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Las óperas de Verdi. Falstaff
Por Carlos Ruiz Silva


Después del triunfal estreno de Otello, Verdi decidió dejar la composición por un tiempo y dedicarse al descanso en su finca de Sant'Agata y también a un proyecto que le ilusionaba grandemente: la construcción de un hospital a sus expensas en el vecino pueblo de Villanova. Sin embargo, Arrigo Boito, que conocía bien al maestro, le envió el boceto de una nueva obra inspirada en Shakespeare: Falstaff, un tema que encantó al compositor y que le hizo pensar en volver al teatro. Había, además, otra razón. La única ópera cómica que Verdi había compuesto en su vida, Un giorno di regno, había sido un fracaso y ahora veía la posibilidad de sacarse la espina que llevaba clavada desde hacía medio siglo con la creación de una gran ópera bufa sobre el gran personaje shakespeariano. Verdi y Boito empezaron a cartearse asíduamente hasta llegar a tener el libreto finalizado. Todo era muy en secreto pues Verdi no quería que se supiese que estaba componiendo una nueva ópera. En septiembre de 1892, había terminado la obra y estaba a punto de cumplir 80 años. A comienzos de 1893, el viejo maestro se desplazó a Milán para comenzar los ensayos. Falstaff se estrenó en medio de una enorme expectación,y con críticos y aficionados venidos de todo el mundo, el 9 de febrero de 1893, en la Scala. El éxito fue apoteósico y Verdi hubo de comparecer incluso desde el balcón de su hotel para saludar a los enfebrecidos aficionados.

La ópera, en tres actos y seis cuadros, se desarrolla en Windsor (Inglaterra) a comienzos del siglo XV y cuenta la cómica historia del gordo y fatuo caballero sir John Falstaff, comedor y bebedor que se cree, además, un irrisistible conquistador de mujeres. No tiene un duro y está siempre entrampado, pero no por ello abandona su presunción. Intentando dos nuevas conquistas, escribe la misma carta a dos mujeres casadas, Meg Page y Alice Ford, las cuales, junto con la señora Quickly, deciden dar un escarmiento a tan molesto pretendiente. Después de muchas situaciones jocosas, en las que las comadres se burlan del ridículo caballero, la obra culmina con una última burla, urdida a media noche en el bosque de Windsor y en la que los vecinos de la villa, disfrazados de seres sobrenaturales, dan un enorme susto al cobarde y mentecato Falstaff.

Falstaff es un estallido de vitalidad procedente de la pluma de un anciano. Los personajes creados por Shakespeare en Las alegres comadres de Windsor y Enrique IV cobran nueva vida y valor con el canto verdiano. La teatralidad de las situaciones, el cuidado y acierto con el que, musicalmente, están retratados los personajes, los prodigios que hace Verdi con la orquestación, la perfección del ritmo que imprime a la obra, alternando sabiamente las partes cómicas y burlescas, con los rasgos líricos y cantabiles -en especial en la joven pareja de enamorados Nannetta y Fenton-, todo en Falstaff revela la mano de un gran maestro en pleno dominio de sus ingentes facultades creadoras. Es difícil señalar en Falstaff grandes momentos porque toda la obra desde comienzo al fin está a gran altura y carece de los altibajos tan frecuentes en otras óperas verdianas. No tenemos ya aquí divisiones con recitativos, arias y cabalettas, dúos, tercetos o concertantes concebidos como números aislados sino que todo fluye con una visión de totalidad en cada uno de los cuadros en los que se divide la obra (dos cuadros en cada uno de los tres actos).

Aun teniendo esto en cuenta, podrían destacarse los conjuntos con los que finalizan los tres actos, espléndidos, sobre todo, el último con esa soberbia fuga en la que todos entonan llenos de pícara alegría aquello de "Tutto nel mondo è burla". Era, al mismo tiempo, la despedida de uno de los más grandes creadores de toda la historia de la ópera.

Especial Verdi