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Cuadros de una
exposición de Modest Mussorgski
Por Martín Llade
Vida
y pasiones de Viktor Hartmann
A pesar de ser la obra más famosa e interpretada de
Mussorgski, el motivo que inspiró Cuadros de una
exposición es más bien poco conocido por el
público. En realidad, pese a la pintura de vivos colores que
transmite la partitura, incluso en su versión original
pianística, la contemplación de los citados
cuadros puede llegar a defraudar al oyente respecto a la imagen mental
que hubiera podido crearse de ellos a través de la
música de Mussorgski. Y es que ni la cabaña de
Baba-Yaga era tan aterradora como nos la describió el
compositor, ni tampoco la Gran Puerta de Kiev resultaba tan
espectacular. En realidad, no todo lo que recoge esta
exposición son cuadros, sino que también hay
bocetos de cosas tan dispares como un cascanueces, un proyecto
arquitectónico para un concurso y los figurines de un
ballet, y, como nexo común, el universo creativo de un
artista maldito: Viktor Hartmann (1834-1873). Arquitecto, escultor y
pintor, Hartmann aplicó en su terreno el nacionalismo ruso
preconizado por los Cinco en la música. Huérfano
a temprana edad, quedó a cargo de su tío, un
célebre arquitecto. Sin embargo, él no
siguió directamente los pasos de éste, sino que
primero estudió Bellas Artes y después
comenzó a ganarse la vida ilustrando libros. El peso de su
apellido le permitió llevar a la práctica sus
diseños arquitectónicos. En 1859, con tan
sólo 25 años de edad, ganó un concurso
convocado para erigir un monumento en el Kremlin de Novgorod, con
motivo de los mil años de historia de Rusia. Hartmann
diseñó el monumento, si bien la estatua
conmemorativa de bronce, de quince metros de altura, fue confiada al
otro ganador del concurso, Mijail Mikeshin. A su vez, 129 estatuas
individuales, que incluían representaciones de Pushkin,
Glinka, Lermontov y Gogol, fueron erigidas en torno a la
edificación, alcanzando la obra el descomunal coste de
400.000 rublos, el más caro de la época en Rusia.
La suntuosidad del “Milenium”, como se
conoció al monumento, hizo famoso el nombre de Hartmann y
muchos años después de su muerte, durante la
Segunda Guerra Mundial, los nazis lo desmontaron con objeto de
llevárselo a Alemania, algo que finalmente no lograron
hacer.
Antes aún que Ivan Ropet, Hartmann comenzó a
introducir motivos rusos en sus proyectos arquitectónicos,
pero, sin embargo, y dado su carácter bohemio,
prefirió dispersar su talento en otras actividades, antes
que centrarse en la disciplina que le había dado a conocer.
Así, entre 1864 1868, y gracias a una beca, se
dedicó a viajar por Europa, realizando acuarelas y dibujos
de cuantos lugares llamaban su atención, como las
Tullerías o las catacumbas de París, y
también la ciudad polaca de Sandomir. A su regreso a Rusia,
Hartmann, que por aquel entonces también
esculpía, pasó a engrosar la famosa colonia de
artistas organizada por Sawa Mamontov en Abramtsevo, al norte de
Moscú, donde Sergei Aksakov había iniciado la
costumbre de reunir a escritores como Gogol y otros artistas, varias
décadas antes. Allí sus colegas Vasili Polenov y
Viktor Vasnetov diseñarían una iglesia rusa de
cuento de hadas, con un diseño y unos murales de
fantasía, que excitarían la
imaginación de otros artistas, como Rimski-Korsakov, que
halló la inspiración para La doncella de nieve en
las maravillosas construcciones al estilo medieval de Abramtsevo.
Hartmann aportó también varias esculturas a las
colecciones que allí se conservan y amplió su
círculo de amistades.
Uno de sus amigos de aquella época era el crítico
de arte Vladimir Stasov, hijo del gran arquitecto Vasili Stasov.
