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| LA MÚSICA Y YO |
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Matías Prats
Desde muy joven tuve contacto con la música clásica porque mi padre, muy conocido por sus transmisiones futbolísticas y taurinas, tiene entre sus facetas desconocidas un profundo cariño y comprensión hacia la música clásica. Tiene una cultura musical extraordinaria, riquísima, cimentada a lo largo de muchos años de hacer una especie de continuidad en RNE en un departamento que se encargaba de emitir MÚSICA CLÁSICA y él nos impresionaba a todos los hijos cuando en casa escuchábamos la radio o en los viajes y sonaba alguna pieza, él sentenciaba: "Es Prokofiev; es Stravinsky; es Korsakov, etc.". Nosotros, que no le veíamos escuchar música en casa, nos extrañábamos y nos explicó en una ocasión: "Mi cultura ha sido labrada a base de muchas horas de estudio en RNE". A partir de ese momento le propuse acompañarle en alguna ocasión y así conocer los estudios y oíamos música. Así que fui el chaval que siempre le ha acompañado a sus retransmisiones y el único voluntario -de los tres hermanos soy el pequeño- en presentarse para acompañarle a esas horas, a veces largas e interminables, según el trabajo que tuviera cuando cubría guardia durante horas. Con él fui aprendiendo a amar la música clásica, aunque tampoco tenía muchas oportunidades porque yo era aún un colegial y se limitaba a esas horas, a esos ratos de charla, al margen de la música. En nuestra época, en los colegios la música era una absoluta ausente. Pero fui conociendo a los clásicos y empecé a tomarle gusto a ciertos compositores. En principio al más grande de todos, para mi gusto, Beethoven, sin olvidar a Mozart; de la mano de mi padre, que ha sido un lazarillo para mí en muchas cuestiones, conocí la vida y las visicitudes por las que pasaron estos hombres. Ya conocía a Mozart, sus andanzas y de la desproporción entre su obra y su personalidad, una vida breve, de intereses vulgares, etc., antes de que se hiciera popular a través del cine para todos públicos.
A lo que no podía acudir era a conciertos, porque no había muchas oportunidades. Durante aquella época sólo en dos o tres ocasiones pude hacerlo, fundamentalmente a la aparición, en los primeros años, de la OSRTVE, que nos enviaba entradas y los directores eran amigos de mi padre, y en alguna ocasión le acompañé.
Ahí se produce un intervalo en el que pierdo mi contacto con la música clásica y me acerco más a la música pop o moderna, también rica en matices. Igualmente, llevado por mi afán de aprender un poco el idioma de Shakespeare, fui conociendo a los otros clásicos, como Frank Sinatra, Math Monroe, a los que se llevaban entonces, al margen de los grupos como los Beatles, los Rolling Stones y en España, los Brincos, etc.
Pasado el tiempo, y cuando vuelvo a tener un poco de descanso, y me centro un poco más en mi vida, empiezo a trabajar y tengo la ocasión de "aislarme" y me emancipo, una de las cosas que hago es acondicionar un despacho e instalar un sonido estereofónico y un buen aparato de música, de forma que me reencuentro con aquellos compositores, permiténdome profundizar en la música más cercana y en la vida de los grandes compositores que han hecho música clásica en España: Albéniz, Turina, Granados, Rodrigo y, por supuesto, Falla.
Mis gustos han evolucionado claramente. Empiezo con Beethoven y Mozart, porque era lo que más se emitía en RNE y no está muy alejado del gusto de los melómanos y es una buena fuente y una genuina representación de lo que es la música clásica. Pero, posteriormente, me acerco al Romanticismo, a Liszt, a Schumman, a Brahms, a Schubert, a Berlioz, y, a raíz de acudir a cubrir unos acontecimientos deportivos que se producían siempre en fin de año, le tomé un cariño especial al "Día de los valses", y en mi discoteca ocupan un lugar preeminente Strauss, Sibelius, etc., y lo último que he conocido es la ópera. Tuve la ocasión de conocer a Plácido Domingo y a José Carreras. Me impresionaron su personalidad y su música. De ahí que también conozca a los grandes maestros, Rossini, Verdi, Puccini, etc., sobre todo cantados por un cantante con el que te encuentras a gusto, y, como en España, hay tantos y tan buenos como Kraus, Plácido, Carreras, etc. Pero no quiero olvidar a Gershwin, el gran compositor americano, y su "Rhapsody in Blue", de la que me enamoré. Por último, soy un gran amante de Bach, y en ocasiones me pongo la "Tocata y fuga" y me marcho de vacaciones.
Ser un periodista y un melómano se lleva muy bien, incluso acompaña y beneficia. Lo único "malo" es que no puedo dedicarle tiempo. La Música es un remanso de tranquilidad, de sosiego, de paz, incluso de inspiración y no dudo en forzar la situación para apartarme de las cosas y dedicarle aunque sea media hora a la música. No está reñido en absoluto con la profesión periodística. Por ejemplo, hay futbolistas, como Schuster, que toca muy bien el piano e intenta reproducir a los clásicos; otros tocan la guitarra. También conozco periodistas como Martín Benítez que reparte su afición al golf con la música. Hay muchos grandes profesionales que no pueden pasar sin escuchar un rato de música que les ayuda a centrarse a inspirarse y a tener, incluso, mejor calidad de vida.
Transmitir y fomentar que se escuche música y a los clásicos creo que se debe tratar el reconducir, asesorar y demostrar lo que supone conocer la música clásica. Afortunadamente, en los colegios hay un seguimiento y se da importancia al conocimiento de la música, además de la familia.
(A raíz de vuestra llamada comenté con mi padre....)
Yo no he transmitido ningún concierto, como en cambio sí ha hecho mi padre, que lo hizo en más de cuarenta ocasiones, pero sí he transmitido para RTVE los Treinta Años de la OSRTVE, y fue muy agradable. Estuvieron todos los directores vivos, interpretaron un sinfin de obras, etc., pero creo que no me atrevería a transmitir un concierto, conozco mi techo y creo que no sería capaz.
Di clases de guitarra, tenía una armónica que dominaba con un manejo normalito, y llegúe a contactar con la flauta, pero, en ningún caso he llegado a plasmar lo que quería. En cambio, lo fomento en mis hijos. En cambio sí "canté", en tono de broma, en "Clásicos Populares" ópera. Ya me habría gustado hacerlo bien.
Puedo compaginar, sobre todo los fines de semana, mi trabajo y escuchar música clásica, y en especial cuando estamos fuera de temporada, con el verano, con el descanso de los futbolistas, los acontecimientos deportivos, etc., y procuro que me siga la familia. Sobre todo mi hijo Matías, me acompaña en muchas ocasiones y parece que le va gustando.
La Música es algo intimista y motivo de relajación.
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