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 LA MÚSICA Y YO
 
Ana Botella

En el colegio no tuve lo que se entiende por una buena educación musical, como desgraciadamente, la mayor parte de los niños de antes. Sin embargo, tengo que reconocer que la música forma parte de mi vida y me acompaña siempre que me es posible.

La música es la más universal de las artes y está ligada, desde sus orígenes hasta nuestros días, a diversas raíces, formas y estilos que forman un intenso y rico patrimonio unido a lo más íntimo del ser humano. Es una de las actividades que más eleva el espíritu del hombre y, sin duda, la obra que más sobrevive a su autor. En la composición de una obra musical podemos apreciar la capacidad del hombre para crear. Los grandes músicos de la historia, Beethoven, Chopin, Mozart, Mahler, presentes gracias a su obra, permanecen a lo largo de la historia en la memoria colectiva.

Todas las culturas han tenido y tienen un referente musical propio, pero es en la cultura occidental en la que aparece más ligada a hechos de imprescindible referencia: el Canto Gregoriano, el desarrollo de la música polifónica en los siglos XVI y XVII y el gran periodo del barroco, una de las épocas más ricas y renovadoras de la historia de la música, marca el nacimiento del oratorio, la cantata y la ópera.

El auge de los instrumentos de cuerda y la destreza de los intérpretes favorecen el progreso de la sonata, la suite o la sinfonía y el esplendor de compositores imprescindibles como Bach, Händel, Haydn, Mozart o Beethoven.

Cómo no mencionar, en este rápido recorrido por la historia de la música, la época del romanticismo y las grandes obras sinfónicas de autores como Brahms y Bruckner; la ópera italiana de Rossini, Bellini o Verdi, la ópera alemana con Wagner. Más actual, el dodecafonismo y la música serial y, ya a mediados del siglo XX, la música electrónica y los más recientes experimentos cibernéticos.

En España nombres como Tomás Luis de Vitoria, Albéniz, Turina, Falla, Rodrigo o la saga de los Halffter, y los autores de Zarzuela, nuestro género lírico, como Ruperto Chapí o Jacinto Guerrero que son ejemplo de la vitalidad musical de nuestro pueblo.

Personalmente, la música me hace evocar momentos de mi vida. Una buena obra musical te "traslada" en sus notas a un recuerdo, a un instante, a un lugar. La música ejerce un poder de seducción: te aísla y te acompaña, te relaja o te excita, te entristece o te alegra. Admiro a los países de centroeuropa porque educan a sus niños, desde la primera infancia, en el conocimiento y la compresión de la música. Creo que en España se han perdido muchos posibles músicos por la falta de una buena educación musical.

En la actualidad, los científicos han investigado sobre sus funciones terapéuticas y rehabilitadoras, por ejemplo, en problemas de drogodependencia, autismo o dislexia. Recuerdo, en este sentido, a Los Niños de la calle del Padre Nicoló, una institución que trabaja en Colombia con niños marginados, sin familia: Gamines de la calle. Esta institución les recoge, educa y enseña a ejecutar un instrumento. En cuatro años, estos niños, que ingresan en la institución en un proceso de deterioro psíquico y físico, forman pequeñas orquestas que van recorriendo con su música las calles y suenan verdaderamente bien.

Pero, sobre todo, una de las funciones que ejerce la música, y por lo que recomiendo escucharla, es porque estoy convencida de que "amansa a las fieras", y en esta época de vértigo, velocidad y estrés, hay que buscar un momento de paz y sosiego en la belleza de un nocturno de Chopin arrancado de las teclas de un piano.