Stasov el terible
Stasov, que era temible por sus furibundas críticas, era
quizás la personalidad más importante en el mundo
artístico ruso. Fue él quien clamó con
más fuerza por la necesidad de liberar el arte de su
país del influjo occidental. A él se debe el
primer estudio sobre Glinka, escrito cuando éste
aún vivía, al que ponía como ejemplo
de artista ruso genuino. Sería además Stasov
quien proporcionase a los Cinco las directrices que les permitieron
constituirse como grupo y, lo que no es quizás menos
importante, fue uno de los descubridores de Tchaikovski, al que
apoyó en sus comienzos, convirtiéndose
después en su más virulento detractor. Otra de
las bestias negras de Stasov fue Iván Turgueniev, al cual
éste denominaba irónicamente “Nuestro
gran crítico de todo lo ruso”.
No es de extrañar que, vistas las credenciales de Hartmann,
Stasov se interesase por su obra. En 1870, el temible
crítico presentó al artista a Mili Balakirev,
que, a su vez, le dio a conocer a los otros integrantes de los Cinco.
Es de esperar que Stasov se disgustase cuando comprobó que
con quien más sintonizó Hartmann del grupo fue
con el alcohólico y bohemio Mussorgski. Aunque evitaba
criticarlo públicamente, ya que se consideraba el
“inventor” de los Cinco, la actitud de Stasov hacia
él era de indulgencia, cuando no de desprecio. Es sabido que
Balakirev le confesó una vez que encontraba a Mussorgski
“un poco idiota”, a lo que Stasov
replicó que para él era “un completo
idiota”. Es de preveer que ambos se hubiesen quedado helados
de saber que “el idiota” estaba llamado con el
tiempo a ser considerado, por encima aún de Rimski-Korsakov,
el gran genio de los Cinco y el más visionario de todos.
Una pérdida para el arte ruso
Por aquel entonces, Mussorgski estaba finalizando su ópera
Boris Godunov, pero sólo conseguiría estrenarla
de mala manera y tras arduas revisiones, debido a las numerosas
objeciones a su puesta en escena, realizadas desde el Teatro Mariinski.
Precisamente, al poco de conocerse Hartmann y el músico, el
primero diseñó los figurines de una puesta en
escena de Ruslán y Ludmila de Glinka en el citado teatro.
Por aquel entonces, Hartmann se hallaba más interesado en
las artes escénicas que en otra cosa, como lo prueba el
hecho de que participase en otro montaje, en ese año de
1871, pero esta vez para un ballet estrenado en el Bolshoi. Se trataba
de Trilby, con música del hoy olvidado Julius Gerber y
coreografía del legendario Marius Petipa, el hombre que
estrenaría El cascanueces y relanzaría el
olvidado Lago de los cisnes, también de Tchaikovski. Trilby
se inspiraba en un cuento del francés Charles Nodier y
Petipa decidió trasladar su ambientación de
Escocia a Suiza, imponiendo en el libreto numerosos personajes, entre
mariposas, pájaros y otros seres del bosque. Hartmann
realizaría un total de 17 diseños, entre ellos
los de unos llamativos polluelos a medio salir de sus cascarones...
Sorprendentemente, y pese a la amistad que se profesaron en los poco
más de tres años en que tuvieron trato, no parece
haber habido un solo amago de colaboración
artística entre Mussorgski y Hartmann. Algo que
sí se dio entre el músico y su
compañero de cuarto Arseni Golenischev-Kutuzov, sobre cuyos
poemas escribiría varias canciones. No se sabe a ciencia
cierta si, al igual que este último, Hartmann fue
también asiduo compañero de francachelas de
Mussorgski en su taberna predilecta de San Petersburgo, la Maly
Yaroslavets. Su carácter bohemio y extravagante y la
costumbre, similar a la de Mussorgski, de comenzar compulsivamente
obras que dejaba inconclusas, pueden dar a entender que sí.
Además, desde que se volviese alcohólico a los 25
años, tras la muerte de su madre, todos los amigos
íntimos del compositor (con la excepción,
quizás, de Rimski y algunos otros) eran, por lo general,
artistas que no hallaban mejor manera de revelarse contra lo
establecido que autodestruyéndose.
Sea como fuere, Hartmann falleció de un aneurisma el 4 de
agosto de 1873, lo que supuso un duro golpe para Mussorgski. Su amigo
sólo contaba 39 años de edad y hubiera podido
aportar aún muchas genialidades al mundo del arte...un caso
análogo al que sería el suyo propio.
