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Las óperas de Verdi. I due Foscari
Por Carlos Ruiz Silva
Después del estreno veneciano de Ernani en 1844, Verdi recibió varias propuestas de los teatros italianos, aceptando el encargo del teatro Argentina de Roma para componer una ópera que habría de estrenarse dentro de cuatro meses y para la que no tenía ni siquiera libreto. Al fin se decidió por una ópera sobre Los dos Foscari, basado en un drama de Lord Byron en el que ya había pensado para Venecia antes de decidirse por Ernani. El libretista, Francesco Maria Piave, se puso inmediatamente a la tarea con la ayuda y supervisión del propio Verdi. La obra de Byron se había publicado en 1821 y reflejaba lo espléndido y lo tenebroso de la famosa ciudad. Los dos Foscari pertenece al conjunto de dramas venecianos que tuvieron su moda entre los románticos y al que también se adscribe La conjuración de Venecia de Martínez de la Rosa.
Durante los meses de composición de I due Foscari, Verdi hubo de luchar contra un mal estado de salud general, con dolores de cabeza, estómago y garganta, probablemente de carácter psicológico que lo obligaron a interrumpir la composición de la ópera en varias ocasiones. Al mismo tiempo, recibía toda clase de invitaciones para acudir a los salones de moda de la aristocracia y la alta burguesía pero Verdi renunció a toda vida social para centrarse exclusivamente en su trabajo. Después de muchos sufrimientos, el maestro terminó su ópera. El 30 de septiembre empezaron los ensayos y el 3 de noviembre de 1844 se estrenó con éxito más que bueno, pese a que los cantantes no estuvieron muy afortunados. Fue realmente en la segunda representación cuando I due Foscari triunfó de manera apoteósica y Verdi fue obligado a salir a escena en treinta ocasiones.
La historia de I due Foscari posee varios de los elementos lírico-dramáticos más caros al compositor: La venganza, la relación paterno-filial y el amor abnegado. Sobre ellos compuso Verdi una ópera de muy medida proporción y sobriedad, creando una atmósfera oscura y a veces incluso tétrica que refleja adecuadamente el drama del desgraciado dux y de su hijo. La orquestación es más cuidada que en sus obras anteriores con especial acierto en el empleo del clarinete y del arpa. La obra, calificada de tragedia lírica por su autor, está dividida en tres actos y ocho cuadros. La acción tiene lugar en Venecia en el año de 1457. Jacopo Foscari, hijo del dux Francesco, ha sido condenado al destierro falsamente acusado de traición a la república. Ni los ruegos de su esposa, Lucrezia, ni de su padre conmueve al Tribunal de los Diez, en el que Jacopo Loredano, enemigo del dux, tiene gran influencia. Bárbaramente torturado, Jacopo parte al exilio donde muere. Cuando se descubre su inocencia es demasiado tarde. El Tribunal obliga a abdicar al atribulado padre con pretexto de su edad.
La ópera se inicia con un adecuado preludio de tintes sombríos. En el primer cuadro se encuentra la gran escena de Jacopo, el tenor. El aria "Dal piú remoto esilio", con su acompañamiento de pizzicati, posee nobleza si bien su calidad melódica no es muy alta; la cabaletta "Odio solo" tiene apostura marcial y tonos heroicos ya que no especial originalidad. Más interesante musicalmente es el segundo cuadro, dominado por la soprano. Como es habitual en Verdi, la escritura para la voz femenina está más cuidada, es más fina e inspirada. La cavatina de Lucrecia "Tu al cui sguardo omnipossente" con coro femenino es una hermosa página en la que todavía encontramos ecos bellinianos. La cabaletta "O patrizi, tremate" es ya típicamente verdiana, con una agresividad que contrasta con el aria anterior. El brevísimo cuadro tercero, de apenas dos minutos, es un coro no especialmente memorable. En cambio, el cuarto, la escena del viejo dux, posee un inconfundible sabor a Verdi, con una escritura baritonal noble, de amplio fraseo y línea cantabile de gran expresividad en el aria "O vecchio cor". El encuentro entre el dux y Lucrecia es de calidad indudable: tiene emoción, adecuación dramática y vibración interior y pertenece a la excelente serie de dúos de barítono y soprano, generalmente padre e hija, tan típicos del mejor Verdi.
El segundo acto comienza con un breve y camerístico preludio al que sigue una escena de gran lucimiento para el tenor. El recitativo "Notte, perpetua notte" es de extraordinaria fuerza, y el aria combina desesperación y ternura en una página de intenso dramatismo. El dúo de los esposos, interrumpido unos momentos por la alegría que llega a los calabozos desde las góndolas, es de un lirismo de buena ley y ajustado al texto. El tercetto que sigue es agradable y sirve de remanso al más dramático cuarteto con el que finaliza el cuadro, de inspiración y rítmica un tanto popularista, pero animado y enérgico. En el segundo cuadro destaca la emotiva escena de Jacopo abrazando a sus hijos, lejos de cualquier concesión sentimentaloide y el gran concertante, un sexteto con coro, que conduce al acto a un contundente final.
El primer cuadro del acto III, luego de su arranque con la fiesta de carnaval, posee una espléndida escena para el tenor aunque también la soprano aporte una interesante intervención. La música tiene fuerza y lirismo y es una excelente muestra del melodrama verdiano de la primera época. El segundo cuadro es la oportunidad de lucimiento para el barítono que hasta estos momentos se había mantenido más bien en un segundo plano. La escena posee nobleza y sentido dramático y supone un acertado retrato psicológico del viejo dux, en el que confluyen encontrados sentimientos: el amor filial, el deber de acatar las leyes, el orgullo y el pesimismo existencial. La música refleja con acierto, en sus tintes oscuros, el ámbito de derrota y fatalidad en el que finaliza la triste historia de los dos Foscari.
Especial Verdi
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