|
|
|
| |
| ESPECIALES |
 |
| |
Beethoven. Sinfonía nª 3 en mi bemol mayor "Heroica" op. 55
Por Andrés Ruiz Tarazona
Para quien lleva más de medio siglo escuchando, en concierto o a través de las grabaciones, música sinfónica, responder a la pregunta ¿cuales son tus cinco sinfonías favoritas? es una frivolidad. La sinfonía que elegimos al llegar a casa cansados, para escucharla en un buen equipo de sonido, nos gusta mucho, claro; pero al salir, Radio Clásica nos ofrece otra que nos emociona más, pese a ser escuchada dentro del coche y en medio de un tráfico terrible. La recepción del arte, ¡depende de tantas cosas! Uno ya no está seguro de nada, y menos aun de sus propios gustos.
A través de una larga vida de impenitente melómano me han apasionado muchas sinfonías, entre ellas algunas raramente programadas. Además de las que he seleccionado, siempre un tanto arbitrariamente, tengo sinfonías favoritas que no he incluido en esta selección. Así la 3ª de Brahms, la Sinfonía Fausto de Liszt, la Patética de Thaikovsky, la 4ª de Mahler, la 7ª de Bruckner, la 8ª de Schubert, la 4ª de Schumann, la 4ª de Berwald, las tituladas A la Patria de Vianna da Motta y Aitana de Oscar Esplá, la 5ª de Nielsen, la 7ª de Sibelius, la 2ª de Rachmaninov, la Sinfonía en tres tiempos de Stravinsky, la Alpina de Strauss, la 3ª de Lutoslawski, etc.
Algunas significan mucho para mí, como la del Nuevo Mundo de Dvorak que me introdujo en el conocimiento de la gran forma, o la en Re menor de Chapí, la 2ª de Bretón o la 3ª de Marqués, en cuyas recuperaciones puse mi granito de arena.
Todavía sigo descubriendo hermosas sinfonías. y no solo las que se escriben hoy, como las de Tomás Marco o Manuel Castillo, sino también de autores del pasado como Christian Sinding (1856-1941), cuya integral, aparecida en España recientemente, me ha sorprendido con bellezas inesperadas.
Desde niño he frecuentado la escucha de las Sinfonías de Beethoven. Recuerdo muy bien el célebre ciclo de l953, que Argenta ofreció completo con la ONE en la Plaza Porticada de Santander, merecedor de una placa recordatoria. Desde entonces, ¡cuantas veces y, según la versión escuchada, cuántas emociones y sensaciones! Beethoven es inagotable y son sus sinfonías el punto de inflexión entre la Edad Moderna y la Contemporánea. Todas las sinfonías del maestro renano se mantienen en el repertorio y bien tocadas, no cansan nunca. Pero ninguna de ellas, ni siquiera su magna Novena, mantiene intacta su vigencia para mí como la Heroica. En ella, al interés estrictamente musical, se añade el histórico. En esta música arrolladora y honda hace irrupción el genio beethoveniano, que es tanto como decir la música de nuestro tiempo. La Heroica abre sus puertas al romanticismo, toda una renovación que culminará en los dramas de Richard Wagner y en las sinfonías de Gustav Mahler, pero que ha prolongado sus efectos hasta finales del siglo XX con los Shostakovich, Prokofiev, Lutoslawski, Penderecki o Messiaen.
Mi amigo el escritor Juan Benet decía que la música comenzaba para él en l803 con la composición de la Heroica y acababa en l883 con la muerte de Wagner. Un tanto exagerado pero hasta cierto punto coincide con la visión de quienes buscan determinado tipo de emociones en el arte musical, o mejor dicho, vibran tan solo con la estética del Romanticismo, fundada en l803 por el gran Beethoven en su Tercera Sinfonía. Y con ella un subjetivismo tan perfectamente construido que la Heroica se alza como uno de los primeros monumentos sonoros de grandes dimensiones absolutamente objetivos, aunque sepamos que ha sido cincelada en el sufrimiento y la soledad.
|
|