La retrospectiva de 1874
La Academia de Bellas Artes de San Petersburgo quiso honrar a Hartmann,
uno de sus más brillantes miembros, y en febrero y marzo de
1874, se organizó una exposición retrospectiva
que comprendía cuatrocientas obras del artista, entre
cuadros, bocetos y estudios arquitectónicos. Al visitarla,
un afectado Mussorgski fue pergeñando la idea de recrear el
paseo de un visitante imaginario por las distintas galerías,
mientras le asaltaban las imágenes concebidas por Hartmann.
A pesar de su deteriorado estado, a causa del alcoholismo, Mussorgski
sintió el último y más encendido
arrebato de creatividad de su vida, que ya no volvería a
experimentar de igual manera en sus últimos años.
Tan sólo mes y medio después de visitar la
exposición se puso manos a la obra, concluyendo
únicamente en veinte días una suite para piano,
compuesta por diez piezas, entre las cuales se intercalaba una suerte
de interludio titulado “Promenade”
(título que Mussorgski omite en algunos momentos en la
partitura), que constituye una transición entre cuadro y
cuadro, como si se musicalizase el tiempo empleado por el visitante de
la galería en recorrer la distancia entre las distintas
obras. Los “promenades” no son idénticos
y presentan diversas variaciones. En una carta de Mussorgski al temible
Vladimir Stasov, confesaba que debía entenderse el
“promenade” como una descripción de su
propia fisionomía, quizás imaginándose
en el momento en que visitó por vez primera la
exposición y las sensaciones que le causaron las pinturas
allí presentes.
Paradójicamente, es Stasov la principal fuente de
información que poseemos respecto a lo que se refiere la
obra. Y es que, a pesar de que Mussorgski vivió
todavía casi siete años más, no
llegó a publicar la partitura. Ésta
vería la luz en 1886, cinco años
después de su muerte, profundamente revisada por
Rimski-Korsakov. Por fortuna, Mussorgski pudo contar a Stasov (o eso es
lo que parece), a qué se estaba refiriendo en cada
número y las descripciones de éste han sido, si
no vitales, sí muy útiles tanto para los
intérpretes pianísticos de la obra como para
quienes quisieron arreglarla para orquesta. Lamentablemente, la dejadez
respecto a la obra de Hartmann provocó que gran parte de las
cuatrocientas obras expuestas en la exposición de 1874 se
perdieran, y de las que han llegado hasta nosotros, sólo
seis parecen encajar con las piezas mussorgskianas.
Los otros Cuadros
La historia de las orquestaciones de Cuadros para una
exposición es tan apasionante como la propia
génesis de su composición. Aunque hoy en
día se identifica esta obra casi exclusivamente con la
orquestación realizada en 1922 por Maurice Ravel, por encima
incluso de la versión original, existen cerca de una treinta
de arreglos de estas características. En cambio, la lista de
versiones instrumentales de Cuadros de una exposición es
inmensa y sigue creciendo a día de hoy.
El primero los arreglos orquestales se debe a un discípulo
de Rimski-Korsakov, Mijail Tushmalov, que no llegó siquiera
a orquestar todos los números. Su trabajo no
trascendió apenas y ya en 1915 el director
británico Henry Wood ofreció su propia
visión, suprimiendo, eso sí, todos los promenades
a excepción del primero. Quizás sabedor de esto,
el esloveno Leo Funtek quiso apuntarse el tanto de ser el primero en
realizar una orquestación de toda la obra. Sin embargo, tuvo
muy poca fortuna en su intento, ya que el mismo año en que
lo realizó, 1922, Maurice Ravel llevaba a cabo el mismo
cometido. En su caso, recibió el encargo del director Sergei
Kussevitzki, que aún no era el titular de la
Sinfónica de Boston. Por aquel entonces ofrecía
su famosa serie de conciertos en París, entre los que se
incluían obras de Ravel. El compositor francés,
considerado con justicia el mejor orquestador de todos los tiempos,
aceptó el envite, reservándose el derecho a no
incluir en su partitura el “promenade” situado
entre Samuel Goldenberg y Schmuyle y el cuadro Limoges, por creer que
eso distorsionaba el maravilloso contraste entre ambas piezas.
