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Las óperas de Verdi. Giovanna D'Arco
Por Carlos Ruiz Silva


Aun no se habían apagado los aplausos prodigados en Roma al estreno de I due Foscari -noviembre de 1844- cuando la Scala encargó a Verdi una nueva ópera que habría de estrenarse esa misma temporada durante los carnavales. Estamos en plenos "años de galera", de trabajos forzados. En dos meses hubo Verdi de componer una ópera que dura dos horas y cuarto y además atender los ensayos y las representaciones de I Lombardi que se reponía en Milán luego de su triunfal estreno el año anterior en el mismo teatro.

El tema elegido fue el de Juana de Arco según el drama de Schiller La doncella de Orleans (1801). Temistocle Solera escribió rápidamente el libreto, reduciendo drásticamente las numerosas acciones del original y el elevado número de los personajes y dejando el drama garmano en una deshilvanada sinopsis sin la menor profundidad de pensamiento político o humano. Solera hizo que Juana se enamorase del rey de Francia y no de un caballero inglés como sucede en Schiller, con lo cual se prescinde de un elemento dramático vital: el conflicto de Juana entre su misión patriótica y divina y su amor humano por un enemigo. El dramaturgo alemán hizo que, en vez de morir en la hoguera condenada por la Iglesia cristiana, Juana muriese durante una batalla. Este mismo final es el recogido por Solera. No sucede así con la ópera de Tchaikovsky, basada también en Schiller, La doncella de Orleans, estrenada en 1881 y en la que la protagonista termina, como es lógico histórica y teatralmente, en la hoguera. Giovanna d'Arco es una obra irregular. Si la música de desfiles, batallas y coros demoníacos cae en lo trivial cuando no en lo vulgar, la inspiración de Verdi se manifiesta singularmente en la destinada a la protagonista por el mayor cuidado, finura y la sensación de espiritualidad que desprende, en especial la del último acto.

Giovanna d'Arco se estrenó en la Scala de Milán el 15 de febrero de 1845 con bastante éxito de público aunque no tanto de crítica, y se representó en 17 ocasiones durante la temporada. A lo largo de los ensayos, Verdi discutió con el empresario quejándose de la indisciplina del coro, de la orquesta, de los tramoyistas y de los cantantes. La consecuencia fue que Verdi rechazó no sólo la propuesta de Merelli para componer una nueva ópera para la Scala sino que prometió no volver a estrenar jamás en el famoso teatro. Como anécdota, cabe indicar que Giovanna d'Arco hubo de cambiar el título y el nombre de sus personajes y lugares a raíz de su estreno en Palermo en 1847, debido a que la censura eclesiástica la consideró irrespetuosa. El nuevo título de la ópera fue el de Orietta di Lesbo.

Giovanna d'Arco está dividida en un prólogo y tres actos y comprende seis cuadros. La acción se desarrolla en Francia alrededor de 1429. La ópera se inicia con una amplia obertura que posee un arranque dramático, una sección central de delicado bucolismo, y un final brillante y más ben superficial. En el primer cuadro destaca el recitativo, aria y cabaletta del rey. El recitativo tiene cierta fuerza, el aria "Sotto una quercia", con acompañamiento de pizzicati y del coro, es de buen estilo, y la cabaletta "Pondo e letal" es más libre y original de lo acostumbrado y el tenor puede lucirse alcanzando, si así lo desea, el re bemol sobreagudo. En el segundo cuadro destaca el aria de Giovanna "Sempre al'alba", página casi belliniana por la pureza de línea y la elegancia cantabile. El coro de los espíritus malignos es de gran ingenuidad con su suave ritmo de 3/8. El coro angélico es algo más apropiado. El dúo entre Giovanna y el rey se convierte en trío con la intervención del padre de la joven, Giacomo. Es una extensa página a modo de cabaletta tan brillante como banal; la sección intermedia es más discreta, con las tres voces en suave equilibrio sin intervención de la orquesta.

El primer acto se abre con un marcial coro de soldados que da paso al aria de Giacomo "Franco son io" que es página no exenta de cierta nobleza en la que el barítono puede lucir su línea cantabile; la cabaletta "So che per via" es más elegante de lo habitual y sólo en los últimos compases hay un cierto tono heroico. El segundo cuadro nos ofrece la breve pero hermosa aria de la soprano "O fatidica foresta", con acompañamiento de pizzicatti y madera. El dúo de Giovanna y el rey es irregular, siendo lo mejor la frase del tenor que comienza "E puro l'aere" que posee un gran lirismo. El final, en el que se entremezclan las voces de los amantes y el coro de demonios que grita "Vittoria, vittoria" es, aparte de su ingenuidad dramática, un número de no muy alto valor musical pero sí de gran efecto que lleva al acto a una brillante conclusión.

La marcha procesional con la que se inicia el acto II da a Giovanna d'Arco un tono de gran espectáculo con inclusión de comparsas, coros y ceremoniales patriótico-religiosos. El valor musical es más bien escaso. Por el contrario, el aria de Giacomo "Speme al vecchio" tiene acentos emotivos y línea noble. El finale, de gran extensión y en el que el coro desempeña una parte fundamental, es más efectivo que de calidad, aun cuando no falten momentos inspirados, como las frases de Giovanna que comienzan "L'amaro calice sommessa io bevo" de suave y delicada línea melódica con acompañamiento de clarinete. El acto finaliza con extremada brillantez.

Cabe destacar en el acto III el dúo de Giovanna y Giacomo que, en su doble sección, tiene acentos intimistas en la primera y de lucimiento y bravura en la cabaletta. El aria del rey "Quale più fido amico" posee un tono de nobleza y contenida emoción. Lo más interesante del acto es la escena de Giovanna, con el suave acompañamiento del clarinete, y su despedida de la tierra en la que contempla el cielo abierto.

Especial Verdi