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| GUÍA PRÁCTICA DEL MELÓMANO |
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Escenógrafo y figurinista
Por Helena Kriúkova
Helena Kriúkova es profesora de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid
El trabajo de escenógrafo de teatro consiste en inventar espacios, mientras que el trabajo de figurinista estriba en inventar personajes.
Se trata de profesiones surgidas a finales del siglo XIX, inmediatamente después de la aparición de la figura del Director de teatro y que se han configurado y definido a lo largo de los tres primeros decenios del siglo XX.
Aunque desconocemos quién fue el primer figurinista de la historia del teatro, sí consideramos al suizo Adolphe Appia (1862-1928) y al inglés Edward Gordon Craig (1872-1966) artífices del concepto "escenografía", al ruso Victor Simov (1858-1935) - definido por Stanislavski como padre del nuevo tipo de pintores-directores de escena- primer escenógrafo y a la rusa Alexandra Exter (1884-1949), creadora de la teoría plástica del traje escénico.
Hoy en día, hay personas especializadas en una de las dos profesiones y personas con la capacidad de abordar el diseño de escenografía y el de vestuario simultáneamente. De hecho, el llamado espacio escenográfico puede ser constituido por el vestuario- ya que el traje escénico, entendido en el siglo XX como la segunda piel del actor, tiene la capacidad de funcionar a modo de un decorado móvil-, los accesorios, el atrezzo y la iluminación, sin tener que recurrir obligatoriamente a la construcción de decorados.
En la mayoría de las escuelas superiores, la escenografía y el figurinismo conforman una sola cátedra destinada a preparar profesionales aptos para desempeñar a la vez ambas funciones; aunque, fuera de España, también existen facultades dedicadas a la preparación exclusiva de figurinistas, por ejemplo, para el cine.
Para inventar o diseñar, el escenógrafo y el figurinista, tienen que saber pensar de una manera teatral y ser capaces de expresar sus pensamientos o ideas a través de bocetos de atmósfera, planos técnicos, maquetas y figurines; es decir, tienen que saber dibujar, pintar, delinear y construir. Para poder llevar a cabo su trabajo, los dos necesitan, talento aparte, conocer desde Historia de la Dramaturgia Universal, Historia del Traje y de la Moda y anatomía artística hasta técnicas escénicas, tipología de los tejidos, principios de la iluminación teatral y fundamentos de la dirección escénica. Han de tener la capacidad de leer en tres idiomas, como mínimo, cuestión ésta de gran importancia, dado que el 98% de los libros de la especialidad está publicado en francés, italiano, inglés, alemán, ruso, checo y polaco. También deben ser unos individuos con mucha resistencia mental y física, para poder pasar infinitas horas a solas consigo mismos, para aguantar los ritmos impuestos por la producción y para dialogar con dos personajes clave de todo montaje teatral, el director y el productor.
Hasta hoy en día, pervive en España la idea de que "diseñar es divertido" de por sí. Puede llegar a serlo cuando, tras unos cuantos años de estudio en una escuela especializada y de entrenamiento posterior a ésta, el escenógrafo-figurinista consigue pensar con emociones y sentir con el pensamiento, así como convertir el acto de inventar o de diseñar, en una disciplina y en un hábito.
Para inventar, para llegar a crear mundos imaginarios propios, el escenógrafo-figurinista necesita disponer de la experiencia vital y teatral, ya que la escenografía, tal y como la entendemos ahora, es una reflexión acerca del mundo y del ser humano que en él vive.
Es la concepción del espacio escenográfico la que determina la definición de los demás sistemas que intervienen en la creación del futuro espectáculo. Si el espacio escénico, lugar en el que se desarrolla la representación teatral, y del que forma parte el espacio escenográfico, es la materia del arte, la escenografía es el instrumento que nos permite pensar a través y mediante el espacio.