Kussevitzki no puso objeciones y se reservó el derecho de
dirigir en exclusiva esta orquestación. En esto
demostró una intuición genial, ya que la obra se
convertiría en una de las más solicitadas de su
repertorio. Por otro lado, la imposibilidad de emplear la
orquestación de Ravel provocó que otros
compositores realizasen las suyas propias (inspirándose
indisimuladamente en la del autor de Dafnis y Cloe) a fin de que otras
orquestas pudiesen interpretar Cuadros de una exposición. De
esta manera, un discípulo de Ravel, Leonidas Leonardi,
logró que su versión fuese bastante interpretada
durante años, hasta que expiraron los derechos de
Kussevitzki.
De los numerosos compositores que han orquestado la partitura desde
entonces puede destacarse al legendario director Leopold Stokowski
(1939), muy polémico debido a sus versiones para orquesta de
obras como la Tocata y fuga en re menor de Bach; y al gran pianista y
director ruso Vladimir Ashkenazy (1982). Otros músicos, como
Emile Naumov (1974) o Lawrence Leonard (1977) tuvieron la ocurrencia de
convertir la obra en una partitura concertante para piano y orquesta,
mientras que Pung Siu-Wen (1983) llegó aún
más lejos, adaptándola a una orquesta de
instrumentos chinos.
Promenade
Escrito en la tonalidad de si bemol, originalmente su tempo era de
11/4, pero se interpreta ahora en 5/4 y 6/4. Según Vladimir
Stasov, Mussorgski se imagina aquí a sí mismo
recorriendo la exposición de Hartmann, entre triste y
curioso, examinando cada cuadro mientras piensa en su amigo muerto.
El gnomo
No se ha conservado la obra a la que hace referencia este
número, pero parece ser que se trataba de un boceto para un
cascanueces antropomorfo (a la manera del de el cuento de Hoffmann, que
inspiraría a Tchaikovski su ballet), que debía
figurar entre los regalos del árbol de Navidad de la
Academia de Bellas Artes de San Petersburgo. Escrita en mi bemol menor,
realiza una descripción inquietante y grotesca del
personaje.
Il vecchio
castello
En sol sostenido menor. Se trata de otra pieza cuyo motivo inspirador
se ha perdido. Stasov afirma que Mussorgski le confió que
recreaba un castillo medieval, con un trovador cantando frente a
él una canción. Se sabe que una de las acuarelas
que figuraban en la exposición de 1874 representaban un
castillo italiano. Ese detalle y el hecho de que el título
de la pieza esté en italiano parece confirmar que se trata
de esa obra.
Tulleries
(Dispute d’enfants
après jeux)
Escrito en la tonalidad de Si mayor y en compás de
4/4.Recuerda Stasov que el cuadro original representaba las
Tullerías de París, con un trasiego de
niños y niñeras. La aportación propia
de Mussorgski fue imaginar a esos niños jugando, o
más bien batallando, en el jardín de las
Tullerías, cuando Hartmann lo presentaba vacío en
su cuadro.
Bydlo
Tampoco se conserva el dibujo original que, según Stasov,
retrataba precisamente un “bydlo”, esto es, un
carro polaco tirado por bueyes, cuyo pesado arrastre está
bien evocado en 2/4.
Ballet de
los polluelos en los cascarones
Ya hemos comentado la participación de Hartmann en el ballet
Trilby. Por cierto, que los citados polluelos eran de canario y no de
gallina. Mussorgski no recurre en absoluto a la partitura de Julius
Gerber y desarrolla la música que le sugiere la
contemplación de los divertidos figurines, en una pieza en
forma ternaria, escrita a ritmo de 2/4 en clave de Fa Mayor. Este es
uno de los números que más juego dio en la
colorista orquestación de Maurice Ravel.
Samuel
Goldenberg und Schmuyle
A la sazón, no se trata de un cuadro, sino de dos, que ya
Hartmann mostró en su momento a su Mussorgski. Los
títulos de los mismos eran Dos judíos: uno rico y
otro pobre. Mussorgski bautiza por su cuenta a los dos
judíos, siendo Goldenberg el rico y Schmuyle el pobre (el
título en la partitura figura originalmente en yiddish). En
la citada pieza, se describe una acalorada discusión entre
ambos, siendo el tema de Goldenberg abrupto y temible, mientras que
Schmuyle replica irónica y suavemente a sus bravatas. A
ritmo de 4/4, la pieza evoca la música judía
mediante el empleo de la escala dominante frigia. No se conservan estos
dibujos, pero sí una acuarela de un judío pobre
de la ciudad de Sandomir, realizado por Hartmann durante su viaje por
Polonia.
