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Richard Strauss. Sinfonía Alpina, op.64
Por Justo Romero
Quizá por su abierto carácter descriptivo y onomatopéyico, la Sinfonía Alpina ha sido frecuente-mente infravalorada por melómanos más amantes de lo enrevesado que del sencillo placer de la música. Monu-mental y visto-sa, fue -creada entre 1911 y 1915 con declarada vocación descriptiva. Sus cuatro amplias secciones -"No-che", "Amanecer", "En la cima", "Descen-so"- descri-ben una feliz y bucólica jorna-da en los Alpes báva-ros, tan frecuentados por Strauss durante sus largos años muni-queses.
Pieza brillante y espectacu-lar, su inmen-sa orquestación original incluye máquinas de producir viento y truenos, además de seis timbales, tubas wagnerianas, cencerros de ganado (en este fotográ-fico retrato de los Alpes no podían faltar sus oron-das y bien famosas vacas), órgano, y una inmen-sa sección de instrumentos de viento que comprende un conjunto de doce trom-pas, dos trombo-nes y dos trom-petas ubicado fuera de escena.
En 1934 Strauss redi-señó una segunda orquesta-ción, que reducía consi-derablemente los exorbi-tados efecti-vos orquesta-les de la versión original, que llegan a alcanzar hasta la cifra de 137 ejecu-tan-tes. Toda esta ingente masa sonora es sabiamente utilizada para sugerir y muchas veces reproducir de manera onomatopéyica las sensaciones y los sonidos de una excitante excursión por los Alpes. Desde los cencerros de las vacas, al canto del cuclillo, el sonar furioso del viento o el placer indescriptible de contemplar el cristalino horizonte desde lo alto de la montaña, tras la aventurada escalada ... Todos se percibe y se siente en esta ecológica sinfonía, muchas veces inaceptada, --víctima de -sesudos melómanos que sólo están dispuestos a disfrutar de músicas más abstractas y -supuestamente- profundas y complejas, y no de unos compases "cuya música se ha gestado con la misma natura-lidad con la que las vacas de los Alpes producen su exquisita leche". Richard Strauss dixit.
Nada mejor para disfrutar en óptimas condiciones de esta obra fresca y atractiva que acercarse a ella a través de la esplendorosa versión que grabó en 1992 el desaparecido Giuseppe Sinopoli en Dresde, contando con los superstraussianos mimbres de la Staatskapelle. La narración, casi paisajística y de una opulencia sonora absolutamente resplandeciente, que vierte Sinopoli, es sólo parangonable a la que la misma orquesta realizó en los años setenta bajo la dirección de Rudolf Kempe. Sirva la audición de esta referencial versión de Sinopoli como homenaje a un músico inteligente que siempre supo disfrutar y recrear las más diversas músicas sin complejos ni prejuicios. De Strauss a Puccini, de Bruckner a Verdi, de Maderna a Wagner.
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