Existen varias maneras de abordar la futura configuración del espacio escenográfico. Tal vez la distinción principal se centra en elegir entre el segmento del mundo y el modelo del mundo. Dicho de un modo muy escueto, recurrimos al primero cuando consideramos necesario acotar cada uno de los lugares de acción cambiando el decorado cuadro tras cuadro, o entre actos, e ir construyendo la visión global mediante una sucesión de fragmentos a lo largo de la función. El modelo del mundo, expresado habitualmente a través del llamado decorado único, exige la sustitución del lugar "real" o de varios lugares de acción, por una especie de estructura o, a veces y según el texto, incluso por una categoría filosófica. A su vez, el diseño de vestuario nos ofrece tres vías posibles: de época, moderno y
mix. La última implica tener que inventar, o diseñar, un mosaico compuesto de prendas y pequeños detalles pertenecientes a épocas históricas y pueblos muy distintos, trajes populares incluidos, sin que la percepción del espectador se sienta violentada. El diseño de vestuario para El ensayo de tonadillas, por ejemplo, es un intento de fusionar los trajes de la segunda mitad del siglo XVIII con ciertos detalles característicos para los años veinte del siglo XX, así como convertir algunas prendas femeninas íntimas en trajes de calle. En cuanto al espacio escenográfico, la solución ideada por el director y el escenógrafo, se halla más próxima al llamado modelo del mundo. El procedimiento utilizado es el de la cajitas chinas: los decorados de las tres tonadillas ensayadas están implantados en el "escenario" del Teatro del Príncipe inaugurado como corrala en 1583, convertido en Coliseo en 1745 y llamado Teatro Español en 1849, el "escenario" está rodeado por los "camerinos" de dicho teatro, y ambos espacios están situados dentro de la caja italiana real de un teatro inaugurado en el año 1997. No se plantea reconstrucción histórica alguna. Sino que "tan sólo" una reflexión más acerca de los enigmas de ese espacio tridimensional, encerrado en una caja oscura y circundado por el aire, un espacio siempre extraño y misterioso. Se trata de re-pensar, una vez más, el Espacio Vacío. Es cuestión de inventar trepando por las imágenes como por una escalera. No es nada fácil; poco a poco.
No hay recetas para conseguir un buen espectáculo, que es el resultado de la simbiosis entre muchos sistemas: la dirección, la interpretación, la escenografía, el vestuario, la iluminación, la banda sonora- o la música y el canto- y la coreografía o movimiento. No obstante, una de las premisas imprescindibles que, quizás, permita a los autores del montaje acercarse al resultado soñado, es el entendimiento entre el director, el escenógrafo-figurinista y el iluminador.
Uno de los esfuerzos principales del escenógrafo-figurinista debe ir encaminado a lograr la fusión de la lectura e ideas del director con las suyas. La mayor conquista, tanto para el escenógrafo, como para el figurinista, es cuando el director asume sus propuestas hasta el extremo de que llegue a pensar que éstas han sido producto de su propia mente. Esto no resulta fácil y para conseguirlo, el escenógrafo-figurinista ha de tener ideas, ofrecer sus propias lecturas y saber estructurarlas visual y verbalmente. Y es que, esencialmente, el escenógrafo-figurinista es, junto con el director y el iluminador, un constructor de imágenes.
En cuanto a la iluminación, se trata de un componente primordial: el diseño de iluminación, según y como había sido concebido y resuelto, tiene la capacidad de salvar una escenografía malograda, así como de hundir en la más profunda miseria visual el mejor de los diseños.
Al igual que la mayoría de las profesiones, la preparación del futuro escenógrafo-figurinista exige la presencia de escuelas superiores especializadas. Desde hace muy pocos años, en España hay dos centros capaces de ofrecer esa preparación: el Institut del Teatre de Barcelona y la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático) de Madrid. De la RESAD, la primera promoción saldrá en junio del 2000. Es decir, aunque la profesión de escenógrafo-figurinista tiene, históricamente, unos cien años de vida y a pesar de que en otros países de la Europa occidental y del Este, las escuelas superiores especializadas en escenografía-figurinismo, existen desde hace decenios, en España estamos iniciando el camino hacia la normalidad, hacia la conciencia de continuidad que es indispensable para el buen funcionamiento de toda profesión.
Aprender a diseñar escenografías y vestuarios es muy difícil y además cansa. La cuestión consiste, talento aparte, en tener una voluntad férrea, una empecinada obsesión por la expresión y el aguante de un corredor de fondo. Se trata de una de las profesiones más complejas, delirantes y perfectas que el ser humano haya inventado. Se trata de vivir otras vidas a través de espacios escenográficos y a través del vestuario.
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