Inicio
 Melómano en pdf
 Tienda
 Discos: Recomendados
 Guía Práctica
 Claves
 Opinión Nuevo
 Especiales
 Grandes Obras
 Ópera
 Libretos
 Zarzuela
 La música y yo
 Entrevistas
 Promesas Cumplidas
 Consultorio
 Últimas portadas
 Registro
 Orfeo Ediciones
 Tus sugerencias
       
 
 ESPECIALES
 
Mahler. Sinfonía nº 8 en mi bemol mayor, "De los Mil"
Por Joaquín Turina Gómez


No deja de ser una presunción desmedida escribir algo sobre la Octava sinfonía de Mahler cuando el propio compositor se declaró incapaz de hacerlo. Puede que el esfuerzo de componerla hubiera dejado agotado -temporalmente por fortuna- al músico que solo fue capaz de referirse a su última obra hablando de "música del Universo" y de "soles y planetas girando en sus órbitas". La referencia no está descaminada, la Octava es de unas dimensiones apabullantes, lleva el sobrenombre "de los mil" en referencia al enorme número de ejecutantes que necesita: solistas vocales, coro, coro de niños y una orquesta completa y llena de refuerzos y añadidos, baste decir que metió dentro hasta una mandolina. Pero este despliegue no tiene que engañarnos, porque no es lo esencial de la sinfonía, no es más que un instrumento del que Mahler se vale para que apreciemos la fuerza de su pensamiento y sus invenciones. La Octava puede ser efectivamente una galaxia completa, pero no porque haya muchos músicos en el escenario sino por el aplastante panorama sonoro que despliegan, producto de una concepción y un desarrollo que descubren una riqueza de ideas pocas veces igualada. Mahler quiere que apreciemos cada detalle y para eso necesita todas esas voces e instrumentos raros, como extraños y heterogéneos son los textos que se cantan, un viejo himno medieval y una escena del Fausto de Goethe, pero la genialidad se revela porque el resultado non es un batiburrillo informe sino un discurso ordenado de tensión constante y emoción creciente, donde todos los elementos están en un equilibrio inestable y la más leve alteración de fuerzas puede dar al traste con todo el sistema. Hay que aplicar las normas de la gravitación universal, por eso Mahler quería que sus sinfonías se escucharan solas en los conciertos, sin otras obras que distrajeran al espectador. Hay otros mundos, pero están dentro de mi sinfonía, parece decir el compositor y exige para su obra toda la atención de nuestro telescopio, quiere que los otros autores se mantengan a años-luz del público. Cuando lo dijo era casi una herejía -los conciertos duraban tres horas- pero el tiempo le ha dado la razón.