a Jean-Michel Jarre o a los Beatles. Quién sabe si dentro de unos siglos el que ocupe este despacho escuche sus melodías subir desde la misma capilla. Y es que la música no deja de ser un regalo de Dios.