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Las óperas de Verdi. Stifellio
Por Carlos Ruiz Silva


Tras el estreno de Luisa Miller en diciembre de 1849, Verdi se comprometió con Ricordi para escribir una ópera que habría de estrenarse durante la temporada de otoño de 1850. En el contrato no figuraba el teatro -podía ser cualquiera a excepción de la Scala- pero el famoso editor llegó a un acuerdo con el Teatro Grande de Trieste para acoger la nueva ópera del maestro. Verdi decidió, de acuerdo con el libretista Francesco Maria Piave, poner música a un drama francés titulado Le Pasteur, obra escrita en colaboración por Emile Souvestre y Eugène Bourgeois, que se había estrenado en París en 1848. La historia era bastante atrevida para su época: una esposa de un pastor protestante, Lina, se confiesa del pecado de adulterio a su propio marido, Stiffelio. Esto hizo que la censura interviniese todavía más de lo que era habitual y algunas frases del libreto fueron alteradas, o suprimidas, por considerarlas blasfemas. La escena de la iglesia, al final de la ópera, fue totalmente cambiada ya que la censura no permitió que figurase ninguna cruz, ni púlpito, ni nada que pudiese orientar al público que se hallaba en un templo. Cuando la ópera se presentó en Roma y Nápoles, el protagonista pasó a ser un político llamado Wellingrode, y, más aún, a partir de 1852 la censura prohibió definitivamente la ópera a menos que se cambiase el lugar, el tiempo y los personajes. Ésta fue la razón por la que Verdi rehizo Stiffelio que, en 1857, se convertiría en una nueva ópera titulada Aroldo situada en la Edad Media y estrenada con ocasión de la solemne apertura del Teatro Nuovo de Rimini el 16 de agosto de 1857. Stiffelio se estrenó en el Teatro Grande de Trieste el 16 de noviembre de 1850 y tuvo bastante éxito, aunque sin alcanzar las apoteosis de otras óperas de Verdi, y luego cayó en el olvido.

Stiffelio es un drama lírico en tres actos, el último dividido en dos cuadros, cuya acción tiene lugar en Austria, cerca de Salzburgo, a principios del siglo XIX. La ópera se inicia con una obertura de sustancia musical más bien escasa, aunque uno de los temas centrales encomendados a la trompeta, es agradable. Los tres números siguientes, en los que se incluye el racconto del tenor "Di qua varcando", un septeto y un coro, son bastante inconsistentes. Tendremos que esperar a la escena entre los esposos para que pueda advertirse la verdadera mano de Verdi. En ella encontramos el aria de Stiffelio "Vidi dovunque gemere" de indudable vigor dramático en la que se entremezclan algunas axclamaciones de Lina. La plegaria "A te ascenda a Dio clemente" es página delidada y de expresivo belcantismo en la que la soprano puede lucir su capacidad de fiato en los numerosos y amplios reguladores exigidos por Verdi. El dúo entre Lina y su padre -una de las habituales escenas soprano-barítono a las que el maestro era tan proclive- no figura entre los más inspirados aunque la línea general posee nobleza y vigor dramático y algunos momentos nos traen a la memoria el ámbito de Rigoletto que Verdi escribiría casi inmediatamente. La secuencia final del dúo "Or meco venite" con su incisivo ritmo y su acompañamiento de pizzicati es indiscutiblemente verdiano. El segundo cuadro, mucho más breve que el primero, se destaca por su amplio concertante con coro que además de un evidente sentido teatral posee calidad melódica, brillantez y espectacularidad, llevando el acto a un rotundo final.

En el acto II, toda la gran escena de Lina en el cementerio es excelente incluyendo la introducción orquestal. El aria en forma e intención de plegaria "Ah, dagli scanni eterei" posee, al mismo tiempo, un cierto sabor angustioso muy apropiano al momento dramático que vive la protagonista. La cabaletta "Ah, perder dunque voi volete" es, en cambio, mucho más convencional. El dúo entre el conde y Raffaele (el amante) -barítono y segundo tenor- no es especialmente interesante, aunque algunos momentos no carezcan de cierto vigor dramático, vigor que se incrementa de manera notable con la llegada de Stiffelio y la revelación del nombre del seductor de su esposa. El gran cuarteto con el que finaliza el acto es una página de indudable calidad. Tiene el inconfundible acento verdiano, es noble, rica en materia cantabile y está impregnada de un certero sentido dramático.

El primer cuadro del acto III da comienzo con una gran escena para el barítono estructurada en recitativo, aria y cabaletta, que ofrece abundantes motivos de lucimiento. El aria "Lina, pensai che un angelo", aunque de correcta línea es un tanto plana y falta de color, pero la cabaletta "O gioia inesprimibile", además de su dificultad por la exactitud rítmica que requiere y por la indicación de Verdi de cantarla "estremamente piano", según señala la partitura, es de rara originalidad en este tipo de páginas. El gran dúo entre Stiffelio y Lina que comienza con las palabras del esposo "Opposto è il calle" constituye el número más emotivo de toda la ópera tanto desde una perspectiva dramática como musical y ambos tienen no sólo que cantar sino que interpretar con una gama muy amplia de sentimientos: temor, ira, esperanza, amor, compasión, arrepentimiento, venganza... sentimientos que son expresados por la música de manera convincente.

El cuadro final, de breves proporciones, contiene un suave concertante con coro de sensible expresividad y la lectura del episodio evangélico de la mujer adúltera que el tenor debe cantar con emoción contenida hasta desembocar en el grito personal y apasionado de "Perdonata, perdonata, Iddio lo pronunziò" recogido por toda la congregación. Con la gozosa exclamación de Lina "Gran Dio" -un do sobreagudo- sostenida durante los últimos compases finaliza la ópera.

Especial Verdi