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Shakespeare en la ópera
Por Federico Trillo
Introducción
Para expresar la síntesis artística que la ópera implica, debemos recordar la caracterización, ya clásica, que hizo Nietzsche como la síntesis moderna entre lo apolíneo -principio rector de la lírica- y lo dionisíaco -principio inspirador de la música-. Lo cierto es que la ópera funde en un solo acto estético la literatura dramática, la música y las artes escénicas; el equilibrio adecuado de estos tres elementos es el que consigue esa "summa artis" que es la ópera.
De ahí que todos los grandes compositores hayan buscado la inspiración en los clásicos de la literatura dramática universal -desde los héroes míticos de las tragedias griegas o de las leyendas germánicas, a las comedias o dramas modernos- queriendo unir sus notas y acordes a los versos inmortales.
Clásico de entre los clásicos, Shakespeare ha sido siempre un reto para los compositores y libretistas de ópera del que no siempre han salido bien parados pues, a pesar de su perfección dramática -o precisamente por ella- las obras del bardo han sido de difícil adaptación a la ópera, hasta el punto de que de entre las casi doscientas versiones que se han acabado, hoy sólo sobreviven en los programas media docena de ellas.
Quizás la primera dificultad resida en la propia grandeza literaria de Shakespeare, sobre cuyos textos pocas veces se conseguía un libreto que convenciera a los compositores. No pocos grandes se frustraron en el intento: Beethoven tuvo que abandonar su proyectado Macbeth y Verdi, Puccini y Debussy sus intentos con el Rey Lear. A su vez, la propia estructura en cinco actos de los dramas shakespearianos tampoco hacía fácil la labor de los libretistas, suponemos que previamente impresionados con la necesidad de recortar y refundir las obras del gran dramaturgo inglés.
El primer intento importante fue el de Purcell con su "Fairy Queen", basada en "El sueño de una noche de verano", compuesta en 1692, aún cuando no era momento en que la valoración literaria continental de la obra de Shakespeare fuera tan alta como la que alcanzaría más tarde con el Romanticismo, momento en el cual se produce la eclosión de las óperas shakespearianas. Es en efecto, entre los últimos años del Siglo XVIII y finales del XIX, cuando se componen más de la mitad de las óperas que configuran el catálogo operístico shakespeariano.
Nuestro estudio pretende recordar tan solo los hitos más importantes de este proceso histórico y artístico, y hacerlo desde la perspectiva más shakespeariana que operística, pues de ésta sólo puede hablar el modesto aficionado que soy.
Distinguiremos, a nuestros efectos, entre las comedias y las tragedias de Shakespeare que se han llevado a la ópera, atendiendo esencialmente al respeto por el texto dramático del bardo y al mayor o menor equilibrio entre drama y música en la obra final.
I-Las comedias de Shakespeare en la música
Las comedias han sido tan utilizadas para la ópera como las tragedias y con fortuna pareja, pues hoy no subsisten en cartel más de tres -el "Falstaff" de Verdi. "El sueño de una noche de verano" de Britten y "Las Alegres Comadres de Windsor de Nicolai- que puede decirse gozan incuestionablemente del favor del público.
La utilización de estos textos shakespearianos ha sido diversa: unos han tratado de acoger el drama completo, convenientemente adaptado por los libretistas; otros han preferido centrarse en un personaje disperso en diversas obras de Shakespeare, como es señaladamente el caso de "Falstaff", personaje principal de "Las Alegres Comadres de Windsor" y que aparece también en los dramas históricos de Shakespeare, o como "La Reina de las Hadas" de "El sueño de una noche de verano".
Esta última comedia fue, como ya hemos dicho, la primera obra en merecer la atención de un compositor: Purcell se centró en el personaje "La Reina de las Hadas" de "El sueño de una noche de verano", que le inspiró bellísimos retazos, pero respetando muy poco el texto y el contexto shakespearianos, hasta el punto de situar la escena final en un jardín chino. Su compatriota Benjamin Britten volvería al mismo tema, casi dos siglos más tarde (1960-61), consiguiendo junto al libretista Pears, esta vez sí, las más acabadas versiones para ópera de cámara y gran orquesta de la popular comedia amorosa de Shakespeare.
