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Las óperas de Verdi. Los primeros pasos: de Oberto a I Lombardi
Por Carlos Ruiz Silva
El joven compositor escribió Oberto entre 1837 y 1838 y fue aceptada para su estreno en la Scala gracias al instinto de Bartolomeo Merelli, el empresario del famoso teatro milanés. También intervino en ello Giuseppina Streponi, una joven soprano y mujer atractiva e inteligante que por entonces era amante del empresario -luego lo sería del compositor- y que, en principio, iba a estrenar la ópera.
El libreto de Oberto se debe a Antonio Piazza y fue luego retocado por Temistocle Solera. Su calidad no es alta pero tampoco es inferior a la media de los libretos de la época. Verdi compuso una ópera muy estimable en la que, si bien no alcanza todavía un dominio personal en el tratamiento de voces y orquesta y las influencias de los maestros anteriores son notorias, muestra ya el camino que habría de recorrer a lo largo del medio siglo siguiente. Los momentos de bravura se alternan con los más cantabiles e incluso melancólicos, los concertantes con las arias, y el coro desempeña un papel interesante, advirtiéndose enseguida un sentido rítmico típicamente verdiano. Prevalece la división belcantista de recitativo, aria y cabaletta -que continuará todavía en los años siguientes- pero se encuentra en estas secuencias tripartitas un innegable sentido dramático.
La ópera se estrenó en la Scala el 17 de noviembre de 1839. De ella se celebraron 14 representaciones con buen éxito. Sin embargo, este triunfo se vio ensombrecido por la espantosa desgracia ocurrida a Verdi. Pocas semanas antes del estreno moría su hijo Icilio, suceso que llenaría de amargura al músico que ya había visto morir a su hija Virginia el año anterior. Pero este triunfo milanés y las posteriores representaciones en Turín, Nápoles y Génova ayudaron a Verdi a superar la tragedia.
Oberto, conte di San Bonifacio es una ópera en dos actos que se desarrolla en Italia en el siglo XII, en el castillo de Ezzelino cerca de Bassano. Cada uno de los dos actos se divide a su vez en dos cuadros. Cuenta la historia de Leonora, hija de Oberto, que es seducida y abandonada por Riccardo, conde de Salinguerra. Éste va a casarse con Cuniza da Romano, Oberto reta al seductor, éste lo mata y, arrepentido, se va de Italia, dejando sus bienes a la infortunada Leonora.
La obertura de Oberto posee ese calor y ese sentido melódico y rítmico propio de Verdi, si bien ni la orquestación ni los temas son muy refinados. El aria de Riccardo "Son fra voi" -primera de todas las arias de Verdi- junto con la cabaletta que le sigue, es de mayor dificultad que calidad y el tenor debe llegar hasta el si natural. La aparición de Leonora con su recitativo, aria y cabaletta nos señala que estamos ante una típica soprano verdiana por su poder, amplitud y sentido dramático y también por las incursiones líricas que ofrece. El aria "Soto el paterno tetto" responde a estos presupuestos. El dúo entre Oberto y Leonora no carece de grandeza y ternura, una mezcla muy típica de las escenas entre padre e hija del melodrama de Verdi. En el segundo cuadro hay otro interesante dúo, el de Cuniza y Riccardo, que pese a carecer de la fuerza y la amplitud del anterior posee un encanto lírico que nos recuerda a Bellini. El finale, un concertante espectacular, está dominado por la figura de Leonora que se afianza como la verdadera protagonista de la ópera.
Del acto II cabe destacar el aria de Oberto "L'orror del tradimento" de línea sencilla pero noble a la que sigue una brillante cabaletta de ritmo muy marcial. El cuarteto que comienza con la frase del tenor "La vergogna ed il dispetto" constituye tal vez el número más interesante de toda la ópera. Sobre él decía Verdi, años más tarde, que era una de las mejores cosas que había compuesto; la parte inicial, Adagio, tiene emoción, mientras que el Allegro que sigue posee amplitud y brillantez. Después de haber dado muerte a Oberto, Riccardo canta una breve pero preciosa aria "Ciel pietoso, ciel clemente" muy acorde con la situación dramática. El final de la ópera, que recuerda a los melodramas de Bellini y Donizetti con su escena para soprano y coro, llena de lucimiento y dificultad, alcanza de nuevo el acierto expresivo y dramático requeridos, siempre dentro de los convencionalismos de la ópera belcantista.
En su conjunto, Oberto, resulta una obra más interesante de lo que nos haría suponer su casi total ausencia de los escenarios. Y este interés radica no sólo en ser la primera ópera de un gran maestro sino que por sí misma tiene suficiente calidad como para gustar a los amantes del género.
Especial Verdi
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