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Las óperas de Verdi. Nabucco
Por Carlos Ruiz Silva
Después del fracaso de Un giorno di regno, Verdi cayó en una profunda depresión. Al revés sufrido por su obra se unía la secuela de la muerte de su mujer y de sus dos hijos ocurrida poco antes. En este estado pensó en no volver a componer, pero Merelli, el empresario de la Scala, que confiaba en su talento, logró convencerlo para que intentase escribir una nueva ópera. Para ello le dio el libreto de Nabucodonosor, un drama de tema bíblico de Temistocle Solera. Verdi empezó la lectura con desgana pero pronto se interesó por las grandes secuencias corales. En 1879, el propio compositor diría al respecto: "El manuscrito de Nabucodonosor era de buen tamaño y de letra grande. Lo enrollé y me dirigí a casa. Por el camino me sentí muy mal, lleno de tristeza y angustia. Al llegar, arrojé el manuscrito sobre la mesa y permanecí un buen rato mirándolo; había quedado abierto sobre una página en la que leí 'Va, pensiero, sull'ali dorate...' Continué leyendo y me sentí profundamente conmovido. Pero resuelto a no volver a componer cerré el libreto, me metí en la cama y apagué la luz. Pero no pude dormir; me levanté y leí el libreto desde el comienzo, no una sino tres veces seguidas, hasta que casi me lo aprendí de memoria... ¿Qué podía hacer? Un día una estrofa, al siguiente otra, aquí una frase, allí unas notas... Y así, poco a poco, escribí la ópera...".
Esto sucedía en el otoño de 1841. Nabucco se estrenó en la Scala el 9 de marzo de 1842. Fue un éxito apoteósico y a ello contribuyó el que el público viese en la historia de los judíos y el rey de Babilonia un trasunto de sus propio cautiverio bajo el dominio de Austria. El famoso coro "Va pensiero" produjo una impresión extraordinaria y a partir de ahí las implicaciones patrióticas fueron insoslayables, pese a que nada ha demostrado que Verdi hubiese tenido la menor intención de realizar una parábola política con su ópera. Las ocho representaciones programadas fueron pocas para la demanda del público y en el otoño de ese mismo año volvía Nabucco a la Scala donde se representó durante la temporada nada menos que 57 veces, cosa que no había sucedido nunca con ninguna ópera, ni ha vuelto a suceder, en la historia del gran teatro italiano.
Nabucco es una ópera en cuatro actos inspirada en parte por el Antiguo Testamento -Libro de Jeremías- aunque con personajes ficticios, excepto el protagonista. Solera, que se basó en un drama francés (en su estreno parisino el libreto de Nabucco fue acusado de plagio), centró el interés en tres personajes: el rey babilonio que conquista Jerusalén, cautiva a los judíos y es castigado por Jeová; su supuesta hija, la feroz y ambiciosa Abigaille que será castigada por Jeová, y Zaccaria, el sacerdote-profeta de los judíos. Los otros dos personajes, Fenena e Ismael, están más desdibujados, mientras que el coro desempeña una parte fundamental. Verdi consiguió una unidad y una fuerza dramática muy superiores a las mostradas en Oberto y Un giorno di regno. La orquestación aparece más cuidada, aunque no faltan momentos un tanto primitivos y faltos de refinamiento, y hay mayor acierto en la adecuación entre el texto y la música. Si algunas partes poseen el ingenuo sabor y la tosquedad propias de una banda de pueblo, hay ya otras en las que se adivina, se ve, la mano maestra de Verdi.
El tratamiento de las voces es espectacular, en especial de la de Abigaille, que es una de las más terribles de todo el repertorio, y que necesita una soprano de gran poder, con amplísima tesitura -del si grave al do sobreagudo- y capacidad para las agilidades. En el estreno fue encarnado por la Strepponi. Es uno de los pocos personajes femeninos "malvados" de Verdi y esa misma dificultad y agresividad de la escritura es un acierto en su caracterización psicológica. La gran escena del acto II, con su poderoso recitativo, la hermosa aria "Anch'io dischiuso un giorno" y la impactante cabaletta, en la que alcanza dos veces el do sobreagudo, es un verdadero desafío para una 'drammatica d'agilità'. El papel que da título a la ópera está encomendado a un barítono que, puede decirse, inaugura la serie de grandes papeles para esta cuerda que Verdi habría de escribir a lo largo de su carrera: Carlos I de España, el dux Foscari, Macbeth, Miller, Rigoletto, Luna, Boccanegra, Renato, Posa, Iago y Falstaff. Es de línea noble, con tesitura central pero con escapadas a los agudos en los momentos culminantes y que requiere un tipo de voz de buen volumen, ductilidad en la mezza voce y amplios recursos dramáticos, capaz de expresar sentimientos de ternura y también de venganza o de furor. El tercer papel importante de Nabucco es el de Zaccaria, un bajo que debe poseer excelentes notas graves -desciende al fa sostenido grave-, capacidad hierática y una persuasiva autoridad que haga creíble su ascendencia sobre las masas. En cuanto al coro, ya desde el primer acto su importancia aparece incuestionable. La grandeza de Nabucco y su personalidad operística se asientan fundamentalmente sobre las escenas corales.
Especial Verdi
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