"Las Alegres Comadres de Windsor" tuvieron pronto mejor fortuna en su tratamiento operístico a través de la obra que estrenó el alemán Otto Nicolai en 1849. Nicolai procuró ser muy respetuoso con el texto -hasta el punto de escribir él mismo un boceto que dio al libretista a modo de sinopsis- y sólo se permitió pequeñas adaptaciones al ambiente germánico, consiguiendo, sin duda, la primera fusión operística entre las diferencias que hasta entonces caracterizaban a las óperas alemana e italiana. Nicolai consiguió un bello equilibrio entre la profundidad temática y sinfónica de aquéllas y la "cantabilidad" de éstas, a través de la bella comedia de Shakespeare. Tanto la obertura como el coro han logrado, además, grandísima popularidad: la obertura, por equilibrada síntesis del resto de la obra, tiene un final con ecos de concierto vienés (de los que Nicolai fue precursor); el coro "O Süsser Mond", por su armónica delicadeza es, sin exageración, uno de los más bellos de la historia de la música, de los más populares de toda la historia de la ópera y, en fin, la única obra alemana que hoy sobrevive en el catálogo shakespeariano.
De máximo acierto se califica unánimemente el "Falstaff" que Verdi compusiera con la colaboración literaria de Boito. Este último logró perfilar un personaje a la vez plenamente shakespeariano y verdiano, a base de mantener en el libreto el esquema argumental de "Las Alegres Comadres", y de interpolar fragmentos de las apariciones de Falstaff en los dramas históricos "Enrique IV, Primera y Segunda Parte" (cinco escenas de la Primera Parte y tres de la Segunda), dándole así propia encarnación operística al gran personaje trágico- cómico de Shakespeare con el que Verdi consigue brillar más por el conjunto de la ópera en sí, que por sus fragmentos separados.
Con todo, estimo que las comedias podrían haber dado y aún pueden dar más de sí en ópera. Se echa de menos que no haya cuajado ninguna buena versión de "Cómo gustéis" (aún sorprende más que sólo haya habido dos intentos de poner música a una obra que tanto parece prestarse a un buen desarrollo operístico). "El Mercader de Venecia" o "Noche de Epifanía" tampoco han conseguido trascender en ninguna de las once versiones que a cada obra, respectivamente, han dedicado los compositores (a Smetana le sobrevino su enfermedad mental cuando estaba trabajando sobre la última de las mencionadas). Con "Mucho ruido y pocas nueces" lo intentaron ocho autores, entre ellos Berlioz, sin que sus obras estén hoy presentes en los programas ni en las grabaciones antiguas.
II-Las tragedias de Shakespeare
El difícil equilibrio entre el texto dramático, de una parte, y la música y las artes escénicas, de otra, que ya señalamos como necesario para trasladar las obras de Shakespeare a la ópera, no sólo precisa que el libreto respete el texto original -mantenga al menos su identidad sustancial- sino también, de manera específica en el caso de las Tragedias, que se mantengan en la ópera resultante la tensión y la calidad dramáticas de la Tragedia. Pues bien, aunque esta tarea pudiera parecer en principio más difícil de realizar con las Tragedias que con las Comedias, personalmente estimo que los logros operísticos han sido mayores en las obras que ahora comentamos. Quizás porque mi especialidad dentro de la galaxia shakespeariana sean las tragedias, es por lo que encuentro más acabadas las versiones operísticas trágicas, en las que tanto la belleza lírica del lenguaje, cuanto los recursos escénicos como, en fin, la tensión dramática, han conseguido, en no pocas ocasiones, fundirse ejemplarmente con la música de los más grandes compositores. Especialmente en el caso de Verdi, como veremos, esta síntesis artística va más allá de la adecuación entre el texto y la música, llegando a conseguir una verdadera fusión, o interpenetración, entre la propia música y el texto dramático preexistente.
Pero veamos con algo más de detalle, las más conocidas Tragedias de Shakespeare transformadas en óperas.
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