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Las óperas de Verdi. De nuevo García Gutiérrez: Simon Boccanegra
Por Carlos Ruiz Silva
En 1856, Verdi, que estaba en París, recibió el encargo de escribir una nueva ópera para el Teatro de la Fenice en Venecia, y decidió realizar una ópera basada en Simon Bocanegra, una de los mejores dramas de Antonio García Gutiérrez, situado en Génova en el siglo XIV y estrenado en Madrid en 1843. Encargó el libreto a Piave que siguió fielmente las directrices del compositor. Pese a ello, Verdi no estuvo contento con el resultado e introdujo varios cambios con la ayuda de Giuseppe Montanelli, poeta exiliado en París. Quizá debido a sus viajes a Londres y Venecia y a la necesidad de componer un ballet para El Trovador destinado a la Ópera de París, Simon Boccanegra no fue compuesta con la debida calma y, de hecho, Verdi no quedó satisfecho con el resultado. Muchos años más tarde, en 1880, volvería a revisarla y a cambiar el libreto del que se hizo cargo Arrigo Boito. El estreno de Simon Boccanegra tuvo lugar el 12 de marzo de 1857 con poco éxito, pese a la indudable belleza de muchos momentos. La segunda versión se estrenó en la Scala de Milán el 24 de marzo de 1881 alcanzando esta vez el deseado triunfo. Es esta segunda versión la que generalmente se escenifica hoy.
La historia, desarrollada en un amplio Prólogo y tres actos, el primero dividido en dos cuadros, es muy complicada, teniendo los elementos típicos del teatro romántico de García Gutiérrez: Un niño (en este caso niña) de familia noble perdido y que 20 años después aparece vinculado a otra familia para, al final, en la hora de la muerte de uno de los protagonistas, producirse la anagnórisis o reconocimiento de su verdadera cuna. En medio, luchas por el poder, una guerra civil, una historia de amor y también de venganza. Simon Boccanegra es elegido dux de Génova, pese a haber sido un pirata (aunque al servicio de la república genovesa). Pero en su nuevo cargo se comporta con nobleza, tratando de apaciguar las luchas entre patricios y plebeyos. En su juventud tuvo amores con Maria Fiesco, una patricia, de los que nació una hija, llamada también Maria, de la que no sabe nada, pues la madre murió y se perdió su rastro. La niña fue adoptada por otra familia de la nobleza, los Grimaldi, con el nombre de Amelia. Ahora, la joven está enamorada de Gabriele Adorno, otro patricio, que forma parte de una conspiración para derrocar a Boccanegra. Cuando se descubre que Amelia Grimaldi es, en realidad, hija de Boccanegra, ella trata de detener la conspiración. El día de la boda de Amelia y Gabriele, la conspiración se lleva a cabo, Simon es envenenado y muere bendiciendo a los recién casados y nombrando a Gabriele su sucesor.
Pese a lo complicado de la trama, Simon Boccanegra tiene una continuidad musical y dramática de gran fluidez. Simon, el barítono, es el típico padre verdiano, de línea noble, de carácter fuerte pero muy tierno con su hija y, en este caso, además, un buen político que trata de llevar la paz y de equilibrar los poderes de la república genovesa. Tiene uno de sus mejores momentos en la espléndida escena de la Cámara del Consejo -segundo cuadro del acto I- con su llamada a la paz en la memorable melodía "E vo gridando pace, e vo gridando amor". También es espléndido todo el final del cuadro, un concertante con coro de notoria grandeza. Simon tiene también otro gran momento, musical y teatral, en el final de la ópera cuando es consciente de su muerte y expira en los brazos de su hija.
Como es habitual en Verdi, los personajes principales tienen sus arias de lucimiento. Fiesco, el vengativo patricio, canta en el prólogo "Il lacerato spirito", una de las mejores arias de bajo de la producción verdiana, en la que expresa el dolor de un padre ante la muerte de su hija; Gabriele tiene su momento en el aria "Sento avvampar nell'anima" vehemente expresión de sus celos al creer que su amada Amelia tiene relaciones con el dux.
Por último, Maria (o Amelia), después de su aria de presentación "Come in quest'ora bruna", en la que escuchamos el vaivén de las olas (la soprano lo canta frente al mar), tiene otros muchos momentos de interés: dúos con su padre, concertantes, escena de amor con Gabriele, momentos tiernos y dramáticos, resultando un personaje muy completo, que requiere una lírica con cuerpo capaz de expresar los muy diversos sentimientos por los que atraviesa a lo largo de la ópera. Las apropiadas intervenciones del coro y una orquestación rica y poderosa contribuyen decisivamente a la calidad de este melodrama que ocupa un lugar destacado en la producción del maestro.
Especial Verdi
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