Inicio
 Melómano en pdf
 Tienda
 Discos: Recomendados
 Guía Práctica
 Claves
 Opinión Nuevo
 Especiales
 Grandes Obras
 Ópera
 Libretos
 Zarzuela
 La música y yo
 Entrevistas
 Promesas Cumplidas
 Consultorio
 Últimas portadas
 Registro
 Orfeo Ediciones
 Tus sugerencias
       
 
 ESPECIALES
 
Las óperas de Verdi. Un italiano en Londres: I Masnadieri
Por Carlos Ruiz Silva


Antes de comenzar la composición de Macbeth, Verdi había iniciado el trabajo para llevar a la escena un melodrama basado en Los bandidos de Schiller cuyo libreto había realizado el conde Andrea Maffei, traductor habitual del poeta y dramaturgo alemán y gran amigo del músico. Pasado el estreno de Macbeth, Verdi llegó a un acuerdo para terminar la ópera que había dejado a medio hacer y estrenarla en el Teatro Her Majesty's de Londres en la temporada estival de 1847. El 5 de junio llegó a la capital inglesa cuando la ópera todavía no estaba totalmente orquestada. El 22 de julio tuvo lugar el esperado estreno al que asistió el "todo Londres" incluida la reina Victoria. I Masnadieri fue un extraordinario éxito -como lo fue, paralelamente, I due Foscari que se representaba por esos mismos días en el Covent Garden-, aunque la prensa no se mostró unánime en los elogios.

La ópera de Verdi es un melodrama romántico que utiliza un lenguaje más conservador que Macbeth y tiene unos personajes menos diferenciados y más esquemáticos. La acción de tiene lugar en Alemania y Bohemia a comienzos del siglo XVIII. La ópera consta de cuatro actos y nueve cuadros que se desarrollan a lo largo de tres años. La historia nos habla de dos hermanos, Carlo y Francesco, hijos del conde Moor. El primero se ha unido a un grupo de bandidos, abandonando su vida regalada. Luego, arrepentido, escribe al padre pidiendo perdón. La carta es interceptada por Francesco que, para hacerse con la herencia, le dice al padre que Carlo ha muerto y a Carlo que su progenitor no le perdona. Amalia, prometida de Carlo, sufre una gran desilusión. Después de muchas complicaciones, se descubre la verdad, pero es demasiado tarde. Carlo, desesperado por su vida de bandido, mata a su amada y espera el patíbulo.

El preludio con el que se inicia I Masnadieri es una secuencia para violonchelo y orquesta melancólica e intimista. El primer cuadro es una escena para el tenor. El aria "O mio castel paterno" está escrita con más oficio que inspiración, mientras que la cabaletta "Nell' argilla maledetta" es, sin embargo, una página no sólo de bravura sino de interesante sentido dramático. Esta escena tiene su correspondencia en el segundo cuadro encomendada a Francesco, el barítono, aunque ni el aria "La sua lampada vitale" ni la cabaletta "Tremate o miseri" incide, como hubiera sido deseable, en el retrato psicológico de un personaje destructor. A cambio, Verdi nos ofrece dos páginas de estimable valor musical aunque de escasa profundidad teatral. El tercer cuadro es el más interesante. La figura de Amalia aparece bien cincelada en su cavatina "Lo sguardo avea degli angeli" a la que únicamente sobran algunas fiorituras que Verdi escribió pensando en la soprano sueca Jenny Lind, que fue la primera Amalia. El final del acto es excelente: el dúo entre el conde y Amalia posee acentos conmovedores y el cuarteto responde con acierto a los distintos sentimientos de los personajes que se funden en una unidad superior de indudable categoría: un ejemplo del más puro melodrama verdiano.

El primer cuadro del acto II es una gran escena para la soprano. El aria "Tu del mio Carlo al seno" tiene tonalidades donizettianas con el suave acompañamiento del arpa; la línea es sencilla y levemente melancólica dentro de un belcantismo todavía vigente a mediados del siglo. Esta sencillez contrasta con la alegre cabaletta "Carlo vive" de difícil estructura rítmica. El dúo que sigue entre Amalia y Francesco, aunque algo convencional en su aire danzante, no deja de tener cierto encanto. El final del cuadro posee un indudable calor dramático y un sabor muy verdiano aunque, de nuevo, le sobran ciertos adornos en la parte de la soprano. En el segundo cuadro, después de un coro de bandidos no especialmente memorable, destaca la romanza de Carlo "Di ladroni attorniato", de excelente factura. El finale, tal vez un poco precipitado, tiene energía y contundencia dentro de una estética dramática no totalmente desarrollada.

El comienzo del acto III es de gran clase, y la música de Amalia de relieve. El extenso dúo con Carlo aunque algo irregular, tiene momentos muy bellos y es dramáticamente efectivo. Incluso la sección final "Lassù risplendere", más brillante pero también más banal, ofrece frases interesantes. El coro con el que se abre el segundo cuadro es el mejor de los encomendados a los bandidos, pese a lo cual no alcanza una especial altura. La meditación de Carlo sobre el suicidio y todo el final del acto probablemente sean lo mejor de la ópera desde un punto de vista teatral y Verdi logra mantener con maestría la tensión dramática. Particularmente acertado es el "raconto" del viejo conde, sustentado por una excelente y adecuada orquestación. El final, con Carlo y el coro clamando venganza, es magnífico y de gran lucimiento para un tenor que posea voz ancha y agudos brillantes, cosa verdaderamtente difícil de encontrar. No es de extrañar que el propio Verdi pospusiese la ópera por no hallar el tenor adecuado.

El cuarto acto de I Masnadieri se inicia con la gran escena del terrible sueño de Francesco que constituye el momento más importante y comprometido para el barítono. Toda la secuencia posee vigor dramático, eficacia escénica y buen nivel musical. El dúo con el pastor Moser, un bajo, es asimismo de gran intensidad y de vigorosa expresión a la que contribuye la feliz intervención del coro. El cuadro final de la ópera nos ofrece otro número excelente: el dúo entre el conde y Carlo, de gran sabor cantabile y línea noble y adecuada a la situación dramática. El trío final con coro, en el que destaca la parte de la soprano, es melódicamente agradable, majestuoso de expresión y de gran vigor dramático.

Especial Verdi