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| LA MÚSICA Y YO |
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Xosé A. Sánchez Bugallo, Alcalde de Santiago de Compostela
Tengo que comenzar diciendo que mi formación musical es la de un aficionado sin estudios de Conservatorio, afición que se ha ido consolidando poco a poco y pasando por diferentes tendencias musicales, relacionadas con mis etapas de formación académica y de concreción ideológica.
Mis primeros recuerdos musicales están vinculados a los conciertos de la Banda Municipal de Santiago, que todos los domingos ofrecía en la Alameda y que este año celebra su 150 aniversario. En estos conciertos, a los que iba de la mano de mis padres, lo que más me impresionaba era el silencio que se producía al empezar a sonar un fragmento de zarzuela, pasodoble o vals. Yo creo que esto ha quedado fijado en mí desde la infancia, pues aún hoy la música significa, para mí, silencio.
En mi época de adolescencia para los estudiosos tenía gran importancia la llegada del verano con los cursos "Música en Compostela". Puedo asegurar que mi verdadera relación con la música clásica comienza en uno de estos años con la asistencia a un concierto de Andrés Segovia, que participaba en dichos cursos como profesor e interpretaba el "Concierto de Aranjuez"; eso causó gran impacto en mí, pues descubría la música de cuerda. Posteriormente pude fortalecer ese placer asistiendo a conciertos de música de cámara organizados por la Universidad de Santiago.
De mis años universitarios recuerdo una ambivalencia musical: por una parte mi compromiso político en contra de la dictadura me llevó a descubrir a cantautores como Daniel Biglietti, Mercedes Sosa, Raimon, Serrat, Lluis Llach, el colectivo más cercano a nosotros Voces Ceibes, los portugueses Cilia y Jose Afonso (inolvidable su concierto en el Burgo das Nacións)… y por otra, mi fidelidad a algunos conciertos de los "Jueves Musicales" de la Universidad.
En estos años de pobreza cultural, debidos a la dictadura, no imaginaba yo que la ciudad de Santiago de Compostela, de la que hoy soy Alcalde, iba a convertirse en uno de los centros culturales más importantes del país, especialmente en el ámbito de la música.
Cuando en el año 1989 se inauguró el Auditorio de Galicia, en aquel primer concierto pude comprobar la envergadura del proyecto que estabamos iniciando. Esa noche, inolvidable por muchas razones, empieza el verdadero despegue de la ciudad de Santiago de Compostela que después de más de diez años, es un ejemplo de crecimiento urbanístico, cultural y social, años en los que hemos trabajado, codo con codo, con el anterior Alcalde Xerardo Estévez.
A partir de este momento, mi afición por la música se va consolidando, pues tengo la oportunidad de que mitos como Teresa Berganza, Pilar Lorengar, Alfredo Kraus, José Van Dam, Brigitte Fassbaender y grandes orquestas como las Sinfónicas de Chicago, Berlín, Checa, Staatskapelle de Dresde, Filarmónica de Israel… dirigidas por los mejores maestros Abbado, Mehta, Baremboim, Celibidache, Sinopoli, Maazel y tantos otros, hayan pasado a lo largo de estos años por la programación estable del Auditorio de Galicia. Pero todo esto, no tendría sentido sin la producción cultural propia que hemos podido consolidar con la creación de la Real Filharmonía de Galicia y la Escuela de Altos Estudios Musicales de Galicia.
La orquesta, que ofrece alrededor de cien conciertos al año, viaja por todas las ciudades y villas gallegas generando así, un proceso de cultura viva en la que pueden participar grupos de ciudadanos que hasta ahora no habían tenido fácil acceso al mundo de la música clásica.
Todo ello se debe, en parte, al especial carisma del maestro Helmuth Rilling que ha sido capaz de establecer una comunicación especial con la ciudad y con los profesores de la Real Filharmonía, haciendo que cada uno de sus conciertos se viva en la ciudad como un auténtico acontecimiento.
Pienso que detrás de los hechos importantes siempre se encuentran las personas que los hacen posibles, en este sentido es justo reconocer la imaginación, el tesón y el esfuerzo del equipo del Auditorio de Galicia.
Quisiera finalizar comentando que le debo mucho a la música, y que la música ha sido absolutamente solidaria conmigo puesto que no me ha exigido ningún conocimiento previo para adentrarme en ella. Cuando asisto a un concierto me dejo llevar en silencio por lo que allí se está interpretando y la música tiene la capacidad de despertar en mí aquello que lo seres humanos tenemos más oculto: los sentimientos.
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