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Las óperas de Verdi. De Venecia a Venecia pasando por Roma, Milán y Nápoles. Ernani
Por Carlos Ruiz Silva
En 1843 y después de los cuatro estrenos de la Scala, Verdi recibió el encargo de escribir una nueva ópera para la temporada de la Fenice de Venecia. Entre el compositor y el empresario, el conde Mocenigo, decidieron que el drama de Victor Hugo Hernani era un buen tema. Esta obra había sido estrenada en París en 1830 con una tumultuosa acogida debida a los enfrentamientos entre partidarios y detractores. Verdi y Mocenigo encargaron el libreto al poeta local Francesco Maria Piave que luego habría de ser colaborador del músico en óperas tan famosas como Rigoletto, Macbeth y La Traviata. Pero en 1843, Piave carecía de experiencia y el libreto hubo de ser rehecho una y otra vez ante las indicaciones de Verdi.
De los cuatro personajes principales, el mejor retratado musical y teatralmente es don Ruy Gómez de Silva, el viejo aristócrata escrupuloso hasta el límite en cumplir las leyes de la nobleza y al mismo tiempo capaz de llevar su venganza hasta la crueldad; no en vano la obra se titula originalmente Hernani o El honor castellano. La voz de bajo le otorga la prestancia y dignidad que requiere su papel. Ernani, el tenor, es el típico héroe romántico, generoso, valiente, apasionado y, en el momento supremo, fiel a la palabra dada aunque esta fidelidad le conduzca a la muerte. El rey Carlos, el barítono, que es proclamado emperador en el transcurso de la ópera, tiene su gran escena en el acto III, quizás el mejor de la ópera, y en ella Verdi realizó uno de sus grandes momentos para barítono. En cuanto al personaje femenino, después de sus importantes intervenciones en el segundo cuadro del primer acto, el papel tiene ya menos importancia y con excepción de algunas frases muy bien situadas no refleja con la deseable riqueza el mundo apasionado, puro y noble que vive en su interior.
Como datos positivos de Ernani con respecto a sus antecesores en el catálogo de Verdi debe considerarse la mejora de la orquestación, que es algo más refinada, la mayor complejidad de los concertantes y, en general, una unidad más firme y conseguida en el desarrollo temático. En su conjunto, Ernani, es un buen ejemplo del romanticismo verdiano y en algunos momentos un claro antecedente de futuras conquistas del gran operista. Ernani se estrenó el 9 de marzo de 1844 en el Teatro de la Fenice de Venecia con aceptable éxito pese a que el compositor se mostró descontento con los cantantes.
La acción de Ernani tiene lugar en España en 1519. La obra de Victor Hugo combina hechos históricos y ficticios muy dentro de la estética romántica. Ese año de 1519 Carlos contaba sólo 19 años y era elegido emperador. Tres años antes se había convertido en rey de España. Los personajes de Elvira -doña Sol en el original- y Ernani son para creación literaria pero no así don Ruy Gómez de Silva, duque de Pastrana y grande de España, que fue figura importante pero del reinado de Felipe II, no del de Carlos V.
Ernani se divide en cuatro actos, de los cuales el primero está formado por dos cuadros. La historia es muy complicada. Ernani, duque de Cardona, es un bandido que lucha contra Carlos I quien ha matado a su padre y confiscado sus bienes. Está enamorado de Elvira, sobrina y prometida del viejo duque de Silva. Pero también el rey la ama aunque en vano. El día de la boda, Ernani entra en el castillo de Silva como peregrino y el duque le da hospitalidad. Poco después Carlos llega al castillo exigiendo la cabeza de Hernani pero el duque se la niega pues su palabra es sagrada. El rey lo amenaza con la muerte pero ni siquiera así cambia el anciano de opinión. Admirado, Carlos se va. Ernani reconoce que Silva le ha salvado la vida y le promete que la tendrá a su disposición cuando lo desee. Poco después, en Aquisgrán, Carlos es elegido emperador y habiendo sorprendido una conjura para asesinarlo y dando muestras de magnanimidad, perdona a los conjurados entre los que se encuentran Silva y Ernani concediéndole, además a éste, la mano de Elvira. El día de la boda, el vengativo Silva aparece exigiendo la vida de Ernani. Y éste, haciendo honor a la palabra dada, se clava un puñal.
Ernani se inicia con un breve preludio en el que aparece el tema del cuerno fatal, signo de la muerte. En el breve primer cuadro destaca el aria de Ernani "Come rugiada al caspite" y la cabaletta con coro "O tu che l'alma adora" que, si no de especial belleza, tiene al menos cierta poesía la primera y brillantez la segunda. El siguiente cuadro, mucho más importante y complejo, contine la gran escena de la soprano con el recitativo "Surta è la notte", la cavatina muy famosa y difícil "Ernani involami" y la cabaletta con el coro de muchachas "Tutto sprezzo" que requiera una spinto pero con capacidad para las agilidades. El dúo entre don Carlos y Elvira posee vigor y temperatura dramática y el trío que sigue, con la incorporación de Ernani, nos recuerda de inmediato -la situación es teatralmente similar- al trío del primer acto de Il trovatore con su gran sentido rítmico y fuego verdiano aunque melódicamente no sea de gran calidad. La entrada de Silva y su subsiguiente aria "Infelice, e tu credevi" dan un giro a la situación que pasa a ser más reposada pese a que la tensión interior perviva. La cabaletta "Infine un brando vindice" es enérgica e incluso fiera. El amplio concertante final, en el que el coro desempeña un papel importante, es poderoso y denota la mano de un Verdi en posesión ya de un oficio tan firme como inspirado.
El segundo acto es menos interesante que el primero. La música del banquete es banal, pero mejora en el trío que sigue y el breve dúo de Ernani y Elvira. La página más acertada del acto es la intensa y cantabile plegaria -pese a su brevedad- que el viejo Silva dirige al rey pidiéndole no se lleve a Elvira. Bien cantada tiene un toque de grave emoción. El final, el dúo de la venganza con el coro de caballeros es, a un nivel más bajo, precursor del gran dúo entre Otelo e Iago.
El tercer acto es el más teatral de los cuatro. El aria de don Carlos "Oh de'verd'anni miei" pertenece ya a la línea de las grandes arias verdianas para barítono con su mayestático solo de violonchelo y el gran efecto que produce la entrada de toda la orquesta que acompaña a la voz. El momento en que el nuevo emperador aparece en la tumba de Carlomagno ante los atónitos ojos de los conspiradores es de un gran efecto. El concertante final pertenece a las mejores páginas de este tipo que podemos encontrar en el primer Verdi.
El cuarto acto, el más breve, se abre con una de las típicas músicas festivas de Verdi de no mucha calidad. El dúo de amor es de aceptable factura pero mejor es el trío que posee vigor, dramatismo y está bien escrito para las voces. El final, tal vez en exceso precipitado, logra mantener el clima opresivo e incluso angustioso generado por la muerte del protagonista. En su conjunto, Ernani es una de las óperas más valiosas del primer Verdi pese a las imperfecciones apuntadas, lógicas por otra parte en un compositor de sólo 30 años.
Especial Verdi
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