Limoges,
le marché (la grand
nouvelle)
Si hemos de creer al severo Stasov, describe una violenta
discusión entre mujeres en el mercado de la ciudad francesa
de Limoges. Al parecer, Mussorgski incluyó una
explicación en francés acerca de la citada
discusión, pero luego encontró este texto
superfluo y lo suprimió. Limoges, en la tonalidad de mi
bemol, y en un atropellado tempo de 4/4, enlaza casi sin pausas con el
cuadro siguiente.
Catacombae
(sepulcrum romanum)
Este cuadro, que se conserva, nos presenta al propio Hartmann en las
catacumbas de París, que examina con ayuda de una linterna.
La pieza se divide en dos partes, un sórdido largo (que
parece querer evocar el eco del interior de las catacumbas) en un
compás de 3/4 y un andante en 6/4, que no es sino una
variación de carácter misterioso del promenade.
En esta sección anotó Mussorgski “Con
los muertos en una lengua muerta. Un texto latino ¡Bien
podría ser en latín! El espíritu
creativo del difunto Hartmann me va llevando, por encima de las
calaveras, invocándolas; las calaveras comienzan entonces a
iluminarse tenuemente”. El título de este andante
es conocido como “Cum mortuis in lingua mortua”
(“Con los muertos en una lengua muerta”).
La
cabaña de patas de gallina
(Baba-Yaga)
Baba-Yaga es una especie de bruja, perteneciente al folklore eslavo y
muy presente en sus cuentos y leyendas. La imaginación
popular la situaba residiendo en una cabaña apoyada sobre
dos gigantescas patas de gallina, que le permitía
desplazarse por toda Rusia. Stasov recordaba que tiempo antes de ser
amigo de Hartmann, coincidió con este en un baile de
disfraces. Por lo general, los invitados a este tipo de fiestas se
vestían de turco o de español, o de otras
nacionalidades, pero Hartmann sorprendió a los presentes al
presentarse grotescamente ataviado como Baba-Yaga. El dibujo que
inspiró la pieza a Mussorgski era un boceto para un reloj de
bronce, nada terrorífico, que representaba el hogar de la
bruja. El compositor imaginó entonces el vuelo de Baba-Yaga
cabalgando por los aires sobre un mortero, como complemento fantasmal a
su propia idea de la terrible cabaña. La pieza es de las
más elaboradas de la suite y está escrita en
forma ternaria, allegro-andante-allegro y coda, que enlaza con el
último movimiento.
La gran
puerta de Kiev
Con motivo del atentado fallido contra Alejandro II en abril de 1866,
se convocó un concurso para erigir una puerta monumental en
Kiev. Hartmann diseñó una en el estilo ruso
antiguo, con cúpula en forma de casco. Sin embargo, y pese a
ganar el concurso, la puerta nunca llegó a construirse.
Mussorgski la plantea en un 4/4 triunfal, siguiendo la forma
A-B-A-B-C-A: majestuoso-solemne (piano)-majestuoso-solemne
(fortissimo)-campanas (con una variación final del
‘promenade’)-majestuoso y coda.
Algunas versiones discográficas:
- Orquestación de Maurice Ravel.
Orquesta Filarmónica de Viena. Director: Valeri Gergiev.
PHILIPS.
- Versión original para piano y
orquestada por Vladimir Ashkenazy. Orquesta Philharmonia. Director y
pianista: Vladimir Ashkenazy. DECCA.
- Versión con diversas orquestaciones,
de B. Ellison, S. Gorchakov, E. Naumov, G. Van Keulen, V. Ashkenazy, C.
Simpson, L. Cailliet, H. Wood, L. Leonard, L. Funtek, J. Boyd, Ravel,
Leopold Stokowski y D. Gamley. Orquesta y Coros Sinfónicos
de la BBC. Director: Leonard Slatkin. WARNER.
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