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Las óperas de Verdi. Otello
Por Carlos Ruiz Silva
Después del éxito de Aida en 1871, Verdi pareció entrar en un periodo de apatía y de renuncia a escribir para la escena. Así pasaron varios años. En julio de 1879, el maestro fue a Milán a dirigir su Misa de Requiem, en favor de las víctimas de las inundaciones que habían asolado Italia por entonces. Allí tuvo ocasión de entrevistarse con Arrigo Boito y éste le entrega un borrador del libreto de Otello. A Verdi le gustó mucho pero no se comprometió a nada. Sin embargo, fue ilusionándose con el proyecto (al que llamaba chocolate) y, finalmente, se puso a trabajar en él. La composición fue larga y difícil y atravesó por diversas fases de creatividad y de desaliento, con meses enteros de inactividad. Finalmente, en diciembre de 1886, Verdi puso punto final a la obra. Otello se estrenó en la Scala el 5 de febrero de 1887. Habían transcurrido 15 años desde el estreno de Aida. La acogida del público fue entusiasta obligando a Verdi a salir más de 20 veces a escena para recoger las aclamaciones del público que gritaba enfebrecido ¡Viva Verdi, viva Verdi !
Otello consta de cuatro actos en lugar de los cinco del drama de Shakespeare. La acción se desarrolla en Chipre a finales del siglo XV. El protagonista, un militar al servicio de la República de Venecia, es un moro de cierta edad que se ha casado con la joven Desdemona, perteneciente a una familia de la nobleza veneciana. El alferez Iago, que odia a Otello porque éste ha nombrado capitán a Cassio y no a él, empieza a maquinar su venganza y para ello va induciendo a Otello a que sospeche de la fidelidad de Desdemona, hasta conseguir que el moro, que tiene claros complejos de inferioridad social y racial, crea que ella es amante de Cassio. Cegado por los celos, Otello estrangula a su esposa y luego, sabiendo que es inocente, se suicida.
Es evidente que estamos ante uno de los máximos logros de la ópera italiana. Otello es la culminación del melodrama verdiano y los personajes de Shakespeare alcanzan aquí una dimensión nueva que sólo la voz y la música pueden otorgar. El libreto resulta excelente tanto literariamente como en su función de servir de base para el canto. Verdi aprovechó la oportunidad y puso, con calma, sin agobios, toda su sabiduría de hombre de teatro y de compositor. La orquesta está espléndidamente instrumentada y es parte esencial de la ópera. Es, probablemente, el título de Verdi, junto con Falstaff, en el que se alcanza una mayor maestría y excelsitud en el manejo de la orquesta. Por otra parte, los personajes están perfectamente diseñados y retratados sin caer en exageraciones ni en carencias psicológicas.
El protagonista es un tenor dramático con voz ancha pero también con squillo, que debe ser, además, un buen actor, tanto con la voz como en las actitudes corporales, para alcanzar toda la dimensión del desgraciado y terrible moro de Venecia. Tiene momentos memorables, desde el inicial y heroico "Esultate" hasta el final y desgarrador "Niun mi tema" pasando por las imprecaciones del dúo con Iago "Si pel ciel marmoreo giuro" o el lirismo del dúo de amor con Desdemona que cierra el primer acto. Un personaje completísimo.
Iago, el sibilino destructor de Otello, es un barítono que debe ser capaz de dar vida e intención a cada frase. La sutileza de su veneno debe corresponderse con la sutileza del cantante sin caer en la caricatura del malvado. El modo de convencer a Otello con su fingida evocación del sueño de Cassio "Era la notte" es un prodigio de perfidia. Su importancia es casi pareja a la del protagonista y su imponente "Credo" (creación del libretista que no de Shakespeare) es un formidable retrato de la cara oculta de este siniestro personaje.
La dulce Desdemona, tal vez demasiado pasiva, es una soprano lírica ancha, capaz de otorgar variedad a un personaje con menos facetas que las de sus dos compañeros. De cualquier modo, en el tercer acto tiene momentos especialmente dramáticos y la gran escena con la que comienza el cuarto -la Canción del sauce y el Ave María- ponen a prueba la pureza de línea y la exquisitez del fraseo de la cantante. Los personajes secundarios resultan algo pálidos, aunque Cassio tenga algunas intervenciones de cierto relieve. Las escenas corales son importantes y contribuyen a la grandeza del espectáculo. El drama de celos, rencor y muerte que es Otello alcanza con la ópera verdiana una de las cumbres del teatro de cualquier género.
Especial Verdi
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