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Las óperas de Verdi. Luisa Miller
Por Carlos Ruiz Silva


Entre las muchas propuestas de los teatros italianos que recibió después del sensacional estreno de La battaglia di Legnano en enero de 1849, Verdi aceptó la del Teatro de San Carlo de Nápoles para escribir una ópera sobre el drama de Schiller Kabale und Liebe (Cábalas y amor) que el libretista, de nuevo Cammarano, se dedicó inmediatamente a escribir.

El compositor se encontraba en París con su amante Giusepina Strepponi, con la que retornó a Busseto en el verano de ese mismo año de 1849, adquiriendo la finca de Sant'Agata en las afueras de la pequeña ciudad y estableciéndose allí de manera definitiva. Casi no hay que decir que la decisión del famosísimo compositor de vivir con la cantante sin estar casado con ella escandalizó a la católica sociedad de Busseto. Pero Verdi, con toda razón, no hizo caso. Durante todo el verano trabajó febrilmente y en octubre la ópera estaba terminada. El maestro quiso cambiar el título y le dio el nombre de la protagonista: Luisa Miller. La elección del tema fue un acierto; la mayoría de las óperas hechas hasta entonces tenían un sabor coral y patriótico. Ahora, Verdi se enfrentaba a un drama intimista, a una desgraciada historia de amor con ribetes de crítica social; y eso lo sintió profundamnte el compositor: Luisa Miller es una criatura esencialmente verdiana, la heroína más personal y conmovedora que Verdi había creado hasta entonces. El estreno se celebró el 8 de diciembre con éxito considerable, y mayor aún en las representaciones siguientes.

La obra de Schiller Cábalas y amor es una "tragedia burguesa" en cinco actos estrenada en 1784 que supuso en su época un fuerte alegato contra la separación, casi en castas, de las clases sociales. Cammarano redujo la obra a tres actos y siete cuadros, alterando algunos personajes y situaciones pero ésta sigue con bastante fidelidad el espíritu de Schiller. La acción se desarrolla en el Tirol en el siglo XVII. Cada acto lleva un subtítulo: El amor (Acto I), La Intriga (Acto II) y El veneno (Acto III). La trama nos cuenta los desgraciados amores de Luisa, una plebeya, y Rodolfo, hijo del conde Walter. Éste se opone y quiere que su hijo se case con su prima, la duquesa Federica. Como Rodolfo no cede, el conde, en colaboración con el siniestro Wurm, encarcela y condena a muerte al padre de Luisa. Para salvarlo, la joven es obligada a escribir una carta de amor a Wurm. El conde muestra la carta a su hijo y éste, desesperado, hace beber a Luisa un veneno que él había tomado previamente. Ambos mueren después de que todo se descubra.

Luisa Miller se inicia con una interesante obertura, una de las mejores de Verdi, inspirada en temas de la obra. Del primer cuadro destaca la dificilísima aria de Luisa "Lo vidi, e el primo palpito", a la que sólo cabría reprochar cierto barroquismo en los adornos. Por su parte, el aria de Miller "Sacra la sceltia" es una excelente muestra de la escritura para barítono de Verdi y refleja con acierto la psicología paterna del personaje. La cabaletta es más brillante que inspirada. El segundo cuadro le da ocasión al bajo para su lucimiento ya que el aria del conde "Il mio sangue" es de lo mejor que para esta cuerda había escrito Verdi hasta entonces. La escena entre Rodolfo y Federica es más bien convencional y su música un tanto pobre. Las cosas mejoran sensiblemente en el tercer cuadro, un magnífico concertante con coro, plenamente verdiano, que posee sentido teatral y expresividad lírica, es decir ámbito melodramático. En especial, a partir de la frase del tenor "Tu, tu signor fra queste soglie", el concertante cobra una especial relevancia. Espléndida página para cerrar el acto.

El primer cuadro del acto II es un enfrentamiento entre la heroína y el malvado que Verdi soluciona de manera irregular. El aria de Luisa "Tu puniscimi, oh signore", sin ser mala, no está a la altura del personaje. Más interesante es la especie de cabaletta "A brani, a brani, o perfido" que aun siendo una pieza conservadora y belcantista tiene una melodía incisiva y estimulante. En el segundo cuadro, el dúo del conde y Wurn no pasa de discreto, mientras que la falsa confesión de Luisa, momentos especialmente eficaces desde una perspectiva teatral, son retratados por Verdi de modo desigual, teniendo los pasajes más acertados en algunas frases de la protagonista. En el tercer cuadro destaca el recitativo y aria de Rodolfo "Quando le sere al placido", la mejor de todas las arias de tenor compuestas por Verdi hasta entonces y una de las más destacadas de toda su producción para esta cuerda. Es una página de acendrado lirismo, de excelente línea dramática y muy acorde con la situación. El final del acto, con su ritmo de polonesa, no carece de empaque y supone un buen motivo de lucimiento para el tenor.

El tercer acto de Luisa Miller contiene dos grandes secuencias: el dúo entre la protagonista y su padre y el de los amantes. El primero pertenece a la tan querida y cultivada serie de escenas paterno-filiales de Verdi, resuelto aquí con eficacia aunque en algunos momentos el material melódico sea un poco superficial; el segundo es, en cambio, una soberbia secuencia melodramática con una intensidad expresiva, una adecuación al texto y una belleza de escritura musical verdaderamente admirable. Los compases finales en los que intervienen los otros tres personajes masculinos no desmerecen del alto nivel conseguido en esta gran secuencia.

Especial Verdi