Inicio
 Melómano en pdf
 Tienda
 Discos: Recomendados
 Guía Práctica
 Claves
 Opinión Nuevo
 Especiales
 Grandes Obras
 Ópera
 Libretos
 Zarzuela
 La música y yo
 Entrevistas
 Promesas Cumplidas
 Consultorio
 Últimas portadas
 Registro
 Orfeo Ediciones
 Tus sugerencias
       
 
 GRANDES OBRAS
 
"Sinfonía nº2, "Resurrección" de Gustav Mahler: Morir para vivir
Por Carlos Tarín


II. Andante moderato
A pesar de todo, muchos directores no suelen observar la petición, quizá porque el contraste con el primer movimiento es grande, pero no insalvable -e incluso afín-. La muerte asola el inicio, pero lo que aflora aquí son recuerdos de juventud, seguramente de la naturaleza, a través de este "länder" que va ensartando todas las secciones. Armónicamente, el La bemol del tema mantiene coherencia -por relación mediántica inferior- con el Do menor finalizado precedente. Una estructura muy clara define la condición distinta del movimiento, con un estribillo repetido por tres veces y siempre variado, al que sigue un tema más inestable, que a su vez enmarca un episodio central.

Un grazioso y anacrúsico tema (A) es expuesto por el violín y seguido del acompañamiento de su sección, si bien es verdad que aunque el inicio corresponde alas restantes cuerdas que, tras el inicio a cargo de los violines, el resto de la cuerda se encargará de finalizar la idea, en esa típica melodía de timbres que aquí se esboza. Luego invertirá su dibujo, finalizando con un característico motivo de tres corcheas, que reaparecerá en las sucesivas transformaciones, siempre con carácter conclusivo.

Las trompas inician la siguiente sección (B), con una obstinada repetición de una nota en semicorcheas sobre el ritmo ternario del movimiento (3/8), que contrasta con la sinuosa melodía que presentan los violines, y nuevamente seguirá el resto de la sección. Obsérvese que se mantendrá esta dicotomía durante todo el pasaje: la melodía espressiva que iniciará la flauta y continuará el clarinete, así como después todo el viento, mantendrá una disposición "regular" frente a la que expone la cuerda, que continuará hasta el final con la figuración "chocante" de los tresillos; es más, la nueva entrada de los clarinetes conserva intacta la figuración rítmica de los compases 4 y 5 (A), cuya terminación evolucionará en la madera. El final consiste en una escala cromática descendente y un juego beethoveniano entre el motivo de tres semicorcheas antedicho en la madera aguda y grave, terminando en tres corcheas espaciadas, que se unirá con el inicio (la repetición variada) de A. La principal aportación de este nuevo estribillo será un bellísimo cantabile en los violonchelos bajo la melodía principal adornada.

Tan sólo este hermoso movimiento sufrirá una leve encrespación con una tema nuevo (C) expuesto en los violines. Pero en realidad sigue montado sobre los tresillos anteriores, con el tema melódico esencialmente similar. E incluso el juego beethoveniano, que admirábamos en la Quinta, de ir desproveyendo a estas semicorcheas cada vez de una nota menos -hasta dejarla en una-, dará pie a la última repetición de (A) como final en pizzicato.

III. (Scherzo)
Aunque no se menciona como tal, el tercer movimiento funciona a manera de Scherzo, en el que Mahler utilizará de manera irónica su lied sobre La predicación de San Antonio de Padua a los peces, cuyo contenido será de mordaz resolución, ya que los peces terminan por no comprender el mensaje del santo.

Unos decididos golpes de timbales introducen la bella e insinuante melodía. La orquesta entra con dos burlescos fagotes, a los que se suma pronto el resto de la madera. Los clarinetes, además, se enredan en esperpéntica cantilena, no exenta de ciertos aires orientales (que Mahler reconocía influidos por la tradición bohemia), los cuales definen el tema principal , junto a violines y otros camaradas (como un motivo intenso en el oboe). Es una especie de movimiento ininterrumpido de escalas de semicorcheas, sobre el que se irán moviendo los temas. Diversos esquemas cortos van salpicando la interminable arenga, hasta que el metal (trompetas y trompas, apoyados momentáneamente por los fagotes) irrumpe de forma abrupta en Re mayor a modo de Trío, con un motivo fanfárrico, aunque sin romper el sustrato de las semicorcheas, y sólo consiguiendo que el estentóreo motivo se integre en el tramado; señalemos que de nuevo una cuarta anacrúsica es el arranque del motivo, que guarda a su vez relación con otro expuesto en el Scherzo propiamente dicho por los oboes. Hay una respuesta clara y apuntillada en la madera, y cuando parece disolverse el intento, se vuelve a producir de nuevo una explosión del tema (Mi mayor), que la madera volverá a contestar, traspasando la idea a la trompeta para que oigamos un nuevo tema, de marcado carácter valsístico, que traerá de nuevo toda la sección inicial, ora amable, ora sardónica, que terminará en un estallido final, que anticipará el Juicio Final -aunque no alcanzará su magnificencia ni extremosidad-, encadenándose sin apenas resuello, mediante un golpe de gong chino al cuarto movimiento.

IV. Urlicht
Éste (Urlicht, "Luz primera") se inicia directamente en Re bemol mayor con una clara estructura (A-B-A'), una orquestación ensoñadora y la voz de la contralto entonando "¡Oh, pequeña rosa roja!", cuyo texto pertenece a la colección "El cuerno mágico del muchacho" (Des Knaben Wunderhorn). Estas palabras iniciales mantienen una línea ascendente, que serán repetidas por dos veces en las trompetas, invirtiendo la dirección del arco que han creado: son palabras de aliento y esperanza que parecen encontrar en la voz (aparece por primera vez en una obra sinfónica de Mahler) las respuestas a la sinrazón del mundo y de la muerte. Luego, con la madera, nos sobrecoge un coral sereno, solemne, profundo. Repentinamente, esa sensación coral se rompe por la entrada del clarinete (B) con un definitorio motivo de dos tresillos de corcheas y una negra; bajo su auspicio entrará la voz: Da kam ich... ("Iba por un largo sendero"), y luego encontrará en el violín un camino para expresar esa velada alegría esperanzada, que cristalizará en el segundo verso, en exultante La mayor: da kam ein Engelein... ("llegó un ángel y quiso hacerme volver").

La última estrofa del poema rechaza la idea de estar sin Dios, e inicia, volviendo a la tonalidad principal del movimiento, una ascensión progresiva (cromática en el bajo) sobre el motivo ascendente inicial, ahora disminuido para significar la elevación anhelante, que busca una luz que sólo Dios puede ofrecerle para poder alcanzar la vida eterna. La subida hacia esa luz se realizará a través de una octava sublime, que irá cayendo reposadamente, hasta volver al motivo inicial ascendente (dos negras-blanca), subrayado con las palabras eternamente, bienaventurada, culminando el pasaje sobre vida con una cadencia femenina sobre Re bemol, que acentúa la sensación de reposo alcanzado y la felicidad implícita.

Pág.ant Pág.sig