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Las óperas de Verdi. Attila
Por Carlos Ruiz Silva


Después del fracaso de Alzira, Verdi tuvo que ponerse inmediatamente a trabajar en una nueva obra para atender el contrato con la Fenice de Venecia. Esta vez el tema elegido fue el de Atila, según el drama alemán Attila, König der Hunnen de Zacharias Werner (1803). La ópera pasó por numerosas dificultades, siendo la más grave el estado de postración del compositor. Pero frente a esta corriente depresiva, Verdi logró oponer su interés por el trabajo que, poco a poco, le fue ilusionando a medida que avanzaba la composición. Esto sucedía en noviembre de 1845; a primeros de 1846 la obra estaba casi terminada, faltando sólo los recitativos y la instrumentación. Surgió entonces un nuevo problema: Verdi enfermó seriamente con altísima fiebre y dolores gástricos. El empresario de la Fenice se desesperó y el maestro -un poco exageradamente- dijo que a pesar de que se estaba muriendo terminaría la ópera. Y así lo hizo. Otra buena noticia ayudó a curar la enfermedad psicosomática: Ernani se había estrenado con gran éxito en el Teatro Italiano de París con el título de Il Proscritto.

Por fin, Attila se estrenó en la Fenice el 17 de marzo de 1846 con éxito apoteósico. El público escoltó al compositor hasta su hotel con antorchas, flores y una banda de música. Como había sucedido en Nabucco cuatro años antes, el éxito se debió no sólo a razones musicales. De nuevo el patriotismo de los italianos vio en Attila un trasunto de la ocupación austriaca y en el triunfo del general romano Ezio sobre el rey de los hunos, invasor de Italia, la futura y deseada victoria sobre el odiado extranjero. La representación fue interrumpida en varias ocasiones con aplausos y gritos patrióticos que mostraban una indudable segunda intención en el entendimiento que el público estaba haciendo de la ópera.

Según el texto de Solera, Attila se reduce al enfrentamiento de la Italia cristiana contra la barbarie germana que finaliza con el triunfo italiano y ello pese a que en la obra de Werner el protagonista resulta mucho más noble que sus adversarios. Pero el público veneciano juzgaba por lo que se estaba escuchando y todo aquello le sonaba a canto patriótico. La ópera se divide en un prólogo y tres actos y su acción se desarrolla en Italia en el año 454.

El argumento nos muestra al invencible Attila impresionado por la belleza y valentía de Odabella, hija del señor de Aquilea a quien el huno ha derrotado. Ella jura vengarse. El general romano Ezio, un intrigante, se ve con Attila para conspirar contra los emperadores de Oriente y Occidente. Le pide que le deje a él Italia y se quede con el resto del mundo, pero Attila rechaza la traición y le dice que él solo vencerá a Roma. Pero el huno será víctima de una conspiración urdida entre Foresto, un noble aquileo, el esclavo Uldino y la propia Odabella, a quien Attila está a punto de desposar. Ella le clava un puñal en el corazón y los romanos invaden en triunfo el campamento de los hunos.

Attila se inicia con un preludio breve pero de gran intensidad expresiva, con una hermosa y doliente melodía destinada a la cuerda. La primera parte del cuadro inicial aparece dominada por Odabella, cuya cavatina, "Allor che i forti corrono", es de extraordinaria dificultad -ya en el recitativo inicial se alcanza el do sobreagudo- y la subsiguiente cabaletta "Da te questo" que requiere una soprano de amplia tesitura, volumen y capaz de vencer las agilidades requeridas, es decir una "drammatica d'agilità", como al parecer lo era Sophie Loewe, primera intérprete de Odabella. Musical y teatralmente, la gran escena acierta a expresar la ferocidad vengativa de la joven cristiana que, como una nueva Judith, llevará a cabo sus terribles planes. La escena entre Attila y Ezio posee un marcado carácter marcial, lo cual parece acertado, ya que se trata de un encuentro entre dos militares: el bárbaro Attila, que resulta ser el más caballeroso, y el cristiano Ezio que es un traidor lleno de ambición. El segundo cuadro del prólogo está dominado por la figura de Foresto. Aquí, el tenor tiene buena ocasión de lucimiento: el aria "Ella in poter del barbaro" posee buena línea y necesita un cantante capaz de dominar el legatto; la cabaletta "Cara patria" ofrece la adecuada brillantez aunque la orquestación es un poco tosca; la intervención del coro y el gran impulso rítmico que presenta lleva a este prólogo a una rotunda conclusión.

El acto I se abre con la excelente cavatina de Odabella "Oh, nel fuggente nuvolo" de delicada línea belcantista que permite a la soprano un contraste intimista con respecto a la ferocidad mostrada en el prólogo. El dúo que sigue "Sì, quell'io son" combina la expresión lírica amorosa con el dramatismo inherente al tema de la venganza. La parte final del dúo a modo de cabaletta, "Oh, t'inebria nell'amplesso", nos muestra a un Verdi brillante y superficial en el que, todavía, se perciben huellas rossinianas. El segundo cuadro es, desde el punto de vista teatral, el mejor de la ópera. La psicología del protagonista está bien plasmada en su mezcla de agresividad e ingenua superstición. El aria de Attila "Mentre gonfiarse l'anima" y su posterior cabaletta "Oltre a quel limite" están escritas con intensidad dramática y estimable valor musical. De innegable calidad es el finale, un concertante de gran efecto en el que destaca el breve diálogo entre Attila y Leone.

El cuadro primero del segundo acto está destinado a Ezio. Su aria "Dagli immortali vertici" es una buena muestra de las arias para barítono del primer Verdi, con línea cantabile y nobleza expresiva. La subsiguiente cabaletta "è gettata la mia sorte" responde a las típicas exigencias de bravura y ritmo marcial. Las partes corales de la escena del banquete, segundo cuadro, son ligeras y convencionales y en general todo el cuadro, que posee indudable animación, no se distingue ni por lo inspirado de sus temas ni por lo cuidado de la orquestación que aparece un algo falta de refinamiento.

En el breve tercer acto, el aria de Foresto "Che non avrebbe il misero" es de corecta línea pero de escasa sustancia. Algo más interesante es el trío para soprano, barítono y tenor, mientras que el finale, algo precipitado, carece del ímpetu y brillantez de otros títulos del Verdi de la primera época. En su conjunto, Attila no puede situarse entre los mejores logros del compositor en este periodo ya que ni los personajes ni el tratamiento musical o dramático sobrepasan una muy discreta medianía.

Especial Verdi