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| LA MÚSICA Y YO |
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José Miguel Ruano León, Consejero de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias. "La universalidad musical de Canarias"
Vivir en un territorio como Canarias, en donde la influencia de múltiples culturas ha sido continua, nos confiere a los que vivimos en estas Islas un determinado carácter aperturista que nos dota de una predisposición especial para absorber y disfrutar de todas aquellas aportaciones que han enriquecido nuestra cultura musical.
Y es precisamente en ese ámbito de universalidad donde me es difícil enclavar mis gustos musicales que comienzan, desde nuestro folclore más popular o los tradicionales conciertos de nuestras queridas bandas de música hasta la posibilidad actual de disfrutar, en Canarias, de dos prestigiosas orquestas de primer rango estatal así como de obras de compositores canarios que están poniendo de manifiesto la importancia de nuestro Archipiélago en el panorama musical
Creo, sinceramente, que pocas Comunidades Autónomas en nuestro país gozan de la pujanza de la vida musical que se da en Canarias. En un territorio poblado por poco mas de un millón y medio de habitantes, contamos con orquestas como la Sinfónica de Tenerife o la Filarmónica de Gran Canaria, dos importantes temporadas de Ópera y la sociedad privada de organización de conciertos más antigua del país -la "Sociedad Filarmónica de Las Palmas"- con más de ciento cincuenta años de historia. A todo ello hay que añadir el Festival de Música de Canarias, auténtico buque insignia de nuestra actividad musical, cuya importancia y prestigio no voy a glosar ahora por ser de sobra conocido.
En cualquier caso nada de ello es producto de la casualidad, muy al contrario una sólida tradición lo avala. Canarias, por su situación geográfica, siempre ha sido punto de comunicación entre tres continentes, Europa, América y Africa. Desde el descubrimiento, nuestras Islas se convirtieron en la última referencia europea y, por lo tanto, puente obligado en las comunicaciones con el continente americano.
Durante parte del siglo XVIII, todo el XIX y la primera mitad del XX, las orquestas y compañías de opera y zarzuela europeas que se desplazaban en gira al nuevo continente, fundamentalmente, Cuba y Argentina, hacían la obligada escala en Canarias, aprovechada para realizar numerosas actuaciones que dan origen a una importante actividad y configuran una sólida afición musical, germen de nuestro actual panorama.
Con la llegada de la democracia y el consiguiente autogobierno nos planteamos consolidar todo ese acervo musical creando el Festival de Música de Canarias que nació con tres objetivos fundamentales perfectamente definidos: ofertar al público canario la posibilidad de acceder en vivo y con los mejores intérpretes a una parcela de la historia de la música vedada hasta ese momento, cual es el gran repertorio sinfónico de los siglos XIX y XX; en segundo lugar prestigiar en el ámbito internacional la imagen de Canarias proyectando hacia el exterior algo más que la tradicional de "sol y playa", y finalmente propiciar la venida de un turismo específicamente cultural distinto al que tradicionalmente nos visita.
Después de dieciocho ediciones, el grado de cumplimiento de dichos objetivos podemos calificarlo de razonablemente satisfactorio, al menos en cuanto a los dos primeros se refiere. Sin embargo aún no hemos podido abordar con garantías la promoción seria del turismo musical porque la extraordinaria aceptación de nuestro público copó el aforo, exiguo por otra parte, de los tradicionales recintos del Festival, El Teatro Guimerá en Santa Cruz de Tenerife y el Teatro Pérez Galdós en Las Palmas de Gran Canaria.
La puesta en marcha del Auditorio Alfredo Kraus y la próxima apertura del Auditorio de Tenerife, combinada con una acción específica de la Consejería de Turismo y Transportes del Gobierno de Canarias nos permite contemplar con optimismo el cumplimiento de ese tercer objetivo aún relativamente pendiente.
Con respecto al contenido estrictamente programático del Festival, los parámetros que lo rigen son la universalidad y la calidad en cuanto al repertorio global tradicional, con un cuidado especial para dos aspectos específicos: la potenciación de nuestras orquestas en el sentido de programar obras que por su coste y complejidad tendrían difícil encaje en las temporadas normales y propiciar además el concurso con ellas de solistas de primer orden, y la atención a la música contemporánea.
Pensamos que el Festival no puede limitarse a ser un "contenedor", una especie de museo, del repertorio tradicional -sin negar su importancia-. Por su propia supervivencia no debe volver la espalda a lo que los alemanes denominan "Musik der Zeit", la música de nuestro tiempo, y no solo contemplarla en la programación, sino potenciar su creación. Es por lo que presentamos en cada edición al menos dos estrenos absolutos, encargos directos del Festival, uno a un compositor de renombre internacional y otro a un español, que se graban y editan posteriormente en CD.
Uno de los vectores importantes que definen el grado de desarrollo y madurez de las sociedades actuales es el grado de actividad cultural que generan en su seno. En ese sentido en Canarias nos sentimos especialmente satisfechos, no solo en la vertiente musical, también en el resto de las disciplinas artísticas -cuyo análisis, aún somero, estaría fuera de lugar en este breve comentario-, que nos permite mirar esperanzados el futuro y abordar con optimismo este insólito arranque del siglo XXI.
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