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Las óperas de Verdi. Primer encuentro con Shakespeare: Macbeth
Por Carlos Ruiz Silva
Los esfuerzos realizados por Verdi durante los años anteriores al estreno de Macbeth (1847), nueve óperas en seis años, desembocaron en una crisis aguda. Los médicos le obligaron a abandonar todo trabajo durante seis meses para que se pudiese recobrar de su penoso estado. Verdi se dedicó durante estos meses a descansar, dar largos paseos y tomar las aguas en el balnerario de Redoaro. Los meses de ocio mejoraron su salud, pero para encontrarse completamente restablecido necesitaba ponerse de nuevo al trabajo. Esto hizo que se decidiese a aceptar la oferta del Teatro della Pergola de Florencia para realizar un Macbeth. El libretista encargado fue Francesco Maria Piave. Tal vez en ninguna otra ópera hasta esos momentos había puesto Verdi tantas esperranzas y desvelos. Supervisó el libreto, escribió repetidamente al empresario dándole toda suerte de recomendaciones, desde el número de figurantes hasta las características vocales de los secundarios, desde cómo debían comportarse las brujas en escena hasta la insistencia en que el cantante que debía hacer el papel de Banquo fuese el mismo que saliese como su fantasma. Incluso estudió aspectos de la Historia de Escocia y se interesó en cómo se hacían en Inglaterra las representaciones del Macbeth original.
A comienzos de 1847 la ópera estaba terminada y Verdi, que vivía en Milán, se trasladó a Florencia en el mes de febrero para los ensayos. Dueño ya de una gran reputación como operista, el maestro se volvió una especie de tirano, exigiendo un crecidísimo número de ensayos, gastos cuantiosos en la escena y un especial cuidado en los aspectos puramente dramáticos. Todo le fue concedido y por fin Macbeth se estrenó el 14 de marzo de 1847 en medio de una enorme expectación. El éxito fue grandioso. Al final de la representación, Verdi hubo de comparecer en escena nada menos que 38 veces. Pero, pese a ello, el músico realizó en 1865 una segunda versión, añadiéndole un ballet y realizando algunos cambios en las partes que menos le satisfacían y creando nueva música. Esta versión, destinada a la Ópera de París, es la que normalmente se ejecuta.
Macbeth es una de las mejores óperas del primer periodo de Verdi y también una de las pocas que de esta época permanece en el repertorio. Constituye junto con Otello y Falstaff la trilogía shakespeariana del compositor. Es bien conocida la aseveración de Verdi: "Prefiero Shakespeare a cualquier otro dramaturgo sin exceptuar a los griegos" y en sus cartas se refiere siempre al poeta inglés con una grande y profunda admiración. Verdi intenta aquí retratar psicológicamente a sus dos protagonistas y crear un clima adecuado en las voces y la orquesta, prestando más atención a las palabras que en ninguna de sus óperas anteriores y cuidando la orquestación como el vehículo más idóneo para la creación de un ambiente.
El Macbeth de Shakespeare tiene cinco actos, el de Verdi cuatro, alterándose como es lógico algunas escenas, concentrando la trama y reduciendo las acciones secundarias. La obra tiene lugar en Escocia en el siglo XI. A grandes rasgos, así es el argumento. El general Macbetto, instigado por su esposa, asesina al rey Duncano y toma la corona. Unas brujas le habían vaticinado que sería rey. El usurpador vuelve a las brujas y éstas le dicen que no perderá el trono hasta que el bosque de Birnamo (Birnham) se levante contra él. Cegado por la ambición, Macbetto ordena matar a Banco, otro general al que considera un peligro. Lady Macbetto padece de sonambulismo y en uno de sus sueños confiesa el asesinato del rey. Poco después muere. El noble escocés Macduff y el príncipe Malcolm se rebelan contra Macbetto, y sus soldados llevan ramas como camuflaje en el bosque de Birnamo. La profecía se cumple. El tirano muere y Malcolm es proclamado rey.
