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Las bandas de música: desde sus orígenes hasta nuestros días
Por Salvador Astruells Moreno
El Desarrollo de los Instrumentos Barrocos
El siglo XVII fue una innovación constante en el desarrollo los instrumentos de viento. Mientras que los instrumentos del Renacimiento se construían en una sola pieza, los del Barroco estaban fabricados en tres piezas. Ello daba lugar a una mayor afinación y, al mismo tiempo, se lograba mayor flexibilidad dinámica. Gradualmente, la evolución de estos instrumentos dio paso a otros, por ejemplo de las flautas de pico se pasó a las flautas traveseras; de los cromornos y las chirimías a los oboes; de las bombardas a los fagotes, etc.
Dentro del periodo Barroco encontramos una división de las bandas de música, por un lado, la música militar y por otro lado las capillas musicales de las iglesias y las de la alta aristocracia, así como numerosos grupos de ministriles que trabajaban para los Ayuntamientos de diversas ciudades.
El ejército empezó a usar las marchas para la disciplina castrense, por lo que las bandas se hicieron imprescindibles. Inicialmente fueron los tambores y luego se agregaron los pífanos. El concepto de tambores y pífanos fue heredado de los turcos, primero los adoptaron en Francia y posteriormente en Inglaterra.
El pífano era una flauta travesera de madera, de unos 60 centímetros, construida en una sola pieza. Tenía seis agujeros para los dedos y estaba afinado en Re. Este primitivo flautín pronto fue adoptado como instrumento de la infantería. Acompañaba al tambor señalando los tres eventos principales de cada día en los soldados: el toque de diana, tropa y retirada. En cada una de estas tres ocasiones, los tambores y pífanos tocaban una sucesión prescrita de melodías alrededor del campamento o a través de las calles.
En las capillas musicales del Barroco la plantilla orquestal variaba en cada ocasión, según los requisitos y gusto del compositor. Los seis conciertos de Brandeburgo de J. S. Bach son quizás el ejemplo más típico. El tercero y el sexto están escritos solamente para cuerda y bajo continuo. El primero tiene como solistas a un violín pícolo -una 3ª menor más aguda que el violín ordinario-, dos trompas, tres oboes, fagot, cuerda y continuo. El segundo concierto tiene como solistas a un cuarteto formado por violín, flauta de pico, oboe y trompeta. El cuarto tiene a un violín y dos flautas de pico. Por último, el quinto concierto es para violín, flauta y clave. Como podemos ver, los conciertos primero, segundo, cuarto y quinto son un claro ejemplo de la unión de los instrumentistas de viento con los de cuerda.
Lo que es evidente, es que las agrupaciones formadas exclusivamente por instrumentos de viento y percusión, se utilizaban para las interpretaciones al aire libre. Como ejemplo de ello, Purcell empleó un conjunto de trompetas, sacabuches y timbales para los funerales de la Reina Mary II de Inglaterra.
También Haendel compuso música para banda, concretamente la música para los Reales Fuegos Artificiales. Esta obra fue compuesta, en 1749, para celebrar la paz de Aquisgrán. Entre los diversos actos, figuraba un castillo de fuegos artificiales acompañado por una obra musical. Al tratarse de música para la interpretación al aire libre, Haendel eligió una banda compuesta por 24 oboes, 12 fagotes, 2 contrafagotes, 2 serpentones, 9 trompetas, 9 trompas, 3 timbales y 2 tambores. El resultado fue tan satisfactorio que, aunque los fuegos artificiales fueron un fracaso, Haendel la adaptó más tarde, incorporando instrumentos de cuerda, para interpretaciones posteriores.
La corte de Luis XIV
No podemos citar el periodo Barroco sin mencionar la figura del rey Luis XIV. Además de la música militar francesa de este periodo, hay que sumar la que compuso Lully y Philidor para oboes, tambores y timbales. Éstos compositores fueron los primeros que encabezaron una revolución novedosa a finales del siglo XVII en la corte de Versalles. Gracias a estos músicos del séquito del Rey Sol, podemos contemplar el crecimiento del ballet, la ópera y la música orquestal.
El monarca tenía a su disposición un gran conjunto sonoro formado por los músicos de la Capilla Real, la Cámara Real, la Academia Real y la Gran Ecurie. Solamente esta última estaba formada por instrumentos de viento y percusión. Normalmente esta agrupación solía acompañar al monarca en sus galas, ceremonias, desfiles y fiestas al aire libre. Del mismo modo, solían tocar en los actos que servían para acompañar a dignatarios extranjeros, como los enviados de Siam en 1686 y los embajadores de Persia en 1715.
