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Dvorak. Sinfonía nº 9 en mi menor "Del Nuevo Mundo", op.95
Por Joaquín Turina Gómez
Esta obra es, junto a la Quinta beethoveniana, la primera música de la que tengo recuerdos conscientes, y desde el primer momento fui informado de la polémica sobre si era música americana o música europea. La discusión sobre si el título correcto era "Del nuevo mundo" o "Desde el nuevo mundo". De si era, en definitiva, la perspicacia de un checo que sabía descubrir que la verdadera raíz de la música americana estaba en los cantos de los negros o si, por el contrario, era la nostalgia y el recuerdo de la patria lejana lo que movía al músico bohemio a escribir. Con esto quiero decir que mi escucha de esta sinfonía nunca ha sido inocente y desde pequeño me armaron un lío fenomenal y entre unos y otros me inhabilitaron para tomar una postura sin sentir que estaba traicionando la otra.
Ahora que me trae al fresco lo que Dvorak quisiera escribir con su sinfonía he llegado a la conclusión de que todos tenían razón y mi experiencia de viajero me dice que los países son como nosotros queremos verlos y vamos siempre buscando semejanzas con nuestro propio pueblo. Así Dvorak, afincado en Nueva York, en un piso de la calle 17 Este, para hacerse cargo del Conservatorio, no podía dejar de interesarse por los espirituales negros que cantaban su alumnos y reconocerlos como los mejores cimientos para hacer una escuela nacional americana de composición. Pero cuando se tenía que marchar de vacaciones no se fue a Nueva Orleans, como haría Gershwin antes de escribir el Porgy, sino a un pueblecito de Iowa que estaba lleno de emigrantes bohemios, para oír su idioma, comer su comida y cantar sus canciones. Y a los tres años no pudo aguantar más y se volvió a Europa. El propio Dvorak defendió en más de una ocasión la identidad plenamente checa de su música, pero tampoco hay que hacerle mucho caso, pues sería ingenuo pensar que un observador tan atento como él pudiera estar tres años en contacto con la música americana sin dejarse tocar por ella. Habría en todo caso que considerar en qué se parecen los campesinos checos a los indios americanos para comprobar si esta sinfonía es su punto de unión.
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