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"Sinfonía nº3, "Escocesa" de Félix Mendelssohn. Una sinfonía no sólo escocesa
Por José Miguel Usábel


V. Allegro vivacissimo
La fulgurante caída cadencial, definidora de la reaparición de la tonalidad de La menor, con que arranca el Allegro vivacissimo, es un buen precedente de la incontenible energía que va a circular a través del acompasamiento binario de este movimiento. Casi de inmediato un bullicioso primer tema (1T), de importancia fundamental, despliega en los violines sus onduladas frases a partir de un amplio salto de octava. Sin embargo esta ágil movilidad se verá pronto detenida por la plana entonación inicial de un concomitante de carácter secundario (2T). El tema inicial se abrirá paso de nuevo en las flautas y clarinetes para quedar reducido a un mero apunte motívico, durante ocho compases de dominante extendida, cuya tensión armónica, incrementada con un crescendo dinámico, se descarga en la cadencia con que aparece en escena un nuevo tema extremadamente enérgico dentro de una severa rítmica tética (3T). Su motivo inicial en los violines recibe la respuesta inmediata en las trompas de una bordadura por semitono ascendente entre anhelante y burlona, que más tarde será emitida por los propios violines. El tema volverá a presentarse bajo diferentes aspectos armónicos hasta dejar paso a una dulce melodía, con la que comparte algunas similitudes rítmicas, expuesta por el oboe. El nuevo tema (4T) reviste una mayor importancia que los dos anteriores, instalados junto al primer tema en la tonalidad principal de La menor, al establecerse en la tonalidad de la dominante en modo menor. La nueva tónica (Mi) no se descubre hasta la última nota del tema, que se había desplegado sobre las alturas del acorde del quinto grado. Su suavidad inicial es sustituida por una poderosa variación en el metal en fortísimo, donde el compositor recurre como en el Vivace non troppo, a la escala mixolidia de Sol, para volver inmediatamente a Mi menor y a la dulzura de la madera en piano. Aún vuelve a reaparecer la contrastante versión anterior, hasta dejar paso al tema inicial en una progresión armónica modulante, que desembocará en un crescendo, cuya máxima tensión armónica y dinámica se estabilizará en la obsesiva reiteración de la octava ascendente de la cabecera del tema, tanto dentro del contexto dramático de un acorde de séptima disminuida prolongado, como en un pasaje cromático ascendente situado a continuación.

Seguirá una sección libremente reexpositiva, presentando de entrada un clima reposado y una textura dispersa, en contraste con la densidad y la tensión anterior. Se inicia con el primer tema en la recobrada tonalidad de La menor en sucesivas entradas: flautas-violines-clarinetes-violines de nuevo con una versión temática renovada. Se encabalgará a continuación la entonación plana característica del comienzo del segundo tema, que será repetido y descompuesto en sus dos elementos constitutivos. El segundo de ellos -escala ascendente- será reiterado y desarrollado por las flautas y los oboes, que quedarán al descubierto, precediendo a la reexposición del tercer tema, que aparece traspuesto a diferentes tonalidades. De pronto nos sorprende una versión muy agresiva del supuestamente dulce cuarto tema en fortísimo y en la enérgica tonalidad de Mi mayor. Un diálogo madera-violines entre la cabecera y la desinencia del primer tema antecederá a su reexposición textual, de nuevo en la tonalidad principal de La menor, que irá seguida de una versión más libre. En su nueva reaparición, el segundo tema habrá recuperado la suavidad perdida, estableciéndose ahora en La menor, con lo que Mendelssohn cumple escrupulosamente con el requisito clásico de reexponer en la tonalidad principal el tema que se había expuesto de la dominante. El primer tema vuelve a protagonizar un episodio modulante de tensión paulatinamente incrementada, similar al que precedió a la reexposición, volviéndose a reiterar la octava inicial en el dramático contexto del acorde extendido de séptima disminuida, en el movimiento cromático ascendente y en un nuevo pasaje de inestables armonías, que terminarán asentándose en el acorde de dominante. Al cadenciar los violonchelos y contrabajos sobre un pedal de tónica - a imitación del roncón de una gaita escocesa- los clarinetes emitirán la última exposición del tema, que sobre esta planicie armónica cobra un buscado carácter folklórico. A continuación será tomado por el fagot, otra posible gaita grave, y ambos instrumentos lo prolongan con imaginativas ondulaciones, que recibirán su conclusión en los violines.

VI. Allegro maestoso assai
La sinfonía podía haber terminado de este modo tan escocés, pero la concienzuda y novedosa planificación ideada por Mendelssohn necesitaba asegurar su equilibrio con el sólido pilar del Allegro maestoso assai. Este breve movimiento se adhiere como un apéndice al que acaba de finalizar, entonando sorpresivamente un himno triunfal (1T), que obtiene su poder cambiando al modo mayor de la tonalidad, dotando al compás binario de una subdivisión ternaria y esforzando dinámicamente los instrumentos de viento. Es la contrapartida a la melancólica melodía con la que se había abierto la obra, cerrándose de este modo su compleja forma con absoluta lógica. Los perfectamente regulares doce compases de la impresionante melodía, vuelven a repetirse con un énfasis que se hace aún más creciente en un posterior tutti, donde el amplio tema es desarrollado y alargado. A continuación aparece en el metal un motivo cadencial sincopado que recibe una respuesta de batientes semicorcheas. Tras su pertinaz reiteración, el fragmento más característico del himno será declamado aceleradamente en los compases finales.

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