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| LA MÚSICA Y YO |
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Francisco Vázquez, Alcalde de La Coruña
Mis primeros recuerdos con la música se remontan a mi infancia, cuando con mi madre asistía a los conciertos que organizaba la Sociedad Filarmónica de La Coruña, una de las más antiguas de nuestro país. Claro que allí no había ni rastro de las grandes orquestas y conjuntos que, en aquella misma época, actuaban en grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Únicamente cuartetos y tercetos que una inexistente educación musical me impedía disfrutar al cien por cien. Yo era en aquel entonces lo que se podría denominar como un aficionado musical sin pulir.
Ahora, cuando veo a los miles de chavales que asisten en nuestra ciudad a los Conciertos para Escolares que organiza nuestro Departamento de Educación y la Orquesta Sinfónica de Galicia, cuando veo el esfuerzo que realizaron y realizan tantas personas para que en nuestra ciudad los jóvenes puedan gozar de una educación musical de primer orden, puedo decir de una forma vulgar pero muy gráfica, que se me cae la baba.
No deja de ser una satisfacción para mí el que La Coruña haya recuperado el esplendor artístico y cultural que se vivió en el siglo XVIII y parte del XIX. El puerto de la ciudad fue, durante muchos años, un lugar de paso de las grandes giras que orquestas y teatros de ópera organizaban por las, en aquel entonces, colonias latinoamericanas: Buenos Aires, La Habana, México... El puerto de La Coruña, también el de Vigo, y su proyección exterior permitió que esta ciudad contase con teatros cuando nadie o casi nadie los tenía.
En esta ciudad se pudieron escuchar todas las sinfonías de Beethoven en su propia época interpretada por los mejores directores del momento. Todo esto dejó un importante poso de tradición musical que ni los avatares de la historia, ni la guerra, ni la posterior dictadura, pudieron debilitar, sobre todo gracias al esfuerzo de instituciones como la Sociedad Filarmónica o un coro más que centenario como El Eco.
Cuando por fin accedí a la alcaldía, esta historia de la ciudad pesaba demasiado como para obviarla y motivó el impulso a la cultura musical que desde entonces anima todos nuestros esfuerzos. Claro que, además de esta razón histórica que, como responsable de la marcha de esta ciudad, no puedo obviar, hay una segunda razón que me impulsa a seguir en esta línea marcada: la obsesión de que los niños de esta ciudad tengan la oportunidad que ninguno de mi generación tuvo.
Y creo que hasta la fecha hemos conseguido mucho. En estos momentos la Orquesta Sinfónica de Galicia es un referente para todo el país; han proliferado las escuelas musicales hasta un punto jamás imaginado y las becas que el ayuntamiento concede a músicos gallegos están sirviendo para conseguir un magnífico nivel cultural y musical, hemos conseguido implicar a entidades privadas en todo este esfuerzo económico, lo que garantiza la continuidad de todo este proceso. Finalmente la consolidación del Festival Mozart en nuestra ciudad marca un nuevo nivel y me produce una gran satisfacción.
Pero es mucho lo que queda por hacer. En mis continuos viajes no dejo de descubrir referentes que, para nuestra ciudad, deben convertirse en importantes objetivos.
En La Coruña ya es posible ofrecer representaciones de ópera con las mismas garantías de calidad en las producciones como sucede en ciudades como Madrid, Barcelona o Sevilla, con la puesta en marcha de la transformación del Palacio de Congresos-Auditorio de La Coruña en un teatro de ópera. Como alcalde, y también como simple ciudadano, me llena de orgullo y satisfacción el cambio que se opera día a día en la ciudad.
En ocasiones la gente, en los conciertos, se acerca y me habla de música. Me hablan de sus preferencias, de sus intereses particulares sobre la música. Yo debo reconocer que como mero aficionado soy muy clásico en mis preferencias. Amo especialmente el barroco y el clasicismo y reconozco que me cuesta mucho superar la barrera que supone para mí el siglo XX.
Bach, Mozart y Beethoven forman parte de mi repertorio habitual, pero manifiesto una especial debilidad por la música descriptiva rusa del fin del XIX. También obras como "Mi patria", de Smetana, me resultan fáciles de seguir por el aspecto narrativo que tienen. Toda esta música es para mí un solaz que me ayuda a abstraerme de los problemas y claro, cuando necesito una música que me levante el ánimo escucho al Coro del Tabernáculo Mormón, uno de los mejores coros del mundo y que espero que algún día visiten la ciudad.
Creo que un profano en temas musicales, como pueda serlo yo, juega con una ventaja sobre los demás, porque te dejas llevar por la música. Como simple aficionado hay músicas que me emocionan, como una antología de ópera cantada o una selección de arias cantadas por María Callas. "Casta Diva", sí, esta música me emociona hasta las lágrimas.
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