La Gran Ecurie estaba compuesta por unos 40 instrumentistas, entre los cuales había trompetas, tambores, oboes, fagotes, cornetas, sacabuches, musettes y cromornos. Dentro de este grupo, los 4 mejores trompetistas precedían al coche real a caballo.
Uno de los grupos de viento más significantes dentro de la Gran Ecurie fueron la Banda de Oboes del Rey. Era éste un grupo formado por 10 oboes y 2 fagotes. La biblioteca de Versalles tiene un gran número de trabajos para este tipo de agrupaciones que fueron compuestos por Lully y Philidor, entre otros, para acompañar los viajes de la corte.
Los músicos de Luis XIV eran conocidos como "les Officiers du Roy". Para ser un buen Officier había que reunir tres condiciones esenciales: tener buen carácter moral, practicar la religión católico-romana y tener dinero suficiente para poder comprar el cargo. Es evidente, que la sucesión en la jubilación o muerte de estos músicos, era heredada por sus familiares. De ahí que normalmente el oficio de músico pasase de padres a hijos.
Las bandas durante el clasicismo
Progresivamente, dentro de las bandas el clarinete empezó a usarse como un suplemento o alternativa hacia los oboes. El tamaño de estos conjuntos se incrementó gradualmente de 2 instrumentistas a 20, aunque la mayoría tenía entre 5 y 9 instrumentistas, agrupados por cuerdas de trompas, fagotes, oboes y clarinetes.
Dentro del periodo Clásico, tenemos noticias que en Viena había diversas bandas de música. El musicólogo Charles Burney, que viajó a través de Europa para escribir su "A General history of music", fue bastante irónico sobre la banda que escuchó en septiembre de 1770, durante su alojamiento en Viena:
"Había música todos los días durante la cena y por la tarde en la posada donde yo me alojé; pero era una pena, particularmente la banda de viento, que consistía en trompas, clarinetes, oboes y fagotes. Todos estaban tan miserablemente desafinados que yo quise que estuviesen cien millas fuera de allí".
El Clasicismo fue el periodo más glorioso en la historia de las bandas de música. Según nos describe el Almanaque del Teatro de Viena de 1794, estas agrupaciones tenían por costumbre hacer sus interpretaciones en la calle:
"Durante los meses de verano, si el tiempo está bien, uno descubre casi a diario serenatas realizadas en las calles. Sin embargo, aquí no hacen, como en Italia o España, donde consiste en un cantante acompañado por una guitarra o mandolina. Aquí las serenatas no son un medio para declarar el amor de uno, porque para eso hay mil oportunidades más cómodas. Estas serenatas consisten en tríos y cuartetos, principalmente de óperas, interpretados por instrumentistas de viento".
Su repertorio estaba basado en dos fuentes, por un lado en arreglos de óperas, que normalmente las hacía el mismo director de la banda, y por otro lado, en composiciones originales de diversos músicos de la época. Estas composiciones originales tenían varios títulos genéricos: serenata, divertimento, partita, casación, suite, etc. La forma general consistía en un primer movimiento en forma de sonata, un par de minuetos y tríos -que daba un aire gracioso-, y un movimiento lento, que solía acabar con un final rápido en forma de rondo.
La principal función de estas bandas era proporcionar la música de fondo para las cenas y eventos sociales, aunque algunas veces también daban conciertos privados al aire libre.
El octeto de viento se introdujo en Europa Central por el príncipe Schwarcenberg, el cual reunió, en 1776, a un grupo formado por un par de oboes, cornos di basetto, trompas y fagotes. Este conjunto fundó una tradición vienesa y sus características se vieron reflejadas en los conjuntos de otros aristócratas, como los de los príncipes Esterházy y de Liechtenstein.
Los conjuntos musicales de viento tuvieron un gran apogeo en la segunda mitad del siglo XVIII, pero a finales del mismo, las estructuras sociales que apoyaban este tipo de bandas empezaron a desaparecer, y con ellas este tipo de agrupaciones musicales. En Alemania, la mayoría de bandas desaparecieron alrededor de 1790, y en Inglaterra muchas se disolvieron durante las guerras napoleónicas. Las privaciones causadas por estas guerras obligaron a la mayoría de la aristocracia vienesa a discontinuar con el patrocinio de sus bandas. Algunas sobrevivieron, pero posteriormente fueron remplazadas por orquestas.
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