Macbeth comienza con un breve y excelente preludio en el que se alternan las partes dramáticas con la más lírica y doliente que luego escucharemos en la escena del sonambulismo de Lady Macbeth. El coro de brujas -tres pequeños coros de seis brujas cada uno como quería Verdi- tiene una música un tanto carnavalesca y retozona, que contrasta con las serias intervenciones de Macbeth y Banco. Más interesnte es el segundo cuadro. En él encontramos a Lady Macbeth con su triple y difícil intervención de recitativo, aria y cabaletta. Necesita una soprano dotada de una amplia tesitura, volumen y poderío vocal y capaz de vencer agilidades. Verdi quería además que hiciese lo posible por dar una imagen demoniaca a través de la voz y por ello deseaba una figura casi desagradable y que, además, no cantase bien. Aun considerando exageradas estas condiciones, es inevitable pensar en este personaje como duro, ambicioso y cruel. Marianna Barbieri-Nini fue la elegida, aunque estuvo a punto de abandonar el papel porque el autor la obligaba a trabajar hasta la extenuación. El aria "Vieni, t'affretta" y su cabaletta "Or tutti sorgete" suponen una buena muestra de los avances psicológicos que Verdi había realizado; en ellas se nos muestra el espírtitu agresivo, fuerte, dominante de Lady Macbeth en una realización musical a la que sólo estorban algunos adornos innecesarios. El resto del cuadro, hasta el final del acto, es excelente en términos generales y sólo la procesión del rey Duncano desentona del tono dramático y la amplitud expresiva que preside el cuadro.
En el segundo acto destaca el soliloquio de la soprano "La luce langue" -escrito por Verdi para la segunda versión de la ópera- que, además de su dificultad, constituye una página de indudable sentido psicológico, en la que se expresa la necesidad y justificación del crimen. El aria de Banco en el segundo cuadro "Come dal ciel precipita" es de sombría expresividad. El tercer cuadro se abre con la música del banquete. No es este tipo de música festiva lo que mejor hacía Verdi y, en este caso concreto, la partitura es de una banalidad irritante. El brindis de Lady Macbeth y el coro, aunque no de gran inspiración, es eficaz como contraste con los dramáticos momentos en los que el protagonista ve horrorizado la aparición del fantasma de su víctima, y que están muy bien plasmados por Verdi. El concertante final, un sexteto con coro, es excelente tanto por el vigor teatral como por su inudable calidad musical.
El acto III está dominado por la presencia de las brujas. La música es bastante mejor que la del primer acto y en las apariciones por ellas evocadas la tensión dramática, la orquestación y el ámbito creado son de buen efecto. El ballet de las brujas fue escrito para la versión de París de 1865. Todas las intervenciones de Macbeth comentando las apariciones son acertadas y retratan con maestría su debilidad y también su ambición. El ballet de sílfides y ondinas con el coro de brujas es de escasa calidad y resulta fuera de contexto. El dúo de Macbeth y su esposa "Ora di morte" está pleno de vigor y sentido teatral llevando el acto a buen término.
El cuarto acto contiene páginas de excelente factura. El coro de exiliados "Patria opressa" está en la línea del "Va pensiero" de Nabucco y el aria del tenor "Ah, la paterna mano" es inspirada y conmovedora. La soberbia escena del sonambulismo de Lady Macbeth se inicia con una amplia secuencia orquestal de gran belleza. Toda la parte de la soprano constituye un gran acierto y la fusión entre música e intencionalidad dramática está realizada con mano maestra. Es muy difícil de cantar, pudiendo alcanzar la soprano el re bemol sobreagudo. El aria de Macbeth "Pietà, rispeto, amore" refleja el lado más humano del tiránico rey enriqueciendo así su personalidad. En fin, la batalla es vista por Verdi con ojos ingenuos, pese a lo complejo de la escritura fugada, y el coro final, muy brillante, lleva a la ópera a una conclusión victoriosa.
Especial Verdi
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