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Beethoven. Sinfonía nº 9 en re mayor "Coral", op. 125
Por Víctor M. Burell


El compositor Xenakis asevera: Tras Juan Sebastián Bach hay otra cumbre: Beethoven. Hizo música una monstruosa cantidad de inteligencia que hoy nos llena todavía de asombro.

El 26 de marzo de 1827 moría Beethoven a los cincuenta y siete años de edad, sordo, envejecido, triste y abandonado. Su trayectoria marcaba el segundo hito transcendental en la historia de la música que, en sólo medio siglo, transforma este arte en fundamental.

La fiebre que el gran burgués Goethe llamaría "del periodo y del periódico" contagia a Ludwig van Beethoven, ya prendido del Schiller que dará la señal del levantamiento a los alemanes con su obra "Los bandidos".

"Au die Freude" (Oda de la alegría), escogido para el canto final de su Novena, no es casualidad que en un principio se llamase "Au die Feiheit" (Oda a la libertad), sustituyéndose más tarde por motivos políticos, ¡cómo no!, libertad por alegría.

Aunque la Novena Sinfonía se deba a un encargo de la Sociedad Filarmónica de Londres, fue dedicada al Rey de Prusia, estrenándose en Viena el 7 de mayo de 1824 con un éxito arrollador.

El primer tema está sugerido por débiles frases en los violines, para llegar a un "fortissimo" en la orquesta. Una segunda introducción conduce a su reexposición en Sí bemol mayor. El lirismo se desencadena y se establece un diálogo entre cuerdas y maderas que conduce a un clima marcial.

La coda desarrolla el motivo de apertura para entrar en una atmósfera de tristeza, y el movimiento concluye con una extensa visión del tema de la apertura en su tono menor original.

El Scherzo está delineado por una figura persistente con vivo acompañamiento. El timbal acentúa el carácter enérgico pero humorístico.

El maravilloso Adagio se basa en dos lentas melodías líricas. Un falso comienzo de la primera, que adopta el Do bemol, modula a Sí bemol para su segunda variación, la orquesta ofrece un tema fanfarria, mientras que los clarinetes sugieren un clima doloroso que no terminará afectando al equilibrio tranquilo de su final.

De pronto, la orquesta en pleno ataca estruendosamente para ser rechazada por la cuerda baja. Después de una repetición se esbozan: nada menos que la apertura de la sinfonía, la fuga, el tema del Scherzo y parte del tema principal del Adagio, todo lo cual se esfuma a través de un libre pasaje recitativo de las cuerdas bajas de nuevo.

Es la madera la que sugiere el tema principal del Finale, al cual acceden violonchelos y contrabajos, por lo que el último movimiento propiamente dicho comienza a través de una melodía, precisamente de las cuerdas bajas, otra vez, al unísono, mientras que otros varios instrumentos funcionan en contrapunto pasando luego a la orquesta toda.

Después de dos rechazos, la voz del bajo comienza ¡Amigos!, no empleemos estos tonos, cantemos con otros más dulces y alegres. Luego seguirá la Oda de Schiller para el coro, con estrofas destinadas a los cuatro solistas que devendrán en complicadas variaciones. El clima marcial se asimila a la victoria del héroe en las batallas de la vida.

El coro, protagonista como género humano, se trata en forma de contrapunto, siendo más tarde combinado en doble fuga con la primera melodía, ambas en compás 6/4.

Los solistas entran en una especie de rondó mediante una elaborada "cadenza" que lleva al stretto final, que comienza con una versión disminuida del segundo tema.

A las palabras Tochter aus Elysium hay un cambio al maestoso y compás triple, concluyendo todas las voces solemnemente, para más tarde la orquesta, de nuevo a un compás común, apresurar el final en un prestissimo.

¿Presientes tú, ¡oh, mundo, a tu Creador!? Búscalo más arriba de la bóveda estrellada. Tiene que habitar sobre las estrellas.