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Haydn. Sinfonía nº 76 en mi bemol mayor
Por Víctor M. Burell


La sinfonía a que nos referimos pertenece por primera vez a un grupo concebido como tal, siendo compañera a los efectos de las números 77 y 78, datando las tres de 1782.

La certeza de esta teoría proviene de una carta, nada humilde, que el compositor dirigiera a su editor en París, en la que dice: "El año pasado he escrito tres magníficas sinfonías, elegantes aunque no muy extensas, orquestadas para dos violines, viola, bajos, dos trompas, dos oboes, una flauta y un fagot (de hecho fueron dos) las tres son fáciles y sin demasiados elementos concertantes".

La composición parece pensada para un pretendido viaje a Inglaterra, muy anterior a los después efectuados, al que seguramente tuvo que renunciar debido a la falta del permiso del príncipe Esterházy, su protector.

Desde 1783, el empeño del artista por cruzar el Canal se hizo patente en varias ocasiones. Iría como compositor de óperas. El empresario Gallini, animado por el musicógrafo Charles Burney, intentó varias veces que el músico realizara su sueño, cosa que sabemos a través de su correspondencia.

A pesar de los fracasos, Haydn, que no se desanima, invita a Boyer en Francia, para que compre la trilogía en la que se encuentra la Sinfonía n.º 73, no resignándose al primer contratiempo. Incluso la venta fue doble, otra copia llegaría a Londres, donde se hizo cargo de la edición, Forster, exactamente un año más tarde.

Otra realizada por Johannes Radnitzky contiene correcciones del propio compositor y se conserva actualmente en el British Museum, constituyendo posiblemente una de las fuentes más consideradas para estas partituras, cuyos manuscritos originales han desaparecido.

Casi al tiempo, la fecha corresponde al 7 de julio de 1784, aparece en Viena la cuarta, debida Toricella, a la que casi con seguridad Mozart alude, en carta a su padre, en sentido muy elogioso.

La obra se caracteriza por su aspecto casi romántico y vienés, simbolizados sobre todo por el segundo tema del Allegro inicial, y también por el Trío del Minueto, enormemente próximo al tiempo de vals y al "Laendler".

El Allegro es extremadamente original. La idea del arranque se percibe en tres ocasiones, siendo la segunda una forma variada, que enlaza, siempre en la tónica, el futuro segundo tema, que no intervendrá de manera inmediata en la dominante si no después de un vigoroso episodio que se inicia en tono menor.

Este segundo tema dominará el desarrollo en su comienzo, aunque solo intervenga una vez en la reexposición de manera harto condensada.

El Adagio ma non troppo, en Sí bemol, tiene forma de Lied. El primero de sus episodios contrastado y en Sí bemol menor se impone por su categoría y nobleza, mientras que el segundo en Sol menor es protagonista por el desarrollo de fusas.

El Trío del Minueto (Allegretto) es una especie de danza popular, predecesora inmediata del mundo de Schubert, compositor que en el romanticismo desarrollaría de manera extraordinaria estos temas.

El Final (Allegro ma non troppo) hace concluir la Sinfonía sin presentar ningún tipo de problemas, aunque en ningún caso olvide un sistema de sutilezas dentro del marco de forma sonata con una expresión tan volátil como lo sería un rondó.