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Bicentenario de Bellini
Por Carlos Ruiz Silva


El final: "Beatrice di Tenda" e "I Puritani"
El siguiente paso en la carrera del compositor sería el estreno en Venecia el 16 de marzo de 1833 de "Beatrice di Tenda", también con libreto de Romani. Es una historia de falso adulterio y de terrible venganza, basada en hechos reales acaecidos a Filippo Visconti, duque de Milán, y a su esposa, Beatrice di Tenda, a comienzos del siglo XV. La ópera constituyó un estrepitoso fracaso y no ha conseguido rehabilitarse desde entonces, pese a sus indudables méritos musicales y dramáticos. Ni siquiera los esfuerzos de eminentes cantantes como Joan Sutherland o Leyla Gencer han conseguido situarla en el repertorio.

Los dos últimos años de su vida los vivió Bellini con gran intensidad. En 1833 viajó a Londres invitado por Pierre François Laporte, empresario del King's Theatre, para asistir a representaciones de "Norma", "La Sonnambula, "Il Pirata" y "Capuletti...", con la Pasta y la Malibran, que alcanzaron triunfos espectaculares. En sus cuatro meses de estancia inglesa fue ampliamente agasajado y presentado en los ambientes más distinguidos, con la duquesa de Hamilton como rendida admiradora.

De Londres pasó a París, donde llevó una vida de relevancia social en compañía de Rossini, Chopin, Heine y otros artistas famosos de la época. Pero la vida de salón y sus aventuras amorosas no le impidieron trabajar en "I Puritani", realizada en colaboración con el conde Carlo Pepoli, un aristócrata liberal que había tenido que huir de Italia. El libreto se basa en el drama francés "Têtes rondes et cavaliers" de Jacques Ancelot, secuela de Walter Scott, que acababa de estrenarse (25 de septiembre de 1833), una historia de amores e intrigas políticas, sobre un trasfondo de guerra civil en la Inglaterra de Cronwell. En realidad, Pepoli hizo una defensa de la monarquía encarnada en la reina Enriqueta de Francia, viuda de Carlos I de Inglaterra, que huye de la persecución de los puritanos.

Bellini trabajó con estusiasmo, dando a la ópera un tono heroico combinado con su habitual maestría melódica. Los dos protagonistas, lord Arturo y Elvira, tienen papeles tan difíciles como lucidos que Bellini escribió expresamente para Giovanni Batista Rubini y Giuli Grisi. En "I Puritani", el maestro de Catania logró manejar hábilmente los elementos dramáticos y canoros, haciendo que las dificultades puramente vocales no fuesen gratuitas sino que sirviesen para fortalecer tanto la psicología de los personajes como para poner más en claro los conflictos políticos y sentimentales. La lucha interior de Arturo entre el amor por Elvira, con la que está a punto de casarse, y el deseo de salvar la vida de la reina se resuelve a favor de esta última, huyendo con ella del castillo sin poder explicar la angustiosa situación de la soberana que, si es reconocida por los puritanos, será condenada al patíbulo. Elvira pasa de la felicidad de sus bodas a la locura que le produce la inesperada huida de su prometido con otra mujer. Arturo es condenado a muerte por haber salvado a la reina pero regresa secretamente para ver a su amada y esclarecer la situación. Cogido prisionero y cuando está a punto de perecer, una amnistía de Cronwell cambia su suerte, Elvira recobra la razón y todos entonan un coro de júbilo. En "I Puritani" vemos la vigorosa personalidad de Bellini en la pintura de muy distintos estados anímicos: la alegría, la melancolía, la pasión, la venganza, el perdón... en una sabia mezcla de sentido del espectáculo -externo, aparatoso, incluso efectista- pero también de la emoción estética -largas frases de extraordinaria belleza, melodías de acento elegíaco, sensibilidad para fundir la voz en el tejido orquestal-. La ópera se estrenó en París el 24 de enero de 1835 con éxito apoteósico (el dúo para barítono y bajo "Suoni la tromba" cantando por los eminentes Luigi Lablache y Antonio Tamburini hizo que el teatro se viniese abajo), siéndole concedida a Bellini la Legión de Honor.

A finales del verano de ese mismo año se sintió enfermo y poco después, el 23 de septiembre, moría de una inflamación intestinal, afección de la que ya había padecido anteriormente, en Puteaux, cerca de París. Tenía 33 años. A esa edad, de todos los compositores de ópera que en el mundo han sido, tan sólo Mozart había hecho una obra de calidad comparable. El 2 de octubre se celebró en los Inválidos una solemne ceremonia fúnebre en honor del malogrado artista, que contó con la participación de la orquesta y el coro de la Ópera de París y de destacados solistas, entre ellos Rubini. Se interpretó una misa de Cherubini, presente en el funeral al igual que Rossini, y un fragmento de "I Puritani". A continuación, sus restos, que habían sido embalsamados, fueron enterrados en el parisino cementerio de Père Lachaise, en una conmovedora ceremonia bajo una lluvia inconsolable. En 1876, los despojos del desgraciado compositor fueron trasladados a Catania donde reposan para siempre. En el cementerio de Père Lachaise se sigue conservando su tumba y una monumento en su honor.

La música de Bellini continúa siendo hoy tan maravillosa como cuando salió de sus manos. La muerte no podrá nunca con ella.

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