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Las óperas de Verdi. Un giorno di regno
Por Carlos Ruiz Silva
El gran triunfo obtenido por Verdi con Oberto hizo que Merelli, el empresario de la Scala, le propusiese escribir una nueva obra. El empresario había decidido ofrecer en 1840 el estreno de una ópera buffa e instó a Verdi a poner música al libreto de Felice Romani Il finto Stanislao que ya había servido para una ópera del maestro checo Adalbert Gyrowetz que se había estrenado en la Scala en 1818. El libreto se basa en un drama francés de Pineu Duval que, a su vez, se funda, de forma muy libre, en un hecho histórico acaecido en Polonia en el siglo XVIII. Estanislao I había sido proclamado rey en 1704 pero Federico Augusto de Sajonia, creyéndose con mayores derechos, le declaró la guerra venciéndole en la batalla de Poltava, en 1709. El rey destronado huyó a Francia y a la muerte del usurpador en 1733, y con la ayuda de Luis XV -que estaba casado con su hija María- volvió a reinar en Polonia, aunque sólo tres años pues fue, de nuevo, derrotado por una coalición de alemanes y rusos. La ópera se inspira en el novelesco viaje del rey Estanislao a Polonia disfrazado de cochero para guardar el incognito. Sobre este hecho, Romani realizó una comedia en dos actos que de Il finto Stanislao (El fingido Estanislao) pasa a Un giorno di regno (Un día de reinado).
A la poca calidad del libreto y a las prisas para tener finalizada la ópera, se sumaba algo más grave: después de la muerte de sus hijos en 1838 y 1839 se unía ahora la de su mujer, Margherita, que contaba sólo 27 años, muerta de un ataque cerebral en junio de 1840. En este estado anímico se enfrentó Verdi a la composición de este melodramma giocoso. Quiso rescindir el contrato, pero Merelli insistió y tal vez esta necesidad de componer salvó a Verdi de una crisis depresiva de incalculables consecuencias. Sin embargo, la noche del estreno en la Scala, el 5 de septiembre de 1840, Verdi recibió un penoso abucheo y la obra fue retirada del cartel sin que se diese ninguna de las otras cuatro representaciones programadas. El compositor echó la culpa del fracaso a los cantantes aun cuando reconoció que tal vez su música no era del todo afortunada.
Un giorno di regno no es una obra maestra. Cualquier mediano aficionado a la ópera notará el enorme influjo de Rossini, en especial en las concertantes. Encontramos también reminiscencias de Bellini y Donizetti. Sólo en ocasiones aisladas aparece el espíritu del propio Verdi, sobre todo en los momentos de mayor intensidad dramática. La orquestación carece de la gracia y la flexibilidad propias de una ópera buffa. Con todo, Un giorno de regno posee melodías inspiradas y algún concertante que puede resultar atractivo. Por otra parte, las voces no están todavía suficientemente individualizadas. Los dos personajes femeninos son bastante similares, no existiendo esa lógica diferenciación vocal que también desde un punto de vista psicológico encontramos en el Verdi posterior. Ninguna de las cuatro voces graves masculinas está tampoco muy definida situándose en el terreno un tanto ambiguo del bajo-barítono. Sólo el papel del tenor, Edoardo, está bien destacado en sus posibilidades de tesitura y expresividad, llegando al do sobreagudo en su sentida aria del acto II "Pietoso al lungo pianto".
En cuanto a los personajes y situaciones teatrales apenas ofrecen novedades. El pretendiente viejo y rico que va a casarse con una joven que ama al sobrino sin dinero -situación semejante a la de Don Pasquale de Donizetti-, crítica de los intereses económicos, usurpación de personalidad, equívocos, intrigas y el esperado final feliz en el que triunfa la juventud y el amor sobre el dinero y la razón social. Tal vez el género cómico no era el más indicado para Verdi, que sentía una mayor inclinación a lo trágico; habrían de transcurrir nada menos que 53 años para que el compositor se decidiese a escribir otra ópera buffa, aunque esta vez lo haría genialmente con Falstaff.
Especial Verdi
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