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| GRANDES OBRAS |
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"Cuatro destellos del salón brahmsiano", hacer de la vida un hogar
Por Marco Antonio Molín Ruiz
INTRODUCCIÓN
Si hay que buscar dentro de la música clásica a un compositor cuyos dones camerísticos representen una síntesis ideal de genio y tradición además de haber contribuido a que la Historia se ennoblezca, ése es Johannes Brahms. Sólo la impronta de un hombre grande pudo erigir veintiocho monumentos, donde prevalece ese Romanticismo denso que nos habla a la humanidad de la propia vida (sencilla y a la vez milagrosa) con una madurez y templanza admirables, que hace pensar en el binomio expuesto por la Filosofía: "pasión-razón". El Maestro consigue equilibrar virtuosamente la pasión y la razón. Entre el ingenuo "Trío opus 8" y el resignante "op. 120 nº 2", está la frescura del "sexteto op. 36", la pesadumbre del "op. 60", la robustez de la "sonata para violín en la mayor, op. 100", y el milenario otoño del "quinteto op. 115".
Para este artículo se ha elegido cuatro obras, a saber: el "quinteto con piano, en fa menor, op. 34", el "cuarteto en si bemol mayor op. 67", el "trío en la menor para clarinete, violonchelo y piano op. 114" y la "sonata en mi bemol mayor opus 120 nº 2 para viola y piano".
ANÁLISIS
Quinteto con piano op. 34
Allegro non troppo
Arranque enérgico, con trazos convulsos y una armonía que se diversifica a cada compás. Sucede un pasaje extenso con diálogos alternados entre la sección aguda y grave de la cuerda (el chelo, unas secuencias en "pizzicato") y el piano, que florea al discurso con arpegios y notas encadenadas cromáticamente. Tras dicho desarrollo, vuelta al tema principal, mantenido vigorosamente con el carácter de un estribillo, del que va saliendo con timidez de forma escalonada para modular transitoriamente. Esto imprime a la obra de un dramatismo extraordinario, cuya referencia nunca se pierde en esa ocho notas que estructuran al movimiento. Hacia la mitad, si bemol mayor enriquece con sus sombras de terciopelo, cada vez más bellas en esa escritura ensortijada de la cuerda (el violín primero y la viola coqueteando con el violín segundo y el chelo) mientras que el piano susurra. Poco a poco, la música se desprende de lo que le sobra, y, alcanzada la desnudez, reaparece la tempestad del comienzo.
Andante, un poco adagio
Casi una nana el inicio de este movimiento, en la bemol mayor, entonado melosamente; esto va extinguiéndose en progresión a la vez que crea espacios más pronunciados. Regreso del proverbial vaivén; pero ahora con un idealismo madurado, sobre una muy intrincada textura armónica y una melodía que se proclama con peso mayor siempre desde la continencia.
Scherzo. Allegro
El chelo, el resto de la cuerda frotada y el piano, en una expresión contrapuntística de gran valor que anticipa la robustez de todo el movimiento, construído básicamente con síncopas. A veces la tensión resulta apasionante, mostrada como si se tratare de un duelo entre el piano y el resto de la plantilla. También corona eventualmente al discurso un aire triunfal. En el núcleo del desarrollo se escucha un esparcimiento, en do mayor, a través del cual hay un retorno a los temas contrastados del principio, con el añadido de unas líneas canónicas.
Finale. Poco sostenuto-Allegro non troppo
Muchos cromatismos y una amargura contenida que se parece a las introducciones orquestales de la gran ópera; uso de polirritmia, urdida con astucia. Viene a airearse tal atmósfera gracias a un episodio amplio y complejo: frases articuladas a ritmo fluido, voces de un carácter más polifónico que equilibran el "tempo", arcadas incisivas cual movimiento de "suite". Nuevas transiciones, que reafirman el tema principal, desarrollado primero con un engrosamiento de la voz fundamental, después, aislando cada línea melódica para que dé pie a una perspectiva armónica diferente y, por último, mediante una idealización del carácter hasta convertirlo en una exhalación heroica.
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