Inicio
 Melómano en pdf
 Tienda
 Discos: Recomendados
 Guía Práctica
 Claves
 Opinión Nuevo
 Especiales
 Grandes Obras
 Ópera
 Libretos
 Zarzuela
 La música y yo
 Entrevistas
 Promesas Cumplidas
 Consultorio
 Últimas portadas
 Registro
 Orfeo Ediciones
 Tus sugerencias
       
 
 ESPECIALES
 
Las óperas de Verdi. I Lombardi
Por Carlos Ruiz Silva


Después del gran éxito de Nabucco, Verdi se convirtió en un compositor cotizado. La Scala le ofreció un nuevo contrato y el músico aceptó inmediatamente. El tema elegido fue I Lombardi alla prima crociata (Los lombardos en la primera cruzada) inspirado en el poema dramático de Tomasso Grossi del mismo título, que se había publicado en Milán en 1826 con gran éxito. El libreto fue, de nuevo, de Temistocle Solera que escribió un drama en cuatro actos con algunos cambios pero respetando el tono general del poema. El texto es mediocre pero resultó eficaz por la disposición de las partes cantadas y la alternancia, bien dosificada, de espectáculo y reflexiones internas, páginas para solistas y corales.

La composición de I Lombardi fue rápida y su estreno se produjo el 11 de febrero de 1843, es decir, menos de un año después del de Nabucco. El arzobispo de Milán intentó que se suspendiesen las representaciones calificando de sacrilegio el que se escenificase un bautismo en el Jordán. Pero Verdi se negó a cambiar nada y la influencia de Merelli y la gran afición a la ópera del jefe de la policía milanesa salvaron el estreno. Por su partitura cobró Verdi 9.000 liras, cantidad muy alta para la época. El éxito de I Lombardi fue grande. El público identificó de inmediato a los lombardos del siglo XI con los italianos contemporáneos, a la Tierra Santa con la Italia que había que recuperar y a los sarracenos con los austriacos invasores, interrumpiendo en varias ocasiones la representación con comentarios políticos de doble sentido, en un caldeado ambiente patriótico. De la ópera se celebraron 27 representaciones lo que muestra el gran interés despertado.

I Lombardi se divide en cuatro actos y doce cuadros. La acción se sitúa a finales del siglo XI y es muy complicada, con dos hermanos enamorados de la misma mujer, la desaparición de uno de ellos, Pagano, y su vuelta veinte años después para vengarse del otro al que trata de asesinar. Pero en su lugar mata a su propio padre y, horrorizado, se va a los Santos Lugares a hacer penitencia en el desierto. La protagonista, Griselda, sobrina del asesino, es capturada por los sarracenos y está en poder del gobernador de Antioquía. El hijo de éste, Oronte, y Griselda se enamoran. Los cruzados asaltan el palacio y Oronte es herido mortalmente muriendo entre los brazos de Griselda y convirtiéndose al cristianismo. Los lombardos sitian Jerusalén para conquistar el Santo Sepulcro pero carecen de agua y las tropas están muertas de sed. Por intercesión de Griselda surge una fuente milagrosa que conforta a los cruzados, logrando éstos poner el estandarte de la cruz sobre las torres de Jerusalén. Pagano reaparece como eremita, es herido y muere con el perdón de su hermano y de Griselda.

La ópera comienza con un breve preludio de tono religioso. El coro inicial pertenece a la vena del Verdi más superficial, pero el concertante que sigue, en el que la soprano desempeña papel predominante, tiene ya calidad, amplitud lírica y no carece de una cierta grandeza y tensión dramática. El aria de Pagano "Sciagurata! hai tu creduto" y la subsiguiente cabaletta "O speranza di vendetta", son páginas aceptables, de discreto valor el aria y de rítmica brillantez la cabaletta. En el segundo cuadro destaca la bella plegaria de Giselda "Te, Vergin santa, invoco". El gran concertante que cierra el acto posee aliento lírico y dramático.

El segundo acto tiene momentos muy bellos frente a pasajes de valor musical escaso. En el primer cuadro destaca el aria de Oronte "La mia letizia infondere" de inconfundible tono verdiano. En el segundo cuadro, el aria de Pagano es discreta, pero la música de los lombardos cuando se acercan a la cueva del penitente es vulgar y apartada de la situación dramática. El final del cuadro sigue los mismos derroteros. El tercer cuadro se inicia con un coro femenino de no mucho encanto, pero la plegaria de Giselda "Se vano è il pregare" es de excelente factura y delicado virtuosismo vocal, muy difícil de cantar -llega en varias ocasiones al do sobreagudo y al si natural- necesitando una soprano lírico-spinto de agilidad. La terrible cabaletta "No; no, giusta causa" -casi una escena de locura- enlaza al personaje de Giselda con Abigaille (Nabucco) hacia atrás y con Odabella (Attila) y Lady Macbeth hacia adelante. El conjunto del cuadro supone un desafío para la soprano que tiene momentos muy difíciles pero también de gran lucimiento.

En el tercer acto, el inicial coro de peregrinos que se abre y finaliza con las palabras "Gerusalem, Gerusalem" es página de cierto poderío aunque su sustancia musical sea algo pobre. El amplio dúo entre Giselda y Oronte se mueve en una línea de discreción y sólo al final, quizá para rematar el acto con brillantez , se hace algo vulgar. El segundo cuadro es muy breve y no posee excesivo interés musical, pero el tercero nos ofrece un original preludio para violín y orquesta en dos secciones: una cantabile apropiada al melodrama y otra allegro, con rasgos paganinianos, que no responde muy bien a la escena que va a seguir. El terceto para Oronte, Giselda y Pagano es de lo mejor de la ópera pues posee dramatismo y es melódicamente atractivo, con la intervención del violín solista. Sólo los últimos compases, en punta, destruyen en parte el ámbito sacro-amoroso del terceto.

En el último acto domina la irregularidad. Frente a momentos afortunados, como la visión de Giselda -su posterior cabaletta no lo es tanto- o buena parte del trío final, nos encontramos en el segundo cuadro -en el momento en que los cruzados encuentran el agua- con una música poco pulida. El coro "O Signore, dal tetto natio" con el que se inicia el segundo cuadro es una mediocre copia del famoso "Va pensiero" de Nabucco que tanto éxito había conseguido el año anterior. El final resulta un tanto efectista.

Cuatro años después del estreno de I Lombardi, Verdi recibió el encargo de escribir una ópera francesa para ser estrenada en París en el otoño de 1847. Como sólo disponía de un par de meses, optó por adapatar I Lombardi y convertirlo en Jérusalem. Para ello contó con Alphonse Royer y Gustav Vaèz como libretistas. La acción pasa de Milán a Toulouse, consevándose Tierra Santa. Los personajes también cambian de nombre -los protagonistas son ahora Gaston, Hélène y Roger-, la intriga es algo menos complicada, hay un nuevo preludio y el obligado ballet, además de numerosos pequeños cambios, pero fundamentalmente se trata de la misma obra. El estreno en la ópera de París, el 26 de noviembre de 1847, tuvo poco éxito. Jérusalem se representa muy raramente.

Especial Verdi