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Las óperas de Verdi. La traviata
Por Carlos Ruiz Silva
En 1848, Alexandre Dumas, hijo, publicaba La dama de las camelias, una novela que le proporcionó un enorme éxito. En 1852 la llevó al teatro y, de esta manera, se representó en numerosas capitales del mundo. En el estreno parisino se encontraba Verdi que vívía entonces en la capital francesa con su amante Giuseppina Strepponi. De inmediato quedó fascinado por la historia y decidió escribir una ópera. El resultado fue La Traviata, uno de los melodramas más emotivos e inspirados de toda su trayectoria. La ópera, con algunos cambios en los nombres, tuvo en Piave un hábil libretista. La Traviata se estrenó en la Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853 y resultó un inesperado fracaso. Tal vez porque el público no estaba acostumbrado a una historia con personajes contemporáneos y cuya protagonista era, además, una prostituta. Sin embargo, al año siguiente la ópera volvió a ser representada en Venecia, en el teatro San Benedetto, y el éxito fue enorme. A partir de ese momento no ha cesado.
La historia de Violetta Valery, una cortesana que se enamora de verdad de un joven de buena familia, Alfredo Germont, y que se retira de la profesión, está inspirada en un personaje real, el de Marie Duplessis, a quien conoció el autor de la novela. En la ópera, el padre de Alfredo, le pide a Violetta el sacrificio de dejar a su hijo para evitar así el escándalo y que la hermana del joven pueda casarse sin los recelos sociales que implica aquella relación. Violetta acepta, y Alfredo, después de haber ganado mucho dinero en el juego, se lo lanza a la cara en pago de sus servicios, ofendiendo así de manera terrible a la joven. Al final, cuando Alfredo se entera de la verdad, viene la reconciliación pero es demasiado tarde y ella muere de tuberculosis.
Con este argumento, realizó Verdi una conmovedora ópera, logrando un retrato espléndido, musical y teatral, de la heroína. Vemos a Violetta alegre y amante de la vida, lanzada a la vorágine, pero también triste, melancólica y sacrificada, para, finalmente, contemplarla ante la llegada inexorable de la muerte. Violetta necesita una soprano capaz de superar las difíciles agilidades del primer acto, el lirismo del segundo y el dramatismo del tercero. Es también un papel para que se luzca una actriz-cantante por las múltiples ocasiones que tiene para ello. A su lado, Alfredo es un tenor lírico, juvenil e impetuoso pero que palidece, como personaje, ante el de su amante. El tercer personaje, Giorgio Germont, es el clásico barítono verdiano, el padre, que ejerce la autoridad moral y es capaz de reconocer sus errores aunque sea un poco tarde. La orquestación está muy cuidada y potencia la indudable belleza melódica de la obra.
La Traviata consta de tres actos y cuatro cuadros. Ya el preludio inicial nos pone en el ámbito intimista del melodrana, con algunas de las melodías que luego aparecerán en el transcurso de la ópera. En el primer acto destaca el archifamoso brindis, una de las piezas más célebres de la historia de la música y la romántica confesión de amor de Alfredo "Un dì felice" en el que expresa las delicias y los pesares que acompañan siempre al amor. Pero, sin duda, el mejor momento del acto es la gran escena de Violetta con su recitativo, aria y cabaletta, muy difícil pero también muy agradecida y en la que la protagonista intuye que el amor de Alfredo es el que estaba esperando para más tarde decidirse a continuar la vida alegre y libre sin ataduras ni remordimientos morales. Es la cabaletta "Sempre libera" llena de fuerza y de expresividad.
En el acto II, Alfredo tiene su momento de protagonismo con la agitada aria "De' miei bollenti spiriti" y la subsiguiente cabaletta "Oh mio rimorso" cuando se da cuenta de que es Violetta la que está corriendo con todos los gastos en su relación. También es aquí donde el barítono puede lucirse en su aria, de gran lirismo, "Di Provenza"a la que sigue la cabaletta "No non udrai". Sin embargo, los momentos más hermosos de este primer cuadro son el dúo entre Germont y Violetta, de preciosa inspiración y adecuación dramática, y la sentidísima petición de la joven a su amante que la ame, "Amami Alfredo", sobre la música que escuchamos en el preludio. En el segundo cuadro está muy bien conseguida toda la escena entre Violetta y Alfredo, ahora separados, el juego de cartas y el momento en el que el despechado joven le arroja el dinero a la cara delante de toda la concurrencia del salón.
El último acto se abre con un nuevo preludio, solo para cuerdas, tan emotivo como el primero. Verdi nos sumerge en una atmósfera opresiva y triste, como corresponde a los últimos momentos de la desgraciada protagonista. Su aria "Addio del passato" en la que Violetta expresa su dolor por el tiempo ido, es una de las más bellas de toda la creación verdiana y expresa con enorme acierto el estado emocional de la moribunda. El rayo de esperanza que supone la llegada de Alfredo, el descubrimiento de la verdad, se traduce en el dúo "Parigi o cara", musicalmente menos interesante pero que supone un respiro en la tensión emocional. Otro momento particularmente acertado es el que expresa la desesperación de Violetta ante la inminencia de la muerte "Gran dío morir sì giovine" con su ritmo lleno de exaltación y fatalismo. La transfiguración de la protagonista en los últimos instantes de su vida es otro momento memorable de esta magnífica y conmovedora obra maestra del melodrama.
Especial Verdi
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